“¿Es esto un poder judicial?”
- Por Víctor Pais. Fotos: Rosario Canale
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Con el eslogan de “La Justicia como pilar de la democracia” y una apreciable concurrencia, se realizó en Factoría, espacio cultual ubicado en Fragata Sarmiento 1251, una charla que tuvo como disertador al abogado penalista, juez y jurista Eugenio Raúl Zaffaroni.
Varias fueron las agrupaciones convocantes: La Monteagudo, Corriente Militante Futuro, La Marcha, UB Dardo Cabo, Cumpas, La 20 de noviembre, La Simón Bolívar, Patria y Futuro, Movimiento Evita CABA y La Patria es el Otro.
Zaffaroni ofreció un diagnóstico crítico sobre el sistema judicial argentino al sostener que la institución carece de los requisitos para ser un auténtico poder del Estado. “Si nuestra magistratura no cumple el control de constitucionalidad, si nuestra magistratura no tiene un recurso de casación que unifique... ¿es esto un poder judicial? Desde el derecho comparado les diría que no”, expresó el jurista. Y agregó: “Y nadie venga a decirme que este es el sistema argentino... Esto es un no sistema. No entra en ninguno de los sistemas conocidos en el mundo”.
Como fundamentos de estas tajantes afirmaciones, Zaffaroni desglosó los fallos estructurales del esquema: la ineficacia del control de constitucionalidad y la falta de una casación nacional unificadora. Respecto del primer concepto, señaló que el modelo difuso pretendidamente copiado de Estados Unidos se aplica mal al carecer de la obligatoriedad del precedente, principio jurídico conocido como stare decisis: “Cada juez o tribunal puede declarar la inconstitucionalidad de lo que quiera, la jurisprudencia de la Corte solo sirve para ser aplicada al caso que llegó a la Corte. Después cada juez sigue haciendo y decidiendo lo que se le antoje. La ley inconstitucional sigue vigente...”. Y en relación a la ausencia de casación nacional indicó: “Somos el único país que tiene códigos únicos con veinticinco posibles interpretaciones distintas, una por cada provincia y además la federal, y nadie las unifica”.

No faltó por parte del conferencista un repaso histórico de los cambios que se fueron operando en la composición de la Corte Suprema desde la sanción de la Constitución de 1853 hasta nuestros días, y tras sentenciar que durante toda esta larga etapa “nadie se dio cuenta que no teníamos un Poder Judicial, que no teníamos casación, que no servía el control de constitucionalidad”, se remendó y dijo: “Sí, hubo alguien que se dio cuenta. Fue [Arturo] Sampay en la reforma de 1949, que en el artículo 115 claramente expone el stare decisis: la obligatoriedad de la jurisprudencia de la Corte en materia constitucional y el recurso de casación. Como todos saben, esa Constitución fue derogada en el 56 por un bando militar y después nadie retomó el tema”.
Esta “historia tortuosa de la Corte Suprema”, sumada a los episodios de golpes de Estado y de “gobiernos semiconstitucionales con proscripciones” redundó en que “nuestra magistratura fue algo así como una fábrica de chorizos que se usa a ratos”, graficó. Y advirtió: “Pero ahora que la estamos usando cuarenta años, los chorizos salen sin piolines. Es decir, la aplicación continua de una institución con fallas exhibe las fallas”.
Planteó entonces que “una institución hay que proyectarla en forma tal de precaverse que no lleguen los peores” y que “ahora sí, tras cuarenta años de funcionamiento vimos las fallas... y llegaron los peores”. E insistió: “Es un disparate lo que tenemos, no es una estructura, un modelo, es un no modelo. No hay en el mundo nada parecido”.
Para enfrentar el referido estado de cosas “que pone en peligro la república”, Zaffaroni propuso una salida a través de leyes ordinarias sancionadas por mayoría simple del Congreso, sin necesidad de una reforma constitucional, así como la ampliación federal de la Corte Suprema: “Que cada gobernador de provincia le proponga al presidente un ministro de la Corte y una ministra, pero que haya un juez de la Corte o jueza de la Corte por cada provincia”. Asimismo, formuló que “una corte de esa naturaleza se puede dividir en salas para hacer casación”.
Tras abundar en otras consideraciones técnicas, el jurista reconvino en que esta transformación no va a poder efectivizarse con un debate circunscripto a los peritos en la materia, sino que debería ser político y popular. Su llamado de alerta final subraya la inviabilidad de postergar estos cambios estructurales: “Nadie va a poder gobernar con esto que tenemos, que se llama poder judicial, que es un falso poder judicial. Nadie”.
El encuentro concluyó con un animado intercambio con un público atento del cual también surgieron interesantes reflexiones.





