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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 20 de mayo de  2024
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Festejos y vandalismo

Festejos y vandalismo

El 20 de diciembre pasado millones de personas ocuparon gran parte de la Ciudad de Buenos Aires con el objeto de festejar el tercer título mundial alcanzado por la selección nacional de futbol y ver pasar al camión con los jugadores. El epicentro de la concentración fue el Obelisco, ya que se había anunciado que los campeones pasarían por la avenida 9 de Julio.

Ocurrió entonces que un grupo de hinchas rompió a mazazos la puerta de ingreso al Obelisco y realizaron grafitis tanto dentro como fuera de él. El objetivo de estos vándalos era subir por la escalera marinera interna hasta alcanzar las ventanas de la cúspide y sacar por ellas banderas argentinas.

Dos días atrás, en los festejos que tuvieron lugar en el mismo momento de la consagración del seleccionado en Qatar, se había producido un episodio similar y la puerta del Obelisco tuvo que ser soldada.

No es la primera vez que ocurre un hecho de estas características. En cada festejo de un campeonato por un equipo de fútbol, siempre nos encontramos con un grupo que, como “trofeo”, se fija por objetivo violentar la puerta de acceso, subir por la escalera y alcanzar la cúspide, ya que en el ápice del monumento hay cuatro ventanas desde las cuales se puede hacer flamear insignias. ¿Qué nos ocurre como nación, como pueblo, que cotidianamente en las manifestaciones nos encontramos con grupos de exaltados que dañan los monumentos nacionales?

El Obelisco es un símbolo de Buenos Aires. Es a nuestra ciudad lo que la torre Eiffel es a París o la estatua de la Libertad a Nueva York. Fue construido en 1936 con el objeto de conmemorar el IV Centenario de la fundación de la primera Buenos Aires por Pedro de Mendoza. Por las circunstancias políticas que se vivían en los años 30, efectivamente, pocos sabemos que el hoy indiscutible ícono de la ciudad despertó en el momento de su levantamiento agudas polémicas artísticas, jurídicas y políticas, y que estuvo a punto de ser demolido. Sin embargo, rápidamente, el Obelisco se transformó en una referencia insoslayable de nuestro paisaje urbano. Escribió Joaquín Gomez Bas: “El obelisco, nuestro obelisco, se fue imponiendo por la sola razón de su presencia. Los ciudadanos empezaron a mirarlo con buenos ojos. Lo sintieron como un amigo, un habitante más de la ciudad. Se constituyó en punto de referencia, en una especie de vigía, en el símbolo de la altivez y de la dignidad”.

La obeliscofobia de los inicios fue superada en 1939 cuando el intendente Arturo Goyeneche consideró que “el obelisco es un monumento que está bajo la jurisdicción y custodia de la Nación a cuyo patrimonio pertenece”. Pero parece que no es sentido como amigo, no es considerado un habitante más de la ciudad por estos vándalos que están siempre presentes en toda manifestación popular. ¿Qué lleva a sectores populares a agredir a los monumentos nacionales? ¿A dejarlos embadurnados con múltiples pintadas cada vez que el pueblo tiene un reclamo o un festejo?

La degradación del sistema educativo, la banalización de la cultura, la creciente marginalidad social, la actitud de determinados dirigentes políticos que no respetan el patrimonio ni las tradiciones nacionales cuando deberían ser el ejemplo de ello (estoy pensando en la actitud de Cristina Kirchner en relación al monumento a Cristóbal Colón o en la de Mauricio Macri ante la vandalización del Parque Lezama) contribuyen a explicar este acto vandálico. Solo con un sistema educativo de calidad, solo difundiendo nuestros valores culturales, solo conociendo nuestras tradiciones, solo cultivando la cultura en el seno del pueblo, podremos algún día esperar que en las manifestaciones populares no se agreda a nuestro patrimonio.

“Símbolo de la dignidad”, dice González Bas para referirse al Obelisco; pues bien, este amigo solo podrá ser sentido y pensado como digno cuando las condiciones de vida del pueblo también sean dignas. La ruptura que hay entre los valores encarnados por los monumentos nacionales y los reclamos, aspiraciones y necesidades del pueblo solo se podrá quebrar con trabajo digno y educación de calidad. Que algún día podamos decir que la manifestación fue multitudinaria, pero no por ello el Obelisco o el Cabildo o la Catedral o el monumento que fuese resultó agredido.

El Obelisco nos espera para “mirarlo con buenos ojos”. Solo tratemos de imaginar cómo sería la intersección de las avenidas Corrientes, 9 de Julio y Diagonal Norte sin él y así comprenderemos la fuerza y el impacto visual de este Señor del Centro. Allí está el Obelisco; nos espera como amigo para que, cada vez que nos manifestemos en la Plaza de la República, recordemos que Buenos Aires ya cumplió más de 400 años. El Obelisco, “símbolo de la altivez y de la dignidad”, nos espera para abrazarlo con amistad.

Fuentes consultadas

Gallarino, Juan Francisco. “Así quedó la zona del Obelisco tras los festejos por el campeonato mundial de la selección”, La Nación, 21/12/2022.

Gomez Bas, Joaquín. “El Obelisco por dentro”, serdebuenosayres.blogpost.com.

Ruffo, Miguel. “Lejana Buenos Aires: El Obelisco, ícono porteño”, Tras Cartón N° 278, mayo 2016.

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