Julio 2012
MARÍA INÉS RODRÍGUEZ AGUILAR, DIRECTORA DEL MUSEO ROCA
“Hay una relación muy simplificada con el pasado”
Por Haydée Breslav

La campaña Chau Roca, lanzada a partir de la presentación de un proyecto del diputado de la Ciudad Alejandro Bodart (MST) que propicia, entre otras cosas, el traslado del monumento a quien fue dos veces presidente constitucional, e impulsada por Osvaldo Bayer, ha dado lugar a actividades en las cuales se han denostado distintos aspectos de la vida pública de la figura dominante de la República conservadora. Como aporte al debate presentamos esta entrevista con la historiadora María Inés Rodríguez Aguilar, directora del Museo Roca.
–¿Qué opinión le merece la campaña Chau Roca?
–Una campaña sobre “chau Roca” o “chau” cualquier otro presidente o cualquier otro protagonista de la historia es en primer lugar autoritaria, porque no se pueden decretar, ni votar, supresiones históricas; como también es autoritario ir contra la opción de un sector de la población que votó dos veces a un presidente. Las omisiones por decreto son antidemocráticas: ningún sistema plural tolera que se invisibilice a protagonistas de la historia de cualquier espacio ideológico; si uno empieza a adherir a esos mecanismos termina preguntándose, como Brecht, cuándo vendrán por él.
–La idea es trasladar el monumento…
–El monumento a Roca surgió de una ley votada por unanimidad en ambas cámaras del Congreso en 1925; todos los sectores del pensamiento democrático acordaron establecer una memoria para aquel que entonces se reconocía como el gran articulador del Estado nacional. Votó Alfredo Palacios, votó todo el mundo a favor de erigir un monumento, que se hizo por suscripción pública; además, se recibieron adhesiones de todos los clubes y las bibliotecas socialistas, de las asociaciones tradicionalistas, de las asociaciones étnicas, de los clubes deportivos… Todas las instituciones de la esfera pública de todas las vertientes de las prácticas culturales adhirieron y contribuyeron a los fondos para erigir el monumento. Hubo concurrencia del Poder Ejecutivo Nacional y del poder local para elegir un lugar de preeminencia que articulara el tránsito y simbolizara la modernización de la ciudad; para realizarlo se organizó un concurso internacional que ganó el escultor uruguayo José Luis Zorrilla. La obra se demoró: Osvaldo Bayer no tiene en cuenta que para cuando el hijo de Roca era el vicepresidente el proyecto ya contaba con diez años de haber sido aprobado. El monumento se terminó después de 1935, pero hay que leer los fundamentos de los votos del 25, sobre todo los de los radicales que se expresaron con conceptos muy elogiosos de la gestión de Roca.
–Actualmente se lo califica de genocida.
–Acá hay que pensar bien qué quiere decir genocidio, teniendo en cuenta primero que es un término acuñado en el siglo XX, que se comienza a definir y a instalar en el orden cultural internacional a partir de la experiencia del nazismo, y que significa que un Estado y una sociedad acompañan un exterminio producido por las prácticas de ese mismo Estado. Creo que equiparar la expedición al desierto con el genocidio nazi o con el genocidio turco de los armenios es forzar interpretaciones con conceptos tanto ideológicos como culturales que se introducen 60 años después.
–¿Cuáles son las circunstancias en que se realiza la Campaña del Desierto?
–Hacia 1879 se había originado en el seno de la sociedad argentina un debate acerca de las urgencias que tenía el Estado de asegurar sus fronteras, situación que venía pendiente desde 1833 con la primera campaña de Rosas, que en proporción a los kilómetros avanzados y la cantidad de indios muertos fue mucho más sangrienta que la de Roca. En el momento del debate también había otro Estado que buscaba su frontera, que era Chile, y una gran masa geográfica que no tenía ningún estudio serio, ni cartográfico, ni de agrimensura, ni de ningún tipo de relevamiento, porque estaba administrada por tribus indígenas que por supuesto no reconocían lo que se llama frontera. En ese momento el Estado argentino decide, luego del debate, que no quiere hacer una guerra tipo norteamericana; también se discutió si se iban a hacer reservas indígenas o no; en definitiva, el acuerdo final es que se avance sobre el territorio y comience un proceso de asimilación forzada de los indígenas que lo pueblen bajo las normas, reglamentos y leyes que el Estado nacional propone en 1879. Esta es, en sí, la Campaña o la Conquista del Desierto.
–Lo que no parece precisamente una política amigable…
–Uno puede pensar que había un avance autoritario sobre culturas que también tenían una historia, y efectivamente no existía un paradigma antropológico que hablara del respeto a la cultura del diferente; los conceptos de paridad y de diversidad cultural son bastante más tardíos. En 1879 todavía había en todo Occidente una supremacía de la cultura, digamos, blanca, una legitimidad cultural que ponía a lo occidental, blanco y cristiano sobre aquellos a los que se denominaba en general los bárbaros. Pero también hay que pensar qué pasaba con “el otro cultural” en 1880: Brasil todavía comerciaba esclavos (en ese país la abolición de la esclavitud es de1888), sólo hacía cinco o seis años que había terminado la Guerra de Secesión de Estados Unidos y, aunque Inglaterra había declarado que el tráfico de esclavos era ilícito, numerosas naves, tanto portuguesas como inglesas, se dedicaban a eso. No eran tiempos de concebir actores sociales en plenitud de derechos y de libres elecciones de sus destinos finales, sino del gran auge de los colonialismos europeos sobre el África y el Oriente.
