La federalización de Buenos Aires
- Por Miguel Ruffo
- Tamaño disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente
Este 21 de septiembre se cumplen 135 años de la promulgación de la ley por la cual se le asigna a la ciudad de Buenos Aires rango de capital federal. Desde entonces los porteños son también capitalinos. ¿Qué intereses estaban en pugna para que ese gesto institucional haya estado precedido de una lucha que alcanzó notables tramos de violencia entre quienes estaban a favor y quienes en contra?
El 21 de septiembre de 1880, desde el pueblo de Belgrano (actual barrio de la ciudad), la mayoría del gobierno nacional, que había emigrado allí ante el levantamiento de los sectores más intransigentes del autonomismo encabezados por Carlos Tejedor, promulgó una ley que establecía: “Por cuanto: El Senado y Cámara de Diputados de la Nación, reunidos en Congreso (...), sancionan con fuerza de ley: Art. 1.- Declárase capital de la República el municipio de la ciudad de Buenos Aires, bajo sus límites actuales (…) [firmado] Avellaneda, B. Zorrilla”. Con este acto, Buenos Aires era declarada finalmente capital federal de la República Argentina, culminando así una larga serie de luchas en torno a la cuestión capital.
Desde la perspectiva de Juan Bautista Alberdi en su trabajo Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, quien estaba dotado de un fuerte pensamiento no solo teórico sino también práctico y de suma claridad, debía ser la ciudad de Buenos Aires la capital de la Nación. Expresaba categóricamente: “A la historia, a los hechos anteriores cuyo posible poder debe hacer parte del poder de la Constitución, a las condiciones normales del país y a las necesidades que interesan a su engrandecimiento, debemos acudir para buscar la solución de este problema constitucional. Las capitales son la obra de las cosas, no se decretan. Se decretan únicamente cuando no existen, como Washington; pero cuando deben su existencia real a la acción espontánea de los hechos, existen a pesar de los congresos. A ese origen debe la República Argentina la capital, que tiene hace doscientos años. En vano los congresos erigirán en cabeza de la República este o aquel rincón: la cabeza quedará donde existe por obra de la Providencia y de los hechos, que son su manifestación”.
Por esta razón la Constitución de 1853 establecía en su artículo 3 que la capital de la Nación residía en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, cuando se sancionó esta ley fundamental, Buenos Aires se encontraba segregada del resto de las provincias argentinas, y mientras aquella se daba su propia constitución en 1854 declarándose Estado, las provincias que integraban la Confederación Argentina, presididas por Justo José de Urquiza, establecían como capital provisoria a la ciudad de Paraná.
¿Por qué la cuestión capital adquirió las formas violentas que culminaron resolviéndose en 1880? Debemos tener en cuenta que la provincia de Buenos Aires y la ciudad constituían una unidad no solo política sino también económica. Las estancias de la campaña encontraban en la ciudad su prolongación a través del puerto y la aduana. Para la burguesía terrateniente de la provincia, renunciar al control de la ciudad era renunciar a una cuota de su poder. Por eso cuando, después de la batalla de Cepeda (1859), Buenos Aires se reintegró al conjunto de las provincias confederadas, en la Convención Reformadora de la Constitución (1860), objetó el articulo 3 y propuso que fuese declarada capital de la Nación aquella ciudad que fuese previamente cedida al Gobierno Nacional por la provincia en que se encontraba la misma. Después de la batalla de Pavón (1861) y con la residencia a partir de 1862 del gobierno nacional en la ciudad de Buenos Aires, este lo será en calidad de “huésped” del gobierno provincial.
Entre 1862 y 1880 hubo diferentes proyectos de establecer la capital en otra ciudad de la República, pero todos esos intentos naufragaron, para decirlo en términos de Juan Bautista Alberdi, porque iban en contra de “la naturaleza de las cosas”. Sin embargo, no era tan sencillo capitalizar Buenos Aires. Se trataba de doblegar al núcleo más intransigente del autonomismo. Para comprenderlo, es necesario reparar en los vínculos entre las clases y los partidos en Buenos Aires y el interior.
