Febrero 2012
PABLO RAFAEL STRIONE, ASISTENTE CELADOR PARA DISCAPACITADOS MOTORES
“El trabajo es con todos”
Por Víctor Pais. Foto: Silvia Giser

La actividad que desempeñan los asistentes celadores para discapacitados motores está muy poco difundida, sin embargo, hay alrededor de quinientos en el ámbito de la educación pública porteña. Uno de ellos es Pablo Rafael Strione, cuyo lugar de trabajo desde hace siete años es nuestra tan familiar Escuela Provincia de Mendoza, ubicada en Juan Agustín García 1511.
–¿Cuál es el objetivo de un asistente celador para discapacitados motores?
–Asistir a chicos con discapacidades motoras que quieran ingresar a una escuela común. Tradicionalmente, a los chicos con problemas motores los enviaban a escuelas para discapacitados mentales. Un error: la discapacidad motora no es un problema mental. Es también un laburo de todos los asistentes celadores que la gente sepa que existe la posibilidad de que los nenes que tengan problemas motores se pueden integrar a escuelas comunes.
–¿Desde cuándo existe este servicio?
–Hace alrededor de veinte años empezaron a integrar nenes con problemas motores en escuelas comunes y ahí es donde aparece el cargo de asistente celador. El cargo se crea desde que el chico quiera ingresar a una escuela común. Primero, la familia se lo pide a la escuela, y la escuela, entonces, pide un asistente celador a la dirección del área de Educación Especial. Y ahí es cuando comienza nuestra labor.
–¿Y en qué consiste esa labor?
–En la escuela se lo asiste al nene dentro y fuera del aula. Dentro del aula, depende del problema que tenga. Yo estuve cuidando un nene que tuvo un paro cardiorrespiratorio a los diez días de nacer y esa falta de oxigenación en el cerebro hizo que quedara con hemiparesia izquierda. Eso requería que cuando tenía que cortar, subrayar o escribir, yo entrara en función. En el baño y en el recreo, lo mismo. Para subir o bajar escaleras, en actividades prácticas, en tecnología, computación… Eso no significa que yo tenga que hacer todo. La idea es que me necesite lo menos posible, aprendiendo él lo que tiene y puede hacer.
–¿Resolver el tema de la integración supone un trabajo con todo el entorno del chico que padece la discapacidad motora?
–El trabajo es con todos. Los nenes entran desde primer grado o jardín y en ese momento no discriminan. No ven la diferencia. Es natural para ellos estar con otro que tiene una dificultad motora. A medida que van creciendo, se van dando cuenta. Pero hay veces que sucede que no se dan cuenta de que están con un nene que tiene un problemita y que le dicen jugando a la pelota “dale, jugá bien”. Es tal la naturalidad que no se dan cuenta. Y ahí tenemos que intervenir para que se comprenda que las diferencias existen, que hay que reconocerlas y ayudarlos a seguir adelante.
–Ahora que egresó de la Mendoza el chico que tenías a cargo, tu continuidad en la institución depende de que haya padres que demanden el servicio. ¿Te es indistinto trabajar en cualquier escuela?
–No. La Mendoza es mi escuela. Yo a la gente la voy a seguir viendo porque hice amigos para toda la vida, pero lo que voy a extrañar más es la escuela y toda la movida social que hay en el barrio.

