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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 30 de mayo de  2026

Julio 2012

A DOSCIENTOS AÑOS DE LA EJECUCIÓN DE MARTÍN DE ÁLZAGA

¿Castigo a un conspirador?

Por Miguel Ruffo


En julio de 2012, hace doscientos años, era fusilado y colgado en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo), junto a otros treinta hombres, Martín de Álzaga, héroe de la Defensa de Buenos Aires frente a las Invasiones Inglesas. Ofrecemos aquí dos lecturas de uno de los hechos más sangrientos de los promovidos por el poder político surgido en los años de la Revolución de Mayo.

 

 

El 6 de julio de 1812 “a la una y media de la mañana –dice Fermín Luque– cayó prisionero don Martín de Álzaga, cuya tragedia en esos días, huyendo de la Justicia, resulta toda una novela espeluznante. Media hora más tarde se firmó un auto disponiendo ejecutar la sentencia dictada en su contra el día 4. Don Bernardino Rivadavia llevó dicha sentencia a Juan Martín de Pueyrredón para que la firmase; este se negó, invocando sus sentimientos humanitarios. El triunviro Rivadavia, al recibir esta negativa, procedió por sí solo en esta emergencia. Unas horas más tarde, el cadáver del héroe de la defensa de Buenos Aires pendía de la horca a la expectación pública”. Martín de Álzaga había sido acusado de conspirar contra el Triunvirato y de liderar un complot de los españoles contra las autoridades revolucionarias.

¿Quién era Martín de Álzaga? Un comerciante monopolista, muy adinerado, Alcalde de Primer Voto en el Cabildo de Buenos Aires en 1806, a quien la historiografía liberal del siglo XIX consideró como jefe del partido español o peninsular, siempre pronto a defender los intereses de los españoles radicados en el Río de la Plata. También se lo consideró como jefe del partido del Cabildo en las luchas políticas urbanas que se desarrollaron en Buenos Aires entre 1807 y 1809.

Martín de Álzaga tuvo una destacada actuación en la defensa de la ciudad del Plata contra los ingleses en 1807. Si la Reconquista de 1806 tuvo por héroe a Santiago de Liniers, la Defensa de 1807 tuvo como principal protagonista a don Martín. En una situación política y militar donde las fuerzas criollas iban ganando cada vez un mayor protagonismo urbano y en una circunstancia donde el virrey Santiago de Liniers era proclive a conceder el libre comercio con los ingleses, los sectores vinculados al comercio gaditano, es decir, los comerciantes peninsulares relacionados con el monopolio mercantil, liderados por Martín de Álzaga y apoyados por las milicias peninsulares, se alzaron el 1 de enero de 1809 contra la autoridad virreinal reclamando la formación de una Junta de Gobierno. Esta revolución fue reprimida por las milicias criollas comandadas por Cornelio Saavedra, que respaldaron a Liniers como virrey y disolvieron los proyectos juntistas del partido del Cabildo. Tras esta derrota las milicias peninsulares implicadas en el alzamiento fueron disueltas y Martín de Álzaga y parte de quienes lo apoyaron fueron remitidos prisioneros a Carmen de Patagones, de donde serían rescatados por Francisco Javier de Elío, que dirigía la Junta que en 1808 se había formado en Montevideo en contra de los intereses criollos cada vez más influyentes en Buenos Aires.

Después de la Revolución de Mayo, la Primera Junta disolvió el partido del Cabildo, refugio de los intereses peninsulares en la urbe revolucionaria. Para 1812, Martín de Álzaga ya estaba nuevamente en Buenos Aires. Ante la denuncia, formulada al Triunvirato, de una conspiración encabezada por el ex alcalde del Cabildo para derribar a las autoridades revolucionarias constituidas, un rápido proceso acusatorio lo condenó a muerte, a él y a los otros acusados, por conspiradores.

