19 de mayo de 2012
FALLECIMIENTO DE REYNALDO MARTÍN
Jilgueros del suburbio viajaron en su voz
Por Haydée Breslav

Nos disponíamos a empezar el día escuchando a Gardel, cuando el conductor de la 2x4 informó de la muerte del Alemancito. Así lo llamó, apelando al apodo con el que se lo conoció cuando inició su carrera.
Fue a mediados de la década del 60, cuando el tango ya no ocupaba el primer lugar entre las preferencias del público de Buenos Aires. Algunos lo han atribuido a cambios en los gustos, sin advertir que ponían el acento en las consecuencias, y no en las causas; porque desde mediados de los 50, a favor de un esnobismo extranjerizante en algunas capas medias de la población, los medios de difusión se plegaron al proyecto de norteamericanos y europeos de imponer en el mercado mundial una música pasatista y comercial, en contra de las creaciones de carácter regional que representan la forma de ser de los pueblos.
Las herramientas que sirvieron a este proyecto fueron las filiales que los grandes sellos grabadores poseían en cada país. En el nuestro, por ejemplo, la RCA Víctor trajo a un cubano-norteamericano, Ricardo Mejía, quien creó un movimiento llamado “nueva ola” con un grupo de jóvenes que él mismo seleccionó, para lo que contó con el apoyo de su connacional Goar Mestre, poderoso empresario de la televisión, quien puso en el aire a todos ellos en el programa El club del clan.
En ese contexto, volcarse al tango significaba para un intérprete renunciar al éxito fácil para emprender un camino tan arduo y con tantos obstáculos que muchos lo abandonaron. Sin embargo, esa fue la elección que realizó un joven cantor llamado Reynaldo Martín.
Fue en 1964, cuando decidió presentarse a un concurso organizado por Radio El Mundo para elegir nuevos valores: fue uno de los ganadores. Bautizado con el apodo de El Alemancito por Antonio Carrizo, pronto logró sus primeros contratos para actuar por esa emisora y por televisión, y ese mismo año grabó su primer disco, acompañado por la orquesta de Roberto Pansera.
Dos años después, Ben Molar lo invitó a participar en la grabación de 14 con el Tango, que incluía temas compuestos por músicos de tango con letras de personalidades de la literatura y contaba con ilustraciones de reconocidos artistas plásticos. Reynaldo intervino interpretando Alejandra, de Aníbal Troilo y Ernesto Sábato; Como nadie, de Lucio Demare y Manuel Mujica Láinez; Marisol, de Sebastián Piana y Córdova Iturburu, y Sabor de Buenos Aires, de Miguel Caló y Carlos Mastronardi.
El año siguiente interpretó el tango ganador del Festival Odol de la Canción, Esta ciudad, de Osvaldo Avena y Héctor Negro. Con los nombrados y otros autores e intérpretes intervino en la formación del Movimiento Nueva Canción de Buenos Aires, con la intención de promover y difundir la obra de los nuevos creadores. El Movimiento organizó encuentros y recitales, participó en ciclos organizados por el teatro Payró, el Nuevo Teatro y distintas organizaciones sociales y culturales; también creó un sello propio –Metrópolis– que produjo discos, alguno de los cuales mereció la censura del gobierno de facto de entonces, a cargo de Juan Carlos Onganía.
Quienes conocieron bien a Reynaldo sabían que en más de una oportunidad tuvo a su alcance poderosas influencias, que le habrían permitido lograr rápido y destacadísimo protagonismo. Otros no habrían vacilado en valerse de ellas; él nunca condescendió a hacerlo.
Por otra parte, y contrariamente a lo que hoy es demasiado frecuente en el ambiente, nunca se lo escuchó hablar con malevolencia de colegas, músicos o autores; pero era implacable cuando se trataba de poner en evidencia a quienes hacen del tango una mercancía y lucran y trafican con él.
