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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 30 de mayo de  2026

Marzo 2012

30 AÑOS DE LA JORNADA NACIONAL DE PROTESTA CONTRA LA DICTADURA

Por paz, pan, trabajo y democracia

Por Miguel Ruffo

En este marzo se cumplen 30 años de la manifestación más importante de la clase trabajadora contra la dictadura. Aquí, los pormenores de esa jornada que marcó el comienzo del fin de un régimen sanguinario.

 

El 30 de marzo de 1982 la Confederación General del Trabajo (CGT) ubicada en la calle Brasil, conocida popularmente como “CGT Brasil” y encabezada por Saúl Ubaldini, organizó una Jornada Nacional de Protesta contra la dictadura militar. En Buenos Aires los manifestantes debían confluir en la Plaza de Mayo alrededor de las 17. Se trataba de “decir basta a este Proceso que ha logrado hambrear al pueblo, sumiendo a miles de trabajadores en la indigencia y la desesperación”, según consignaba la convocatoria de la central obrera.

Se vivían los últimos años de la dictadura militar que asolaba al país desde 1976 y que se había propuesto como objetivo redefinir económica y políticamente las relaciones entre la burguesía y el proletariado.

Como representante de los intereses de clase de la gran burguesía financiera, la dictadura pretendió alcanzar aquel objetivo por dos vías: por un lado, mediante el terrorismo de Estado, que a través del secuestro, tortura y asesinato de los militantes gremiales y políticos de la clase obrera privó a esta de sus sectores más conscientes y combativos, vale decir, de sus direcciones y vanguardia; fue la siniestra política de los detenidos desaparecidos; y por otro lado, a través de la política económica de José Alfredo Martínez de Hoz, la cual, privilegiando el interés financiero, la “tablita” cambiaria y la apertura económica indiscriminada, rompió con la estructura industrial del capitalismo argentino y modificó la anatomía económica de las clases sociales, ante todo del proletariado fabril que, al ser desarticulado, pudo ser fácilmente dominado por la gran burguesía.

No obstante estas políticas, hubo oposición obrera a la dictadura. Así, el 27 de abril de 1979 se convocó la primera huelga general; el 7 de noviembre de 1981, bajo la consigna “Paz, pan, trabajo”, se realizó un paro con movilización a la Iglesia de San Cayetano en el barrio de Liniers.

La jornada de marzo de 1982 estuvo precedida por numerosas luchas, desplegadas en las más difíciles condiciones. La dictadura, por entonces presidida por el general Leopoldo Galtieri, prohibió la manifestación que la CGT Brasil estaba organizando en Plaza de Mayo. La Nación del 30 de marzo titulaba: “Se impedirá la marcha de la CGT a Plaza de Mayo. Dispúsose un amplio operativo de seguridad. Vallado metálico frente a la Casa de Gobierno”.

Ese día, la ciudad, en particular el centro, parecía sitiada por automóviles policiales, motocicletas, carros de asalto, helicópteros... A la tarde, y pese a las advertencias de la policía, comenzaron a salir los gremialistas de la CGT Brasil de uno en uno en dirección a la calle Santiago del Estero. En esa esquina se agruparon y doblaron por esa arteria mientras Saúl Ubaldini gritaba a los periodistas: “No vamos a nuestros domicilios y no a nuestros empleos. Nos vamos a la Plaza de Mayo”. En Santiago del Estero y San Juan, el grupo había ascendido a un centenar de personas. En la calle Salta la policía detuvo a los manifestantes. En 9 de Julio y Moreno se produjo el primer incidente de gravedad. La columna –ya de 500 personas– estaba detenida y fue en ese momento cuando una docena de policías de la Montada arremetió contra todos. No obstante la violenta represión, en Lima al 300 se reagruparon los manifestantes. La policía volvió a cargar con gases y bastonazos. Algunos intentaron volver a agruparse en Lima e Hipólito Yrigoyen, pero la policía lo impidió.

