Abril 2012
EDGARDO MARCOS, SUBDIRECTOR DEL INSTITUTO PASTEUR, HABLA SOBRE LA SITUACIÓN DE PERROS Y GATOS EN LA CIUDAD
“Hay leyes que protegen al animal”
Por Haydée Breslav

Son muchos los perros y gatos en la ciudad, pero no siempre sus propietarios asumen la responsabilidad que ello implica: así, no les proporcionan a sus animales los cuidados necesarios, los dejan sueltos en calles y plazas, permiten su reproducción indiscriminada o los abandonan. En esta entrevista Edgardo Marcos, médico veterinario por la UBA, con un doctorado por la Universidad Blaise Pascal de Clermont-Ferrand y subdirector médico del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, explica con claridad y precisión didácticas lo que todo el que tenga un animal, planee tenerlo o quiera evitar que lo maltraten debe saber.
–¿Qué es la tenencia responsable?
–Algo que viene instalándose en la sociedad desde hace un tiempo y hace referencia a la propiedad sobre un animal, generalmente un animal doméstico de compañía: más específicamente, en el caso de la ciudad sería un canino o un felino. Ahora bien, desde el punto de vista legal, no hay reglamentación o legislación que avale el tema; en el Código Civil que estableció Vélez Sarsfield hay una referencia al propietario de animales, no al tenedor de animales, de modo que para expresarse con propiedad hay que hablar de la propiedad sobre un animal. Vélez Sarsfield hablaba de animales bovinos o equinos: en esa época, lo que se hacía era establecer la propiedad sobre el animal considerado como un semoviente –o sea, como un bien– porque eran justamente animales de producción, para evitar el abigeato, el cuatrerismo y demás. Con el transcurso del tiempo eso no se cambió y sigue vigente; yo me inclinaría entonces por hablar de propiedad responsable sobre un animal, hoy ante la ley el humano es propietario de ese animal.
–¿No existe ninguna norma que mencione el concepto de tenencia?
–En realidad, hace unos meses el Gobierno nacional dictó un decreto ley que es el que lleva el número 1.088, que habla de tenencia responsable: allí se establece el tema de las esterilizaciones quirúrgicas como control poblacional, se mencionan algunas zoonosis como leishmaniasis y se habla de tenencia responsable; sin embargo, en algún momento ese decreto va a tener que modificarse porque no existe la figura. Si alguien dice “yo soy un tenedor responsable de un animal”, eso no tiene forma de demostrarse jurídicamente; en cambio, si dice “soy un propietario de animales”, sí. Por otro lado, en la década del 90 el Registro Municipal de Animales Domésticos dejó de funcionar; fue en la época de [Carlos] Menem y [Domingo] Cavallo, cuando plantearon la desregulación de todo lo que fuera función estatal, y una de las cosas que se cayó fue ese registro, que funcionaba en el Instituto Pasteur y donde debían inscribirse todos los perros y gatos radicados en la ciudad.
–¿Cuáles son las consecuencias de que la ciudad no cuente con ese registro?
–Por ejemplo, si usted tiene un perro o un gato y dice que es suyo, está todo bien; pero si usted lo tiene y la autoridad policial quiere, porque usted infringió la ley, demostrar que ese perro es efectivamente suyo, con que usted diga “no, no es mío” es suficiente; salvo que usted lo quiera aceptar taxativamente, no hay forma de probarlo. Pero si lo quiere negar para no pagar una multa o no incurrir en una contravención, usted dice que el animal no es suyo, y no se lo pueden demostrar porque ya no existe el registro. Cuando existía, a cada animal se le asignaba un número identificatorio, se le hacía una libreta sanitaria, se le ponía una chapita al collar y se le tatuaba un número en la piel; hoy en día hay métodos mucho más seguros que la chapita que se perdía y menos cruentos para el animal que el tatuaje, como el microchip: se le implanta un granito de arroz debajo de la piel y eso se lee con cualquier lector adaptado al sistema. De este modo evitaríamos el robo, extravío o pérdida de animales, y además podríamos vincular legalmente al propietario con su animal.
–¿De qué manera puede el propietario infringir la ley? ¿Si el perro muerde a alguien, por ejemplo?