Y siguió cantando en la noche de Buenos Aires, perfeccionando un estilo que le significó el reconocimiento y la admiración de quienes verdaderamente aman el tango. Amplísima tesitura, impecable afinación y color inconfundible eran las cualidades vocales que, junto a la inteligencia y sensibilidad para elegir repertorio, la sobriedad expresiva y el profundo conocimiento del género, daban sólido sustento a ese estilo. Solían contratarlo los más sofisticados locales nocturnos, pero no desdeñaba actuar en centros de jubilados y espacios culturales alternativos. En los últimos tiempos, supo enseñar en la Casa del Tango.
A lo largo de su trayectoria incorporó constantemente a su repertorio tangos de nuevos autores. “Me he jugado siempre por el nuevo tango, por la sencilla razón de que es la única manera de hacer que el tango siga vigente”, decía, simplemente.
Así se comprueba en su discografía, realizada con destacados directores y arregladores de nuestro medio, como el citado Pansera y Luis Stazo, Osvaldo Belinghieri, Pascual Mamone, Omar Valente y Alberto Di Paulo, entre otros; también grabó en Colombia y en México. En este último país residió por algún tiempo, durante el que cumplió, entre otras actuaciones, cerca de treinta recitales en la Universidad Autónoma organizados por el Fondo Nacional para las Actividades Sociales.
En 1984 se reencontró con el poeta Roberto Díaz, quien también había integrado el Movimiento de la Nueva Canción. A partir de entonces constituyeron un binomio autoral que ha producido una obra que puede ubicarse entre los más dignos exponentes del género; y decimos esto teniendo en cuenta a los grandes del pasado.
El título de este trabajo es precisamente un verso (levemente modificado, pues está escrito en primera persona) de Díaz, y pertenece a su tango Siempre cantor, con música de Reynaldo. Roberto se nos fue el año pasado, ahora Reynaldo… ¡cuánta soledad!
Pero sigamos. Entre otras distinciones, esa obra obtuvo en1999 el primer premio en el concurso Enrique Santos Discépolo, organizado por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires, con el tango Así es la noche; ese mismo año, el tango Por los viejos mereció el primer premio en el certamen De Boedo al Mundo, organizado por el Gobierno de la Ciudad y la Junta de Estudios Históricos de ese barrio. En 2005 el vals Tu amor en la casa se hizo acreedor al tercer premio en el certamen de la Sociedad de Autores y Compositores (SADAIC), y dos años después Milonga de noche larga obtuvo el primer premio en su categoría en el Concurso de Tangos, Valses y Milongas del Fondo Nacional de las Artes. Y el vals Memorias de un patio ya es un clásico de este tiempo.
En 2007, la Legislatura lo declaró, junto con Roberto Díaz, Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
También compuso distintos temas con autores como Mario Laquinandi, Isusi y Héctor Oviedo, entre otros.
La última vez que lo escuchamos cantar fue durante la presentación del libro de Díaz Los muertos que vos matás. Había fallado el equipo de sonido, pero Reynaldo –que a la sazón estaba tratando de sobrellevar la muerte de su compañera, ocurrida el año anterior– demostró su aplomo, técnica vocal y calidad interpretativa cantando sin micrófono dos temas que le pertenecen junto con Roberto, el vals Al maestro de canto y la milonga Se llamaba Juan. Hoy nos resulta profundamente significativo que uno y otra evoquen a personas queridas que se fueron.
A los seis meses partió Roberto. Las veces que hablamos con Reynaldo desde entonces, a las opiniones e informaciones sobre tango que vertía, solían seguir comentarios sobre la situación del país, fundamentados en sólidas convicciones. Y en nuestro último diálogo telefónico, hará menos de un mes, nos contó que había terminado de grabar un disco donde temas nuevos alternaban con otros poco frecuentados.
De ningún modo podíamos sospechar entonces que hoy estaríamos escribiendo esta triste semblanza.










