En campaña por un local propio y cercano
- Escrito por Victor Pais
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La Cooperativa Café Artigas, que integra teatro, librería y una distintiva biblioteca de ciencia ficción, tal vez única en el país, encara un desafiante escenario: ante la venta del inmueble que alquilan, buscan adquirir una sede propia en el barrio para asegurar su estabilidad y potenciar sus iniciativas. De esto y de la oferta cultural del espacio hablamos con Carles Ros Mas, uno de sus principales referentes.
Desde 2020, la Cooperativa Café Artigas, ubicada en la calle homónima al 1850, con su sala teatral con múltiples ofertas, su original Biblioteca Popular Ansible, especializada en el más amplio concepto del género de ciencia ficción, y su librería, viene echando raíces profundas en nuestra barriada. La cuestión es que a sus impulsores se les ha planteado una brava encrucijada ante la urgencia de relocalizar su sede debido a que el dueño del inmueble ha decidido poner en venta el local que alquilan. Por ende, han lanzado una campaña en búsqueda de financiamiento y apoyo comunitario para comprar un local propio y aspiran a encontrarlo en el barrio que los vio nacer. Con este tema comenzó nuestra charla con Carles Ros Mas, uno de los más activos referentes del espacio y coordinador de la referida biblioteca.
–¿Podés ampliarnos sobre cómo se fue dando esta situación que los deja sin local y qué alternativas están pensando?
–Hace dos meses, más o menos, el dueño nos dijo que hasta fin de año nos podíamos quedar, pero que después teníamos que irnos porque tenía intenciones de vender el local. Para nosotros fue un shock. Somos una cooperativa de diez personas y nos pareció que, si queríamos que en el futuro no nos pasara de nuevo estar enfrentando los vaivenes de un mercado inmobiliario tan inestable y sin ley de alquileres, si íbamos a hacer una movida, tal vez podíamos intentar hacerla más a lo grande y más en serio, aspirando a algo más definitivo y más estable. Entonces nos pusimos a buscar fuentes de financiación en entidades financieras que apoyen a instituciones como esta, que es una cooperativa que tiene una parte de impacto económico, pero también una parte de impacto cultural y social, y en eso estamos. Y como somos un espacio que en estos seis años construyó muchos vínculos que van más allá de quienes pasan a tomar un café, porque hay muchas clases de teatro, muchos elencos que participan de lo que son las temporadas y la programación teatral, una biblioteca de ciencia ficción que está arriba de los 700 socios, apelamos a buscar, a hablarle a la comunidad que se siente parte de Café Artigas, que siente Café Artigas como algo querido para pedirle apoyo.
–Por esto que decís, se deduce que el hecho de que la localización del nuevo lugar sea en este mismo barrio es de suma importancia para ustedes…
–Exactamente. Si bien a Café Artigas viene gente de un poco más lejos porque algo de la propuesta la convoca –alguna obra, alguna cosa de la biblioteca, alguna actividad cultural–, gran parte es público del barrio. Hay algo de lo que se va construyendo con la gente que en estos seis años fue siendo habitual de este espacio. Ya no solo es un tema de vínculo afectivo, es necesidad económica; son las dos cosas a la vez. Tenemos que encontrar un lugar que esté cerca, un lugar que sea asequible con lo que podemos llegar a cubrir económicamente, que no es tanto, y que pueda tener la sala de teatro, la biblioteca, el café, que se pueda habilitar para el Gobierno de la Ciudad, porque solo con que tengas 10 centímetros menos de paso de la puerta o del pasillo ya tenés un problema ahí que no lo podés habilitar. Entonces, cada vez que vamos a ver un local, la cercanía al actual es uno de los factores, de los más importantes, pero es uno entre muchos otros que por ahora nos hicieron descartar todo lo que fuimos encontrando.