–No, que muerda a alguien es un accidente; pero hay reglamentaciones y leyes, algunas viejas pero todavía vigentes, y otras más recientes, donde se establece, por ejemplo, que el animal doméstico de compañía, fundamentalmente un canino, tiene que ser conducido con collar y correa, y si es agresivo con bozal; y no puede entrar a plazas ni espacios públicos. Sin embargo, mucha gente lleva al perro con collar y correa por la vereda, cruza la calle, llega a la plaza y suelta al animal. Por supuesto, para un perro que está veintitrés horas dentro del departamento y media hora caminando, cuando llega a la plaza y lo largan, es la felicidad; entonces corre y da vueltas, lo que puede ocasionar serios problemas en espacios donde hay chicos, bebés, ancianos o personas discapacitadas.
–Volviendo al tema inicial, ¿qué significa ser propietario responsable de un animal?
–Eso implica proporcionarle alimentación adecuada, en cantidad y en calidad, dependiendo del tipo y características del animal, y garantizar el estado de salud de ese animal para que no sufra, no se enferme y no transmita enfermedades a personas o a otros animales: para ello debe suministrarle los cuidados correspondientes, con visitas periódicas al veterinario y respetando el calendario de vacunaciones y desparasitaciones indicado por el profesional, y evitar que muerda o agreda a personas o a otros animales. Ya dije que hay que conducirlo con collar y correa y de ser necesario con bozal, y evitar la contaminación ambiental con deyecciones, especialmente en espacios públicos: debería enseñarle a su animal a hacer sus necesidades en su propio domicilio en lugar de usar la plaza del barrio como baño público. Y también hay que evitar la deambulación, ya que ocasiona accidentes: los que dejan a su perro suelto en la vía pública deberían comprender que eso equivale a extenderle prácticamente un certificado de defunción, porque en una ciudad como Buenos Aires, donde hay casi tantos autos como personas, más las distintas líneas de colectivos, los taxis, remises, motos y bicicletas, ese animal va a terminar atropellado.
–¿Y qué pasa con los gatos que se escapan?
–Los gatos se escapan porque no están castrados, y ese es otro tema. Lo que debería hacer una persona que tiene un animal doméstico en una vivienda que no dispone de espacio es proceder a la esterilización quirúrgica, o sea, a operarlo. De este modo se evitan las peleas por reproducción, el problema de que la hembra salga a buscar macho cuando está en celo y la multiplicación, porque si queda preñada y tiene cachorros, uno no sabe qué hacer con la cachorrada y después tenemos una caja con gatitos en la puerta de la iglesia, del hospital o de la escuela, o en la plaza; total, después alguien los va a adoptar. Y no es así, porque a veces alguien se lleva un gatito o dos, y los que quedan sufren enfermedades y se mueren. ¿Y entonces de quién es la culpa, de la gata que quedó preñada o del humano que era propietario de la gata y no la operó?
–¿Qué puede hacer si no tiene los medios para costear la operación?
–En la ciudad puede concurrir a lugares como el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, que depende del Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad, o a organizaciones de protección o de bienestar animal, que castran gratis. Se han instituido programas de castración de animales –técnicamente, de esterilización quirúrgica–; en el Instituto Pasteur damos más de quinientos turnos todos los meses, y además tenemos dos quirófanos móviles en los que vamos a los barrios. Y dentro del Gobierno de la Ciudad funciona la Agencia de Protección Ambiental (APrA), que depende del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, y que tiene un Departamento de Sanidad y Protección Animal, con dos veterinarios que van a castrar a distintos lugares. El Hospital Escuela de la Facultad [de Ciencias Veterinarias de la UBA] está arancelado, pero si viene una persona que justifica no tener dinero, casi seguramente van a operar gratis a su animal. Hay una oferta bastante importante de cirugía para aquella persona que tiene un felino o un canino y no desea que se reproduzca, incluso si no dispone de medios para abonar la operación a un veterinario privado.