En la ciudad hegemónica, el partido liberal se había dividido en “nacionalistas” y “autonomistas”. Los primeros, más vinculados a los comerciantes, aspiraban a organizar la nación bajo la dirección de la burguesía comercial del puerto; los segundos, más relacionados con la burguesía terrateniente, y que habían acariciado en los años cincuenta la idea de la segregación de Buenos Aires, no estaban dispuestos a quebrar la relación estancia-aduana-puerto. En el interior, los restos del “partido federal”, vinculado a las burguesías terratenientes y mercantiles de las distintas provincias, en diversas oportunidades formularon alternativas diversas para erigir la capital en una ciudad que no fuese Buenos Aires, todas las cuales naufragaron por la razón que ya hemos apuntado.
Pero entre 1868 y 1880 se registraron cambios en estos alineamientos. Enfrentados a Bartolomé Mitre, que era el “jefe” de los “nacionalistas”, los autonomistas porteños encabezados por Adolfo Alsina se aliaron a las fracciones terratenientes y mercantiles del interior, que habían conformado la “Liga de Gobernadores”, y dando origen a lo que posteriormente sería el Partido Autonomista Nacional (PAN) evitaron toda candidatura de Bartolomé Mitre a la presidencia.
En las postrimerías del gobierno de Nicolás Avellaneda (1874-1880), se enfrentaron en la disputa por la presidencia, por un lado, Julio Argentino Roca, que contaba con el apoyo del interior y de las fracciones autonomistas a aquel vinculadas, y por el otro Carlos Tejedor, apoyado por los sectores más intransigentes del autonomismo. En el “colegio electoral” se impuso la candidatura de Roca y esto movió a los autonomistas intransigentes a levantarse contra el gobierno nacional, el cual, ante la formación de las guardias nacionales armadas del tejedorismo, emigró al pueblo de Belgrano, y mientras el ejército nacional reprimía a la guardia de Buenos Aires, el Congreso sancionaba la ley de capitalización.
Milcíades Peña analiza, en los siguientes términos, el problema de la capital: “Quedaba en pie, sin embargo, aunque desprovisto ya de su explosivo contenido histórico, el conflicto en torno a la capitalización de Buenos Aires. Hasta el triunfo de Mitre, la capitalización de Buenos Aires hubiera significado la pérdida de la oligarquía porteña de su instrumento de dominación sobre el resto del país. Pero, aplastadas las provincias por los ejércitos mitristas, ya no había peligro de que la capitalización de Buenos Aires redujera el control de la oligarquía porteña sobre todo el país. Podía ya ponerse en práctica el viejo plan político que la burguesía porteña había intentado con Rivadavia y Mitre, que era precisamente capitalizar a Buenos Aires después de que las provincias estuvieran derrotadas en cuanto enemigas de la oligarquía portuaria y gobernadas por oligarquías más o menos obedientes a las órdenes del gobierno nacional. Solo que este plan político de la burguesía porteña fue realizado por Roca, hombre del interior ya vencido y domeñado por la oligarquía metropolitana”.
No estamos totalmente de acuerdo con lo señalado por Milcíades Peña. En primer término, la cuestión capital no había perdido su dimensión explosiva. Pensemos que la llamada “revolución de 1880”, el levantamiento de Tejedor, dio origen a sangrientos combates, sobre todo en los sectores de Corrales y Puente Alsina. Estos enfrentamientos han sido interpretados como la última fase de la prolongada guerra civil del siglo XIX. En segundo término, es cierto que el “federalismo del interior” había sido derrotado, pero quienes están detrás de la nacionalización de Buenos Aires son quienes constituyen la alianza de clases que articulará al “autonomismo nacional” o lo que comúnmente denominamos roquismo. No es el viejo proyecto de Rivadavia –salvo por la forma de declarar capital a Buenos Aires–, ya que este era la expresión de la burguesía comercial, mientras que el acto de la capitalización de 1880 se sostiene sobre la alianza de una fracción de la burguesía terrateniente de Buenos Aires y de los terratenientes y comerciantes del interior. Estos son en nuestra opinión los conflictos de clases que están detrás de la capitalización. Claro está que la relación entre clases y partidos debe ser pasada por el tamiz de las más diversas mediaciones.
Fuentes consultadas
Gallo, E. y Cortés Conde, R. La República Conservadora. Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.
Peña, M. Historia del pueblo argentino. Buenos Aires, Emecé, 2012.
Ruiz Moreno, I. J. La federalización de Buenos Aires. Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.





