Septiembre 2014
EN EL CENTENARIO DE SU INAUGURACIÓN
El monumento a Carlos Pellegrini
Por Miguel Ruffo

El monumento a Carlos Pellegrini, presidente de la Argentina entre 1890 y 1892, fue inaugurado en septiembre de 1914. Domina la plazoleta del mismo nombre y se encuentra ubicado en el inicio de la elegante avenida Alvear, en el Retiro.
Realizado en mármol de carrara y en bronce, el monumento a Carlos Pellegrini, inaugurado el 12 de septiembre de 1914, es obra del escultor francés Félix Coután y está rodeado de figuras alegóricas que representan la República, la Justicia y el Progreso.
Como es sabido, el padre del homenajeado, Carlos Enrique Pellegrini, fue uno de los precursores del arte argentino; habilidoso y exitoso retratista, también nos dejó entre sus obras de arte una serie de acuarelas que, en tanto vistas o paisajes urbanos, nos permiten conocer la Plaza de la Victoria y sus emblemáticas construcciones: el Cabildo, la Catedral, la Pirámide de Mayo, la Recova y, en el otro sector de la plaza, denominado del Mercado, el primitivo fuerte de Buenos Aires.
“La fortaleza del arte de un país transmite, en cierto sentido, imágenes sobre el grado de madurez y de desarrollo de esa nación”, observa Paula Bruno. Y agrega: “En este sentido, la historiadora del arte Laura Malosetti Costa destaca que pueden percibirse las relaciones existentes entre arte y nación estudiando ‘la producción de un repertorio iconográfico vinculado explícitamente con los proyectos de construcción de relatos e imágenes del pasado nacional’”.
En “El Arte Argentino”, carta publicada en el diario La Nación en 1905, Carlos Pellegrini sostenía: “He dicho que no hay un arte argentino y ni aun americano, porque no puede haberlo. Las bellas artes son la última suprema expresión de la civilización y cultura de un pueblo. Pedirle una producción verdaderamente artística es pedirle a un árbol que florezca antes de haber alcanzado su completo desarrollo”. La imposibilidad del desarrollo de un arte imperiosamente nacional respondía, desde su perspectiva, al hecho de que la Argentina estaba aún dando sus primeros pasos por el camino del progreso, por lo tanto, no era imposible que en el largo plazo se erigiera con fuerza un arte nacional que permitiera que las naciones del mundo entero reconocieran en sus manifestaciones el espíritu del país. Sin embargo, Pellegrini desconfiaba de las soluciones automáticas o de las aspiraciones que consideraba desfasadas con relación a la capacidad del país de consolidarse. “Para que un artista se forme y progrese constantemente, es necesario entonces que viva en atmósfera propicia y esta no existe en Buenos Aires, porque no puede existir aún. Es necesario esperar pacientemente la gradual evolución del progreso, sin impaciencias ni desalientos”, afirmaba. Y en consecuencia recomendaba: “El camino a seguir es el que han seguido otras naciones. Fomentar nuestros museos de bellas artes, colocar en nuestros monumentos, plazas y parques verdaderas obras de arte para que formen y eduquen el gusto popular y trasplantar, desde su primera aparición, a nuestros jóvenes aficionados a tierra propicia para la educación y desarrollo”.
Adentrándonos ahora en el monumento y específicamente en sus figuras alegóricas, reflexionaremos sobre el simbolismo y el sentido del grupo escultórico. Fue Carlos Pellegrini un hombre de la generación del 80, la que impulsó la transformación social de la República por medio de la gran inmigración europea, la inversión de capitales extranjeros (particularmente ingleses) y la adopción de pensamientos y en general principios culturales que tenían raíces francesas. Independientemente del juicio que nos merezca el proyecto de la generación del 80, es evidente que la República no volvió a ser la misma después de las transformaciones iniciadas en ese decenio.
La República es la res pública, es decir, la “cosa pública”, y es inherente a un sistema republicano que las cuestiones atinentes a la administración y gobernabilidad del Estado sean del interés y participación de todos los ciudadanos. Sin embargo, la República Conservadora del 80 excluía a la mayor parte de la ciudadanía de los procesos electorales a través de las múltiples formas de corrupción y venalidad del sufragio. Pero bueno es decir que Carlos Pellegrini, sobre todo al final de su carrera política, fue tomando distancia del Gran Elector de la República Conservadora, Julio Argentino Roca, y se vinculó a los sectores renovadores y reformistas de la élite dominante.
En cuanto al Progreso, nos encontramos aquí con uno de los ideales centrales de la filosofía y concepción positivista del mundo. Está presente la idea de que en el curso del “desarrollo” de la humanidad (se refiere a la occidental) hay un progreso científico, técnico y cultural; se trata de la transición del espíritu que atraviesa los estados teológico, metafísico y positivo. Más específicamente, la Argentina pasó en pocos decenios del vacuno criollo al ganado refinado, a la exportación de cereales (trigo, maíz, etcétera) acompañada de la exportación de carnes congeladas y enfriadas; de la carreta y el arreo de mulas al ferrocarril y las construcciones portuarias (en Buenos Aires y Rosario, por ejemplo); al desarrollo de una industria alimenticia vinculada a la agroexportación y también al mercado interno (frigoríficos, molinos harineros, cervecerías, fábricas de pastas); al incremento en varios millones de su población (mientras en el censo de 1869 había alrededor de 1.600.000 habitantes, en el de 1914 se sobrepasaron los 6.000.000); al desarrollo de la educación pública articulada en torno a la ley 1420. Cierto es que era un país de contradicciones y antagonismos, pero nadie puede negar las aceleradas transformaciones.
En lo que respecta a la figura de la Justicia, la tercera de las alegorías, la cuestión es más complicada: ¿se puede hablar de justicia en un país donde se sucedían huelgas que eran violentamente reprimidas? Recordemos la Ley de Residencia de 1902, la Semana Roja de 1909, la Ley de Defensa Social de 1910, por citar sólo tres ejemplos.
Pues bien, de una u otra manera, Carlos Pellegrini fue uno de los representantes de ese complejo, acelerado y contradictorio proceso histórico; pero en su obra se destacan sus ideas proteccionistas en los debates de 1873-1874, el haber acompañado como vicepresidente a Miguel Juárez Celman, derrocado por la Revolución de 1890, y el haber asumido posteriormente la presidencia de la Nación, así como también la fundación del Banco de la Nación Argentina en el contexto de la crisis bancaria y de la deuda externa.










