TPL_GK_LANG_MOBILE_MENU

 

bantar 

TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 30 de mayo de  2026

Octubre 2012

EN EL TEATRO DEL ABASTO

Ping pong fabril

Por Laura Iglesias Liste


En el Teatro del Abasto, Rodolfo Demarco y Fernando Gonet le dan vida a Hernanito, magnífica e inquietante pieza escrita por Alejandro Acobino.


Que una obra de teatro reúna algo tan heteróclito como una fábrica metalúrgica, un empleador ventrílocuo o un obrero evangelista señala –en una primera mirada– una conjunción al menos extravagante, difícil de reconciliar. Pero en el universo de la dramaturgia de Alejandro Acobino, la obra se ensambla con inteligente costura, en una relación de sentido que excede a los clásicos lineamientos de las relaciones de poder, e incluso los invierte.

Hernanito se despliega –quizá se oville– sobre la figura del doble, de un “otro” alienado y a la vez alienante, que se reproduce, se interroga y se contesta en auténtica dialéctica esquizoide. Un ventrílocuo –un artista hijo de artista, para reforzar la simetría biológica– decide cambiar su derrotero “vocacional-familiar” para convertirse en “Jefe” de una fábrica metalúrgica. Contrata a un obrero algo adusto y aplicado, que parece servirle de propia reformulación existencial. A partir de allí, el relato se abrirá ante la poética del desencanto: la retórica del empleado actúa como palabra especular sobre la realidad del empleador y el cotejo entre estos dos mundos, aparentemente dispares, deviene en una amenaza sobre los límites de la relación laboral. El lenguaje, la identidad, el deseo, el lugar del artista se escurren como problemas que, ni bien se los intenta callar, estallan con patetismo, humor, crudeza y reciprocidad entre los dos personajes. Uno censura el “chingy” de la música “jornalera”, el otro extingue el palabrerío del patrón con el motor de la máquina. Con todos sus dobleces, la violencia discursiva se muestra y se diluye en el ambiente lúdico de un ping-pong territorial, en una jornada de lluvia que confraterniza o en la fortuita semioscuridad que los obliga a relatarse sus historias, de industria, familia y religión, ahí, en el contrapunto exacto entre la rigidez de la aleación, y la intimidad confesa.

Secciones

Contacto

Nosotros

Archivo