–Algunos propietarios de animales de raza no quieren castrarlos para poder sacar cachorros…
–Está bien, siempre y cuando esos cachorros no sean abandonados. Si usted tiene un animal no es obligatorio castrarlo, no lo ordena ninguna ley; es su responsabilidad, por eso volvemos al tema del propietario responsable. Si se trata de un animal genéticamente puro de una raza determinada, y usted quiere que tenga descendencia para mantener el pedigrí, lo puede hacer; pero en la ciudad de Buenos Aires están prohibidos por ley los criaderos de animales con fines comerciales.
–Noto que usted no emplea el término “mascota”, que está tan en boga.
–No, generalmente no uso esa palabra, que probablemente sea la deformación del término francés mascotte, que significa “amuleto”; los norteamericanos usan la palabra pet para designar al animal doméstico de compañía. Creo que acá el término “mascota” entró en los años 90, como tantas otras cosas; lo cierto es que antes no se lo usaba: eran el perro, el gato. Después se cambió por animal doméstico de compañía para significar que ese perro y ese gato tenían la función social de acompañar al humano conviviente, y así diferenciarlo de los animales domésticos de trabajo y de producción. Un caballo que tira de un carro es un animal doméstico de trabajo, como también pueden serlo los perros de seguridad; después tenemos los animales domésticos de producción y de consumo, que son los que se consumen habitualmente: aves de corral, porcinos, ovinos y bovinos fundamentalmente.
–Pasando a un tema difícil, ¿hay mucho maltrato de animales en la ciudad?
–Hay muchísimo maltrato, lamentablemente, y asume distintas formas. La más importante y más común es el abandono: tener un animal bajo techo, con agua, comida y cuidado y de golpe, por la razón que sea, abandonarlo, es el exponente más alto de maltrato hacia ese animal. Con los felinos puede no ser tan grave porque todavía conservan cierto espíritu de vida libre: un gato se las arregla más o menos para cazar un pajarito, puede ir a revolver un poco de basura y además sabe vivir en altura: se sube a un árbol y evita ser atacado o molestado por humanos o sufrir un accidente de tránsito. El caso del perro es mucho más serio, porque no está habituado a la vida salvaje y en la ciudad no tiene muchos más recursos que revolver basura, y está expuesto a maltrato de otras personas y de otros animales, a accidentes de tránsito y a muchas enfermedades. Después vienen otras formas: agresiones físicas, amputaciones para mantener los estándares de ciertas razas, salir de vacaciones dos meses y dejar al animal solo en un patio, sin comida ni agua, como ha ocurrido. El ser humano, en muchos casos, dista bastante de un ser y de un humano. En esos casos, lo que hay que hacer es ir a la comisaría del barrio y hacer la denuncia; y si no, hay un juzgado; y si no, está la comuna. Existen leyes que protegen al animal y evitan la crueldad y el maltrato, hay que hacerlas cumplir y sancionar a quienes las infringen.
–¿Cuáles son esas leyes?
–Hay una ley de protección animal que viene de la época de Sarmiento; y también una ley específica sobre maltrato animal, que es de1954 y continúa vigente; está firmada por Perón, y en su articulado se describe qué se considera crueldad o maltrato animal, incluyendo el abandono. También contamos con legislación más cercana, como la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que es de 1996 y especifica claramente que la ciudad tiene que evitar la crueldad y el maltrato animal, y eso se cumple desde la Agencia de Protección Ambiental del Ministerio de Medio Ambiente a través del Departamento de Sanidad y Protección Animal.
–Por último, ¿qué puede hacer el propietario si su animal muere?
–Si está atendido por un veterinario privado de la ciudad de Buenos Aires, este profesional debe dejar el cadáver del animal en su clínica o consultorio, porque está obligado a tener contratado un servicio para disposición de residuos patogénicos y restos de animales; queda a criterio del profesional trasladar ese costo a sus clientes o no. Si ese no es el caso, el propietario puede llevar el animal al Instituto Pasteur, donde tenemos contratada por el Gobierno de la Ciudad a una empresa que tres veces por semana pasa a recoger los residuos que se generan en el Instituto, más los cadáveres que lleva la gente; este servicio es gratuito. Esa empresa, así como lo hacen por lo general las que trabajan con las veterinarias privadas, lleva los restos a la provincia de Buenos Aires y allí procede a su incineración, porque desde1998 no hay horno crematorio de animales en la ciudad.