Para analizar esta decisión, es necesario tener en cuenta la situación de los frentes de guerra a mediados de 1812 y cómo repercutían sobre Buenos Aires. Por un lado, los realistas planificaban un movimiento de pinzas sobre la ciudad revolucionaria; las fuerzas militares que bajaban desde el norte se dirigían hacia Tucumán y de allí hubieran bajado a Córdoba si Manuel Belgrano no los hubiese derrotado en Tucumán en septiembre de 1812. Por el otro lado, los realistas que controlaban Montevideo y que tenían superioridad naval sobre las fuerzas revolucionarias incursionaron sobre los ríos interiores y desembarcaron fuerzas en las costas santafesinas, que fueron derrotadas por José de San Martín en el combate de San Lorenzo a principios de 1813. Así, la conspiración de Álzaga fue un intento del partido español de Buenos Aires por hacerse con el poder en la ciudad cuando en los frentes de guerra se afrontaba una situación más que complicada. Bartolomé Mitre llega a decir que el ex alcalde se postulaba como Martín I, para encabezar como monarca una América española, frente a la situación crítica de la metrópolis, en lucha contra Napoleón.

Hasta aquí hemos bosquejado la figura y las acciones de Álzaga siguiendo los lineamientos generales de la historiografía liberal decimonónica. Pero hace ya muchos años que esta lectura ha sido cuestionada, entre otros, por Enrique de Gandía. Para este historiador, Martín de Álzaga representaba en el Río de la Plata al partido de las Juntas. Fue Álzaga el primero en proponer una Junta en Buenos Aires, siguiendo los lineamientos de las doctrinas jurídicas hispánicas acerca de la retroversión de la soberanía a los pueblos en caso de acefalía real. Ante la prisión de Fernando VII, el pueblo español se alzó en armas contra Napoleón y su hermano José I impuesto como rey de España, y en la península se formaron juntas que se agruparon en la Junta Central de Sevilla. En los reinos americanos (porque las Indias no fueron colonias, desde un punto de vista jurídico, sino reinos) también la soberanía retrovertía a los pueblos y estos debían formar sus respectivas juntas. Para Enrique de Gandía, la Revolución del 1 de enero de 1809 fue el primer intento por formar una Junta en Buenos Aires. Y si este intento fracasó se debió a que el partido de las Juntas, es decir, el de Álzaga, fue derrotado por el partido de la Reconquista, es decir, el de Saavedra. Por el contrario, si la Revolución de Mayo triunfó, se debió a que el partido de las Juntas y el de la Reconquista confluyeron contra el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, en el contexto de la disolución de la Junta Central de Sevilla, la formación del Consejo de Regencia y la ocupación de España por Napoleón. La guerra de la independencia fue una guerra civil entre los partidarios de la regencia y los partidarios de las juntas. De este modo, el partido de Álzaga habría tenido una influencia capital en los sucesos de mayo de 1810. Y no olvidemos que Mariano Moreno, el jacobino, iba a ser el secretario de la Junta de Álzaga de 1809, y sería luego el secretario de la Junta de 1810.

La conspiración de Álzaga nunca existió y es posible que su “fabricación” se debiese a razones personales de Rivadavia, debido a su enfrentamiento con Álzaga en 1809. Dice Cutolo: “El gobierno en que dominaba Rivadavia hizo aprisionar a Álzaga y a otros cuarenta sospechosos y en pocos días los fusiló y colgó en la Plaza de la Victoria. Álzaga murió el 6 de julio de 1812. La inocencia de Álzaga está perfectamente probada. Enrique de Gandía afirma terminantemente que la llamada conspiración de 1812 es una leyenda en lo que se refiere a la participación de Álzaga. Este personaje tiene una actuación social y política intensa en la historia de Buenos Aires”.

¿Existió la conspiración de Álzaga? ¿Tuvo Álzaga participación en los acontecimientos conocidos como Revolución de Mayo? ¿Fue Álzaga el precursor de las Juntas en Buenos Aires? ¿Qué queda entonces del Álzaga como jefe del partido español o peninsular?

No debemos quedar prisioneros de la historiografía liberal del siglo XIX y tal vez lo más contundente a favor de la reivindicación de Martín de Álzaga sea que el secretario de su Junta de 1809 fue Mariano Moreno, a quien la historiografía liberal decimonónica consideró el numen de la Revolución.

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