–Dijiste que esta noticia de la venta la recibieron ya hace dos meses, pero sin embargo la hicieron pública recientemente…
–Sí, porque queríamos construir bien el mensaje. El posteo con el cual hicimos público esto es un video que grabamos hace un mes, pero necesitábamos editarlo, prepararlo. Fue todo un laburo para la grabación de ese día y nosotros no somos una productora audiovisual. Tuvimos que manejar ese evento como si lo fuéramos, preparando comida para las 100 personas que vinieron para grabar porque los tendríamos acá muchas horas. Si fuéramos una empresa que la maneja una sola persona, tal vez algunas cosas las haríamos más rápido, pero hay que construir las decisiones para después poderlas ejecutar, por eso entre que nos enteramos y salió el posteo pasaron dos meses.
–La cooperativa incluye el café, el teatro, la biblioteca y la librería. ¿Cómo están articuladas todas estas propuestas del proyecto?
–Todas las semanas tenemos nuestra reunión de cooperativa donde vemos los temas generales y tenemos las tareas repartidas de manera que concebimos el proyecto integralmente. Algunas tareas las tenemos más específicas, pero el proyecto lo pensamos integralmente. Y es lo que nos parece interesante del éxito o de lo que nos satisface del espacio: la manera en cómo los cruces y las invitaciones a cosas diferentes ocurren. Que alguien llega y nunca se hubiera pensado entrar a un teatro, pero se toma un café y luego ve que hay cartelera y tal vez se mete al teatro. O alguien que vino para el teatro, mientras espera se hace socio de la biblioteca y nunca hubiera pensado terminar el día haciéndose socio de una biblioteca. Esos cruces que ocurren con la gente que viene a Café Artigas de alguna manera los simbolizamos el equipo de 10 personas porque, por ejemplo, yo soy bibliotecario, pero vengo 2 o 3 veces por semana. La gente que está en el café atendiendo, que es la que abre todos los días, es quien se encarga a veces más de cumplir el rol de bibliotecario que yo, porque cuando alguien viene a asociarse y a llevar su libro habla con ellos, y ellos fueron aprendiendo un montón, por ejemplo, qué libro recomendar de ciencia ficción, cuando en teoría el especialista o el experto soy yo. Después hay otros cruces que sí son más conscientes y no los inventamos. Cuando hicimos la convención de ciencia ficción –hicimos tres, este año en 2026 fue la tercera edición– se nos ocurrió hacer explícito y poner en valor y jerarquizar ese cruce de disciplinas, y ya que es una convención de literatura, de ciencia ficción, que ocurre en un lugar que tiene como centro un teatro, poner eso en valor. Así es como inauguramos todos los años el Encuentro Cercano, que es el nombre de la convención, con el estreno de una obra de teatro que es una adaptación que el equipo de la cooperativa, que somos todos del palo del teatro, en 15 días convertimos de cuento a obra de teatro, y esa persona que presenta un cuento al concurso, el premio que se lleva es ver su cuento convertido en obra de teatro. Eso es un ejemplo más de cómo nosotros habitamos estos cruces de disciplinas.

–A propósito de teatro, es encomiable la variada y abundante cartelera con la que cuentan…
–Sí, de jueves a domingo hay función teatral siempre, algunos días doble función y no todos los fines de semana hay lo mismo. En vez de programar una obra todas las semanas durante dos meses, tenemos varias obras con una función por mes. Eso también hace que los elencos y las compañías tengan que estar menos esclavos de estar consiguiendo público para sus funciones, que es una cosa que pasa mucho a veces en el ámbito del teatro, que uno tiene una temporada de dos o tres meses en un lugar y tiene que estar invirtiendo energía, tiempo, dinero, esfuerzo y ganas en llenar la sala. Acá, al haber por obra una función por mes, se pueden hacer funciones a sala llena con mucha facilidad y a la vez para el barrio hay más variedad de oferta.
–Destacable este impulso del teatro, aunque sin duda la peculiar biblioteca temática con la que cuentan resulta para un público numeroso un factor determinante del atractivo de este lugar. ¿Cómo surgió la idea?
