La huerta como espacio de arte y salud
- Escrito por Victor Pais
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Con una apreciable concurrencia de vecinos, se realizó en la huerta urbana que se erige en el Centro de Salud y Atención Comunitaria 22 (CeSAC 22), con localización en Fragata Presidente Sarmiento 2152, el encuentro “De la observación al trazo”, una actividad de carácter participativo articulada entre la institución anfitriona y la Dirección General de Salud Comunitaria del Gobierno porteño en el marco de la agenda de verano del programa “Las tres ecologías”, que promueve el Museo Moderno de la Ciudad de Buenos Aires.
Con la coordinación de Agustina Nattero, integrante del Departamento de Educación del mencionado museo, la actividad consistió en un taller en el que hubo un recorrido por la huerta para observar las plantas y sus particularidades para luego, a través del dibujo y la imaginación, crear “construcciones visuales” que las reflejaran.
En un aparte con Tras Cartón, María Castro, una de las promotoras de salud comunitaria del CeSAC que recibieron durante 2025 capacitación en arte y salutogénesis en el Museo Moderno y que colaboró como guía en el recorrido, expresó: “El tema de la huerta nos traslada, nos interioriza… Hacemos contacto con la naturaleza y va de la mano de la salud, porque si no tenemos salud no tenemos la magia de sentir las texturas, los aromas, de conectarnos con lo verde, con lo natural, desconectarnos de la vida cotidiana y olvidarnos a veces de nuestros problemas personales, económicos y todo eso. Yo creo que esto va enfocado para cómo cada persona ve y realmente cómo se identifica, ya sea en una hoja, en una flor; cómo se siente y ahí se refleja el tema de la salud también”.
En cuanto a las especies que se pueden ver en la huerta, Castro señaló: “Tenemos suculentas, aromáticas y verduras de estación”. A su vez, puso énfasis en que se siembran verduras de estación y “no cualquiera, porque se puede morir”, y tras informarnos que las semillas las reciben de Salud Ambiental y que la tierra a veces procede también de esa dependencia y a veces de donaciones de vecinos, destacó: “No usamos agrotóxicos ni nada nocivo o invasivo para las personas”.

Otro aspecto al que se refirió Castro fue el destino de lo producido: “A veces lo llevamos quienes participamos acá o los participantes que vienen de diferentes instituciones y otra parte la sacamos afuera, a la sala de espera y la repartimos entre la gente. Porque tratamos de transmitir la alegría y el entusiasmo que nosotros le ponemos, la garra y todas nuestras fuerzas y que sepan que hay una huerta que todavía muchos no conocen”.
Por su parte, Maite Galdós, responsable del programa “Las tres ecologías” del Departamento de Educación del Museo Moderno, nos explicó que el nombre del programa refiere a la tríada salud psíquica, ambiental y comunitaria, y añadió: “Es un programa de salud que piensa el arte como una herramienta de transformación de las relaciones entre las personas y con el espacio que habitamos, así que pensamos en estos talleres como una forma de revalorizar el vínculo entre las personas y con la tierra, en esta situación, con el espacio de huerta particularmente. También es una manera en que las promotoras puedan visibilizar el trabajo que hacen, que las saludes están en conexión con las plantas y con las personas y que el arte tiene esas herramientas de observación para compartirnos y para poder crear estos espacios comunitarios”.
Acerca de cómo se originó la huerta, Federico Pettinicchio, director del CeSAC, nos contó: “Fundamentalmente, la idea surgió de la nutricionista, que además le sirve a ella, para su práctica específica, el hecho de producir alimentos orgánicos y saludables. Y ahí se engancharon la psicóloga, la ginecóloga, las promotoras, las trabajadoras sociales”.
Subrayó, por otro lado, que la huerta “más allá de lo saludable de la alimentación” constituye “un espacio de interacción social que genera pertenencia y la posibilidad de tener una actividad”.
Pettinicchio se refirió luego al programa Pro Huerta y al “mucho impulso que tuvo en la década del 2000, después de la crisis, cuando la gente no tenía laburo, no tenía para comer y las huertas apuntaban a eso, a dar a la gente una actividad y proveerse de esos alimentos saludables”. Reparó en que al programa “lo administraba el INTA, que ahora está bastante maltrecho, maltratado, despreciado, ninguneado, desfinanciado, cosas propias de este gobierno genocida”, por lo que “estos espacios también son una suerte de resistencia”.
“La idea es que la gente venga, participe, aprenda, pueda replicar la huerta en sus lugares” para lo que “no necesariamente tiene que tener un terreno como acá”, sino que alcanza con “una terraza o un balcón amplio”, afirmó Pettinicchio. Y recalcó: “Que la gente pueda producir sus propios alimentos y, además, pueda tener una actividad que es linda y reconfortante”.
Las reuniones de la huerta son abiertas a la comunidad y se realizan todos los jueves a partir de las 10 de la mañana.