–Pasando a la gestión de Roca, ¿a qué sector puede decirse que representaba?
–Roca fue presidente del 80 al 86 y del 98 al 4, elegido por la democracia de base restringida de1880: no votaban las mujeres, las elecciones eran bastante manipuladas y bastante cuestionadas por los otros partidos. Hacia comienzos del siglo XX el Estado liberal, alertado por el hecho de que este orden conservador tenía sus limitaciones, genera lo que se llama el reformismo liberal, que empieza a acordar ciertas libertades civiles y sociales. Roca representaría entonces a un Estado del orden conservador elegido democráticamente, como hemos dicho, en esa democracia restringida; pero también es un hombre que construyó mediante el positivismo y el higienismo un sistema sanitario que aún hoy persiste. Además, generó en el 84 una ley de educación común laica, obligatoria y gratuita, así como una legislación en apoyo de la pluralidad con el matrimonio civil. Y si bien la sociedad no tenía demasiadas alternativas políticas, esa situación se va a remediar con la ley de1912 que también está pautada desde el 6, hablada por Mitre y por Roca, quienes, junto a Sáenz Peña, crean las tramas para que esa ley dé salida a una oxigenación de un sistema político restringido.
–Es decir que esa gestión tuvo importantes logros…
–Se pueden encontrar muchos puntos positivos en la gestión de Roca: el primero, que fue una gestión laica, lo que ya era bastante en 1880. Después, como dije, las políticas de salud del Estado con la implementación de la red de hospitales, la aplicación de vacunas y la creación de la Asistencia Pública; también favoreció mucho a los hospitales étnicos como el Español y el Francés, que ya venían funcionando pero no con el volumen que después alcanzarían. Y se fortalecen las instituciones educativas: sobre todo en el segundo gobierno, se aplica el concepto de la educación al servicio de la industria y se crean las grandes escuelas técnicas como el Otto Krause; también se crea la Escuela de Lenguas Vivas para que la enseñanza de idiomas sea pública y gratuita, en función de la expansión de conocimientos en el nuevo orden internacional. En cuanto a la obra pública, se hacen los tan famosos debates sobre los puertos con Eduardo Madero, bajo cuya dirección se inician las obras durante la primera presidencia de Roca; este designa en ambas a sendos intendentes muy buenos, sobre todo Torcuato de Alvear, en cuya gestión se moderniza el diseño de la ciudad.
–¿Y en cuanto a la cultura?
–Hay que decir que, en sí, la cultura no era objeto de la política pública; en casi ningún lugar del mundo concurrían a la esfera pública instituciones que tuvieran pertinencia con el arte y la literatura, y no se pensaba, como lo haríamos hoy, en términos de una política cultural. En general, el énfasis estaba puesto en una política educativa; eran muchos los literatos y ensayistas que trabajaban para el Estado en el ámbito de la educación, entre ellos Ricardo Rojas. Lo que sí hay, tanto en el 80 como a comienzos de siglo, es una circulación democrática de los saberes: los dirigentes creen que esa sociedad inmigratoria que los preocupa porque no es de origen argentino tiene que sentirse identificada y de pertenencia mediante un arte nacional y una escuela pública; así empiezan a celebrarse rigurosamente, con la ritualidad escolar, el 25 de mayo y el 9 de julio, se incluyen lecturas de textos de la historia argentina, a partir del 80 se pone gran énfasis en el tema de Mayo.
–¿Eso era parte de una política de Estado?
–Sí, se considera que es tarea del Estado argentinizar y construir identidades sociales, para que los hijos de inmigrantes se sientan parte de la sociedad argentina. Es un debate que siempre acompaña todo este largo proceso de los 80, que tiene que ver con el ejercicio de la ciudadanía y la nacionalización de los inmigrantes, un tema que preocupa mucho a la clase dirigente que, si bien tenía una mirada muy descalificatoria hacia el indígena, pensaba una sociedad de hijos de inmigrantes con derechos económicos y sociales y, a partir de la ley de 1912, también políticos.
–¿Por qué cree que hoy se ataca a Roca con tanta virulencia?
–Hay un sector que tiene una relación muy simplificada con el pasado, influenciada por los debates de los 70 y por motivos ideológicos, que cree que ha habido un liberalismo maléfico que es el causal de todas las desigualdades que el capitalismo ha traído. Esta idea se debe a nuestros amigos nacionalistas, que en 1930 vacían al liberalismo de todo contenido positivo; en realidad, lo que hacen el 30 y también el 43, desde los nacionalismos, es combatir el “vaciamiento moral” que había propuesto el liberalismo porque era un Estado ateo y plural, y la idea de la patria del 30 no es una idea de pluralidad. El discurso resulta mucho más simple y de mayor adhesión porque retira la responsabilidad política de lo que pasa hoy y la retrotrae al siglo anterior: ¿dónde estamos nosotros como sociedad, haciéndonos cargo individual y socialmente de la problemática política y social en el hoy?, ¿dónde se ejerce el verdadero compromiso cívico-político, si la responsabilidad se traslada a cosas que pasaron hace ciento veinte o ciento treinta años, como el roquismo?

