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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 30 de mayo de  2026

Julio 2012

EDITORIAL

Suertes

Por Víctor Pais


En un tramo de uno de sus últimos discursos, en el mismo en que revalidó la confiscación que constituye el impuesto al salario, Cristina Kirchner habló de “la suerte de los que tienen trabajo”.

Como si ser parte del circuito productivo de un país y recibir por eso una remuneración, en la mayoría de los casos insuficiente para una subsistencia digna, se tratara de un privilegio y no de un derecho.

 

Es verdad que tanto la presidenta como sus portavoces, a lo largo de su gestión, también se han llenado la boca hablando de manera genérica de los derechos de los trabajadores, muchas veces adjudicándose conquistas que no les pertenecen o incluso falsificando estadísticas. Pero dentro de toda esa chorrera discursiva, de esa retórica vacía con la que nos abruman permanentemente, suelen filtrarse cada tanto algunas ideas o expresiones en las que la esencia ideológica de su pensamiento se revela de un modo descarnado: “la suerte de los que tienen trabajo”.

Fue un lugar común hablar de la “suerte de los que tienen trabajo” en la tan denostada década de los 90. Y aún hoy buena parte de los sectores más oprimidos de la población, para quienes la injusticia resulta algo natural y que debe soportarse porque Dios lo quiso así, pueden llegar a sentirse identificados con esa expresión. “Ellos te dan, ellos te quitan” es la idea fatalista que subyace en sus conciencias.

Pero otro es el cantar cuando se dice desde un lugar de tanto poder como el de nuestra actual presidenta. Ahí se vuelve un “yo te doy, yo te quito” lo que flota en el trasfondo de aquella frase desafortunada para alguien que pretende pasar por persona de ideas avanzadas.

Imaginamos entonces que si la presidenta considera que es una suerte tener trabajo, al que percibe un salario que supera el mínimo no imponible debe visualizarlo como un ser maravillosamente afortunado. Por eso, qué gran mezquindad demuestran quienes quieren que se elimine este impuesto y así dejar de hacer una contribución de una parte de lo que ganan a las arcas de un Estado que, por supuesto, tiene como prioridad el “bien común”… El “bien común” de los que se enriquecen a raudales a costa del trabajo ajeno.

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