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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 30 de mayo de  2026

Junio 2012

GOHAR VARDANYAN, GUITARRISTA

“Cuando uno toca lo que le gusta, lo toca mejor” 

Por Haydée Breslav

Fotos: Silvia Giser

Gohar Vardanyan es una joven guitarrista armenia que desde los trece años reside en los Estados Unidos, donde obtuvo un máster en su especialidad por el prestigioso conservatorio neoyorquino Juilliard School y desarrolla una carrera como solista que ya incluyó numerosas presentaciones en distintas ciudades de ese país, así como una activa labor docente. Recientemente pasó por Buenos Aires para visitar a su madre, Hasmik Mkrtichian, quien es vecina de La Paternal e hizo las veces de intérprete en la presente entrevista.

 

 

Gohar Vardanyan tenía cinco años cuando recibió las primeras lecciones de su papá, quien le regaló la primera guitarra; las dos que hoy tiene, “una para conciertos y otra para la enseñanza”, fueron elaboradas por el célebre lutier mexicano Germán Vázquez Rubio.

Actualmente dedica al estudio entre tres y cuatro horas diarias. “Si son menos de tres, no hay tiempo para practicar todo lo que necesito; si son más de cuatro, es como que la cabeza ya no me funciona”, aclara.

Para elegir repertorio, se guía por un criterio hedónico. “Elijo todo lo que me gusta porque nadie me obliga a tocar algo determinado; pienso que cuando uno toca lo que le gusta, lo toca mejor”, dice. Y califica a ese repertorio de “ecléctico, porque incluye compositores de España, Alemania, Italia… y no hay una especialización”. Se trata de “originales para guitarra y de transcripciones, porque no hay muchas obras escritas para el instrumento”.

En cuanto a sus compositores preferidos, expresa: “En el mundo de la guitarra son muchos los que me gustan, Joaquín Rodrigo es uno de ellos, pero no puedo elegir uno solo”. De entre los latinoamericanos nombra al paraguayo Antonio Barrios, “que tiene muy lindos valses para guitarra” y al brasileño Joao Pernambuco. ¿Y de los argentinos? “Piazzolla, por supuesto”.

Destaca que su repertorio incluye Verano porteño y sendas piezas de los argentinos Jorge Morel y Jorge Cardoso. “Ahora empecé a estudiar Primavera porteña, que me encanta: es una joya”.

Cuenta que tuvo el primer contacto con la música argentina en Armenia, cuando era chica. “Mi papá tenía muchas grabaciones; los músicos armenios tienen un gran interés por lo que se hace en otros países. Además, no es muy vasto el repertorio de música armenia para guitarra, y los guitarristas necesitamos aprender de otras culturas”.

Interviene Hasmik: “El temperamento de la gente también es afín, por eso la música argentina llega rápido al oído armenio y se asienta en seguida. Muchos armenios que nunca habían escuchado música folclórica argentina, cuando la conocen, captan inmediatamente el ritmo; incluso aquellos que no son músicos y no están muy interesados en la música clásica, o no les interesa el folclore de otros países, cuando escuchan música argentina se enamoran en seguida”.

En lo que hace a sus ejecutantes preferidos, Gohar señala: “En la guitarra clásica quiero mencionar a dos de mis profesores: Manuel Barrueco, un guitarrista cubano-norteamericano, y Sharon Isbin, una ejecutante norteamericana; en el mundo flamenco me gusta Paco de Lucía, como a todos”.

Reconoce que en los Estados Unidos un instrumentista joven debe enfrentar no pocas dificultades. “Es difícil abrirse camino: en tiempos de [Andrés] Segovia, como eran muy pocos, triunfaban porque no había mucha competencia; en cambio ahora egresan de los colegios muchos y muy buenos guitarristas jóvenes, y la competencia es muy dura”.

Sin embargo, cuentan con un público interesado. “En Estados Unidos, la guitarra le gusta a mucha gente, justamente hay sociedades de guitarra que organizan y financian conciertos; funcionan como organizaciones sin fines de lucro y a veces reciben subsidios del gobierno, que las ayuda porque difunden el arte. Ese apoyo no es mucho, porque en Estados Unidos el presupuesto destinado al arte es más bien escaso, pero también es cierto que algunos estados y ciudades disponen de reservas para ello”.

Ese público no es el mismo en todas partes. “Depende de la ciudad y de la cultura que esa ciudad tenga; en Nueva York, el nivel cultural es alto y el público que asiste a un concierto sabe de música y tiene opinión propia, pero hay ciudades en las que la gente no es muy entendida en música clásica y va a los conciertos para conocer, o simplemente para disfrutar”.

La crítica musical de ese país le merece una opinión muy particular. “No puedo emitir un juicio definitivo sobre la crítica porque esta depende de muchas cosas, incluso del estado de ánimo del especialista que comenta un concierto: puede llegar a decir que un buen concierto es malo porque ese día está de mal humor, y otras veces un concierto mediocre le parece bueno porque está de mejor talante. Y si esa crítica aparece en el New York Times, por ejemplo, es respetada, porque se considera que quien allí escribe está autorizado para opinar”. ¿Y es así? “A veces sí y a veces no”.

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