–Yo me sumé a fines de 2020 y me encargué de la biblioteca, pero la idea ya estaba antes. Uno de los socios fundadores, Diego, ya tenía la idea y el deseo de que en el teatro estuviera también este espacio porque él también era muy fan y de hecho la fundó trayendo su biblioteca desde casa, así como después yo sumé mis libros, pero en la cooperativa somos varios que nos gusta mucho la ciencia ficción como género, porque esta idea de otros mundos posibles nos resulta ficcionalmente tentadora igual que en el teatro. Y después se fue armando con cómo la gente se fue copando, porque una cosa es poner libros en un estante y encargarse del catálogo, de las donaciones, de los préstamos, de los socios y demás, pero después pasó algo que no formaba parte del plan inicial y es un montón de gente viniendo a proponer actividades. O sea, terminamos organizando la convención de ciencia ficción, pero después de dos o tres años de gente que venía y decía: “¿Puedo presentar un libro ahí? ¿Puedo dar una charla sobre Philip Dick? ¿Puedo pasar un documental? ¿Podemos pasar una película?”. Y cuando decíamos “sí, sí, sí”, al final se llenó la biblioteca de actividades y de mucha gente del palo de la ciencia ficción que se acercó, así que eso fue construyéndolo solo. Después descubrimos que no había otras bibliotecas parecidas en el país y ahí también empezamos a decir y a repetir eso de que somos la única del país especializada en ciencia ficción, que hasta ahora no descubrimos que haya otra.
–Hablaste de las convenciones. Nos consta que son toda una gran movida y un fenómeno tan peculiar como la biblioteca. ¿Podés contar cómo se fueron desarrollando?
–Es como te decía. En un momento estábamos organizando tantas charlas y tantas actividades que dijimos: “Hagamos algo más intensivo, hagamos algo más a lo grande, vamos a crecer, hagamos una convención”. Eso fue en 2024. El primer año lo hicimos todo dentro de la sala de teatro, la feria de editoriales, las charlas, toda la actividad adentro, y el segundo año nos pusimos ambiciosos y empezamos a averiguar para hacer el trámite de cortar la calle y logramos hacer la feria de editoriales en la calle. Y así la sala quedó mucho más disponible para las charlas y no había tanto problema de convivencia entre charlas y feria y el ruido y demás. Y a partir del segundo año lo estamos organizando con Mallory Craig-Kuhn, que es una escritora de ciencia ficción que se copó. Hay mucha gente que encontró un clima de familiaridad acá y se acercó; escritores, editores dijeron “hagamos esto, hagamos lo otro“, y vienen con propuestas. También está la búsqueda de que las charlas y las actividades tengan una cierta relevancia, un cierto interés en lo que es el campo de la ciencia ficción, que las diferentes familias o tribus del mundillo sientan un poco representados sus intereses o su gusto estético porque pasa eso que, de lejos, la ciencia ficción parece todo lo mismo, pero cuando te acercas, como en cualquier mundillo hay mil estilos estéticos diferenciados: hay gente que le gusta lo clásico, hay gente que le gusta lo moderno, hay gente que le gusta lo anglosajón, hay gente que le gusta lo latinoamericano, hay gente que le gusta solo un subgénero de ciencia ficción, hay gente que le gusta solo cuando es más de terror, hay gente que le gusta cuando es más fantástica… Bueno, todos esos submundos. Siempre intentamos que en el panorama de actividades que organizamos todo el mundo encuentre los diferentes estilos o sus diferentes gustos presentes.
–Biblioteca, librería, teatro y hay otro tipo de actividades como charlas, talleres… ¿Querés resumir sobre eso para completar el cuadro?
–Sí, de hecho la biblioteca comparte mueble con la librería, que se llama Librería Astronauta, y las compañeras de la cooperativa que la llevan se encargan de dinamizar actividades literarias, y así como los fines de semana el clima tal vez es más teatral porque está el público que viene a ver las obras, entre semana hay presentaciones de libros, talleres de lectura, talleres de escritura por todas las mesas conviviendo con la apertura normal del café, que siempre suele estar lleno y activo.





