16 de octubre de 2013
A PROPÓSITO DE LA CONDUCTA DE JUAN CABANDIÉ
Por Haydée Breslav

Una anécdota del general José de San Martín, ocurrida hace unos doscientos años, contrasta fuertemente con el reciente episodio que tuvo por protagonista a Juan Cabandié y pone de manifiesto la involución en la calidad de la dirigencia argentina.
Las maestras de la ley 1.420 solían contar a sus alumnos anécdotas de nuestros próceres. Entre las correspondientes a San Martín estaba la que había tenido por escenario el campamento del Plumerillo, en Mendoza, donde el general aprestaba a su ejército para emprender el cruce de la cordillera.
Para evitar riesgos, había ordenado que nadie entrara en el polvorín calzando espuelas, puesto que el roce de las rodajas con el piso podría hacer saltar chispas. Un día, el propio San Martín intentó ingresar en el lugar pero el soldado que custodiaba la entrada le cerró el paso, haciéndole notar que llevaba puestas las espuelas. El general le hizo presente al otro que se hallaba frente al jefe del regimiento pero, aferrándose al argumento de que la orden había sido impartida para todos, sin excepción, el soldado insistió en impedirle la entrada. San Martín lo felicitó y lo recompensó.
Como es de público conocimiento, el intendente kirchnerista del municipio bonaerense de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, despidió a una agente de tránsito complaciendo por demás un deseo del jefe del bloque kirchnerista en la Legislatura porteña, Juan Cabandié, quien se limitó a pedir que a la agente –que, dicho sea de paso, revistaba en la planta transitoria, con un contrato basura– le aplicaran “un correctivo” por haberle labrado un acta de infracción. En la discusión que sostuvo con la trabajadora, el legislador no dudó en invocar su condición de tal, ni tampoco la circunstancia de ser hijo de desaparecidos. Vale señalar que ambos funcionarios encabezan las listas de candidatos a diputados nacionales del Frente para la Victoria en sus respectivos distritos.
Las maestras de la ley 1.420 solían leerles a sus alumnos la oración laica, entonces célebre y hoy olvidada, que Belisario Roldán le dedicó a San Martín, donde lo invoca llamándolo “padre nuestro que estás en el bronce”.
¿Qué material elegirá la Historia para cincelar la memoria de Cabandié y de Insaurralde?









