Abril 2012
CONFLICTO POR LA CONSTRUCCIÓN DE UNA ESTACIÓN DE SUBTE EN RECOLETA
El urbanicidio del Gobierno de la Ciudad
Por Miguel Ruffo

Los porteños tenemos una relación conflictiva con el espacio urbano. No lo conocemos, no lo valoramos, no lo preservamos. Peor aún es cuando el gobierno, que debería tener una política preservativa del patrimonio y educar a los ciudadanos para que lo valoren, se convierte en su principal destructor.
No es una política del hoy, sino que proviene de larga data, tal vez desde el momento en que la generación del 80 decidió modernizar Buenos Aires y destruyó la ciudad hispánica y criolla. Pero en los últimos años se va despertando la conciencia de la preservación del espacio urbano, como lo demuestran organizaciones como Basta de Demoler. Acabar con la cultura de la demolición demandará una larga y persistente política educativa y enfrentar a los intereses inmobiliarios que especulan con la renta del suelo.
Valgan estas palabras iniciales para introducirnos en un tema concreto. Se trata del que afecta actualmente a la plaza Intendente Alvear, comúnmente asimilada a plaza Francia por su proximidad. El Gobierno de la Ciudad pretende construir en su predio una estación de subterráneos. Los vecinos se movilizaron para proteger la plaza y mediante la interposición de un recurso de amparo ante la Justicia lograron que se detuvieran las obras. Sin embargo, el tozudo e ignorante Gobierno de la Ciudad apeló la medida judicial.
El sistema de parques y jardines del bajo de la Recoleta fue diseñado por Carlos Thays, por entonces Director General de Paseos de la Ciudad, uno de los paisajistas más importantes que tuvo no sólo Buenos Aires sino también la Argentina. Sonia Berjman y Carlos Thays (descendiente homónimo del célebre paisajista) manifiestan en La Nación del 14/03/12: “Agreguemos la significación que la comunidad ha construido a través de muchas generaciones que lo han vivido, gozado y calificado de uno de los enclaves preferenciales para actividades culturales, lúdicas y educativas. El mundo ve en la Recoleta a una de las postales más características de Buenos Aires”.
Nada de esto interesa al Gobierno de la Ciudad: por sus directivas se arrancaron árboles centenarios y se avasalla un espacio de alta densidad histórica y paisajística; todo bajo el pretexto de construir una estación de subterráneos. No importa que aseguren que los árboles se plantarán nuevamente. Lo relevante es que al habilitar una boca de subterráneos en este espacio, se le cambia su significado. Imaginemos a miles de personas transitando por la plaza buscando la entrada del subterráneo; imaginemos a estas personas pisando alocadamente el césped, y tendremos una plaza a la que se le ha cambiado el sentido. Convertirla en un sitio donde se redistribuyen pasajeros para el transporte urbano sería convertirla en objeto de depredación.
Los recursos ante la Justicia se han constituido, tal como señala en La Nación Pablo Tomino, en una “modalidad de reclamo [que] es alimentada por organizaciones proteccionistas y asociaciones de vecinos, atentos al cuidado del patrimonio histórico y de las leyes que rigen sobre determinados bienes públicos del ejido urbano porteño […]. El denominador común de estos reclamos es, en términos generales, que las intervenciones urbanas ‘modifican la traza tradicional’, ‘hacen peligrar un bien patrimonial’ o ‘son incómodas’ y ocasionan distintas molestias en el barrio”.
En Clarín del 18/02/12 leemos: “Las obras de extensión de la línea H de subterráneos obligan a modificar una de las postales típicas de la ciudad, la barranca de plaza Francia, en Recoleta. Este espacio verde fue diseñado por el paisajista francés Carlos Thays, quien dejó su sello en otros sitios de la ciudad como los bosques de Palermo y la plaza San Martín, entre muchos otros. En plaza Francia plantó una decena de palmeras –a fines del 1800– que en estos días fueron removidas por SBASE, la empresa de la ciudad encargada de las obras del subte. ‘Fueron transplantadas a otros sectores de la plaza. Las palmeras tienen algo más de seis metros; deberían tener al menos 25 para considerar que son plantadas por Thays’, dijeron en SBASE. A cambio, la constructora Techint-Dycasa proveerá de 850 ejemplares al vivero de la ciudad. Vecinos y gente de la ONG Basta de Demoler realizaron ayer una visita al lugar y denunciaron los cambios ante la Defensoría del Pueblo de la Ciudad”.
No importa si Carlos Thays plantó o no las palmeras. Lo que debe debatirse es el significado de los espacios urbanos. No podemos convertir una plaza más que centenaria en un centro de redistribución de pasajeros en el transporte público urbano. Aunque los árboles fuesen transplantados se modificaría, y en un sentido negativo, el simbolismo de ese espacio.
Es hora de que los porteños miremos la ciudad con el afecto que esta merece. Y aun más: es hora de que el Gobierno eduque estéticamente a la población. Basta de demoler no para congelar a la ciudad, sino para rescatar nuestro patrimonio y preservar sus sentidos primigenios. Así se deben educar las nuevas generaciones, si queremos ser ciudadanos y tener sentido de nación.