Si bien la primera represión logró desbaratar el objetivo de los dirigentes de llegar a la plaza, en el cruce de la 9 de Julio y Avenida de Mayo, a nueve cuadras de la Casa de Gobierno, entre las 17.45 y las 19.30, los obreros combatieron con las fuerzas represivas. Poco antes, a las 16.30, en Diagonal Norte y Florida, otro grupo de trabajadores fue blanco de las primeras detonaciones de fusiles lanzagases.

Los choques más serios entre la Guardia de Infantería y los trabajadores se produjeron en la intersección de Chacabuco y la Avenida de Mayo, en Diagonal Norte y Carlos Pellegrini. A las 17, los enfrentamientos se habían generalizado en todo el microcentro. A la policía se la atacaba con botellas y otros objetos que eran arrojados desde azoteas y balcones. Los manifestantes coreaban: “El pueblo unido jamás será vencido”, “Paz, pan, trabajo, la dictadura abajo”, “CGT, CGT”.

En la esquina de Diagonal Norte y Florida un patrullero arrolló a cuatro peatones. La policía requisaba colectivos para llevar a los detenidos. Una combativa columna de estibadores y ferroportuarios que marchaba desde el puerto fue violentamente reprimida por la prefectura y la policía. Otra columna obrera, fundamentalmente metalúrgica, partió de la zona de Lugano y Mataderos. Otra más, procedente de Plaza Alsina en Avellaneda, fue reprimida y disuelta y sus integrantes ingresaron a la capital en pequeños grupos. Los bancarios fueron salvajemente reprimidos en Reconquista y Diagonal Norte. También marcharon cinco cuadras 600 estudiantes –la FUA había respaldado a la CGT– que partieron de la Facultad de Medicina. Cuando faltaban 15 minutos para las 17, un grupo de manifestantes intentó acercarse a la Plaza de Mayo por la calle Defensa y fue enfrentado por la policía. A las 16.50, unas 100 personas marcharon agrupadas por la avenida Corrientes rumbo a la Plaza de Mayo, cuando en la intersección con Carlos Pellegrini fueron cruzados por automóviles policiales que les cerraron el paso con el apoyo de tres carros de asalto.

Dice Pablo Pozzi: “Al caer la noche, el centro de la ciudad era un pandemonio. La policía castigaba a los manifestantes con salvajismo, con disparos hacia los balcones, desde los cuales la gente gritaba contra la represión. Manifestantes y simpatizantes hacían frente a las fuerzas de seguridad y desde los edificios y las esquinas llovía todo tipo de proyectiles. Hubo entre mil y tres mil detenidos, dependiendo de la fuente utilizada”. Asevera el mismo historiador que la jornada del 30 de marzo “hirió” al Proceso y representa la base material de la conquista de la democracia y de la derrota de la dictadura.

Qué pasa, órgano del Partido Comunista, señalaba: “Es indiscutible que esta vez el llamado cegetista llevó a la calle bastante más que el activo gremial; en diversas empresas y sindicatos la marea fue más profunda; la participación directa –y no sólo la adhesión, la simpatía– fue más masiva que en cualquier otro momento desde 1976”. Por su parte, Nueva hora, órgano del Partido Comunista Revolucionario, analizaba: “El 30 de marzo pasará a la historia como una de las jornadas más importantes de la lucha obrera contra la dictadura que hace seis años asola el suelo patrio. Ese día, respondiendo a la convocatoria de la CGT, miles de obreros […] se concentraron en el centro de Buenos Aires y […] otras ciudades del interior, desafiando las amenazas y advertencias machacadas por radio y televisión y dispositivos gigantescos de represión, montados para intimidar y abortar la manifestación”. Pero advertía también: “La movilización no fue discutida, resuelta y organizada en las fábricas y lugares de trabajo y esa carencia fue notable en la movilización misma […] no fue inscripta, en un plan de lucha coherentemente explicitado, ni fue precedida por reuniones de delegados y asambleas de fábrica, oficinas, etc. […] donde se resolviese un programa claro y la modalidad más adecuada para movilizarse en las condiciones del fascismo”.

Tras el 30 de marzo, vino el 2 de abril y el desembarco en Malvinas; la dictadura trataba de encabalgarse en una reivindicación soberana para perpetuarse en el poder. Pero sus días estarían contados.

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