Noviembre 2012
EDITORIAL
Tiempos ProKaces
Por Víctor Pais

Las grandes corporaciones inmobiliarias que operan sobre el territorio de la ciudad no se quedan quietas. Son el poder económico real y como tal son también un poder político en las sombras.
Con sus determinaciones y su influencia transformaron de la noche a la mañana el supuesto antagonismo feroz entre macristas y kirchneristas, revestido de una confrontación entre quienes dicen encarnar una “moral republicana” y quienes se autoproclaman protagonistas de una “épica nac&pop”, en un vil toma y daca propio de ávidos mercaderes de baratijas (claro que lo que estaba en juego no eran precisamente baratijas).
Lo afirmado arriba se hizo más que evidente en recientes sesiones en la Legislatura porteña en las que esta institución quedó convertida en una gran oficina de negocios inmobiliarios relacionados con el espacio público de la ciudad: por las leyes que allí se votaron, una buena porción de la superficie que pertenece al espacio público porteño caerá en manos de poderosas empresas privadas.
Recordemos. Los macristas ganaron la elección en la ciudad sin ocultar su beneplácito por la idea de que es necesario atraer inversionistas para generar empleo y prosperidad. Pero nunca se atrevieron a plantear en la campaña electoral que tal fin se iba a realizar centralmente a expensas de enajenar el espacio público e incentivando el desembarco de empresas con exenciones impositivas como la de no pagar el ABL, el cual sí se hace pagar sin miramientos a jubilados y ciudadanos de pocos recursos.
Lo de los kirchneristas es aún más obsceno pues han repetido hasta el cansancio el estribillo acerca de la importancia del rol del Estado y de la defensa de lo público. Pero en realidad los kirchneristas porteños no están haciendo otra cosa que ponerse a tono con sus pares de tierra adentro, si aceptamos la tesis de que los emprendimientos inmobiliarios son a la ciudad de Buenos Aires lo que el negocio de la megaminería, el de la soja transgénica y el de la cuantiosa actividad petrolera no estatizada son a unas u otras provincias.
En los tiempos ProKaces que estamos viviendo en nuestra ciudad, macristas y kirchneristas, en el juego de ser archienemigos, abandonaron la tregua al día siguiente del pacto que alumbraron. Pero eso no quita que el común compromiso de unos y otros con magnates –que muchas veces son los mismos– no sea premisa insoslayable del sistema socioeconómico actual.

