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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 25 de abril de  2024
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Semana Santa en la pintura

Semana Santa en la pintura

La Semana Santa, la fiesta más importante del cristianismo, rememora la “pasión, muerte y resurrección de Jesucristo”. La recorremos aquí a través del análisis de pinturas que reflejan en orden cronológico ese relato.

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Última Cena, 1450, fresco. Autor: Andrea del Castagno.

Se encuentra en el refectorio del monasterio de Santa Apolonia en Florencia. El fresco establece una relación entre la última cena de Jesús y el espacio en que los monjes del convento realizaban sus comidas. Alineados a lo largo de una mesa cubierta por un mantel blanco se encuentran Jesús con los apóstoles. Sólo Judas, el traidor, permanece separado, más cerca del observador. Su separabilidad está en función de su traición. En esta pintura hallamos figuras con contornos precisos, un alto grado de corporeidad y el recurso de la perspectiva para organizar el espacio.

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Última Cena, 1496, técnica mixta. Autor: Leonardo Da Vinci.

Se encuentra en el refectorio de Santa María de la Gracia en Milán. Entre las pinturas que abordaron el tema esta es la más lograda. En ella podemos observar a Jesús al pronunciar las palabras que generan consternación y espanto entre los apóstoles: “Uno de vosotros me traicionará”. Los apóstoles están agrupados en grupos de a tres. ¿Una forma de aludir a la Santísima Trinidad? Judas, algo separado del grupo, está entre ellos. Su figura, levemente inclinada hacia adelante, permanece entre las sombras. Como si la sombra, por su asociación con la negritud, con la ausencia de la luz, estuviese anunciando la traición. Si Jesús es la “luz del mundo” y por ende la Verdad y la Vida, Judas, por la sombra, es el error y la muerte.

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Apresamiento de Cristo, 1619, óleo sobre lienzo. Autor: Dirk van Baluren.

Estamos frente al instante que desencadena la Pasión del Señor. Judas, el traidor, apoya su mano derecha en el corazón de Jesús, mientras se dispone a darle un beso en su mejilla. Es el beso de Judas, el beso que delata a Jesús. Vemos a los soldados que lo apresan y un personaje que con su torso parcialmente al descubierto tiende una de sus manos al cuello de Jesús. La luz que se focaliza en Judas, Jesús y el citado personaje contrasta con un fondo de penumbras y oscuro. Son todos componentes de este óleo que subrayan el dramatismo de la acción.

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Subida al Calvario, 1515-1516, óleo sobre tabla. Autor: Hieronymus Bosch, alias “el Bosco”.

El rostro de Jesús, apacible y con los ojos cerrados, de belleza tranquila ante el martirio que está viviendo, contrasta con los horrendos y deformados rostros de los verdugos que lo rodean. La belleza en el rostro del Salvador, la fealdad en las múltiples caras, en las muescas desdentadas de los verdugos, vale decir, de quienes no vacilan en llevarlo a la crucifixión.

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Crucifixión, 1458, temple sobre tabla. Autor: Andrea Mantegna.

La crucifixión es el momento central de la Pasión de Cristo, tema por demás visitado en la historia del arte occidental. En esta versión, vemos al centro la crucifixión de Jesús. A ambos lados el buen y mal ladrón, como forma de escarnio. Al pie de la cruz, una calavera: es Adán que por su pecado arrastró a la humanidad a la muerte. En contraposición, el Nuevo Adán, vale decir Jesús, que al ofrendar su vida en la cruz vence a la muerte y trae a la humanidad la promesa y la esperanza en la Vida Eterna. Los soldados romanos que se juegan las ropas de Jesús, como inconscientes instrumentos de la condena reclamada por el Sanedrín. El dolor de la Virgen y de las Santas Mujeres junto a Jesús en el momento de su muerte. Hacia el fondo, una colina, un paisaje urbano en el que podemos adivinar a la ciudad de Jerusalén. Un cielo con pocas nubes blanquecinas está a la espera de la Resurrección.

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Descendimiento de la Cruz, 1549, temple sobre tabla. Autor: Agnolo Bronzino.

El cuerpo exánime de Jesús crucificado se tiende sobre las rodillas de la Virgen. Junto a ellos un grupo de mujeres testimonian que mientras los discípulos varones habían huido ante el drama del Calvario ellas permanecieron junto a Jesús hasta sus últimos momentos. A la izquierda, el discípulo amado, probablemente Juan, apoya su rostro afeminado en el hombro de Jesús muerto. En la parte superior un conjunto de angelillos enmarca la escena.

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Descendimiento de la Cruz, 1608-1612, óleo sobre tabla- Autor: Pedro Pablo Rubens.

Un gran dinamismo caracteriza a este descendimiento en una unidad creada por cuerpos que se entrelazan. El de Cristo es bajado del madero y va a ser recibido al pie de la cruz por la Virgen y las Tres Santas Mujeres. Los músculos, aun tensos del Cristo muerto, rebelan el peso del cuerpo en su descendimiento. Casi se diría que baja por su propia voluntad. El esfuerzo de una de las Marías para recibir el cuerpo del Señor, la dulzura con que María Magdalena acaricia los pies de Jesús, el mirar de otra de las Marías como esperando el momento de recibir al Maestro, el dolor de la Virgen Madre que extiende sus manos hacia el cuerpo del Hijo, conforman el núcleo inferior de la composición. Todo ello en contraposición a los hombres que desclavaron un cuerpo ya sin vida. Pero es un cuerpo que, por su blancura continuada por la de una sábana que parece como acogerlo, denota la luz de su futura Resurrección. Porque es la luz que alumbra al mundo y que no es extinguirá en la negra noche que, hacia el fondo de la composición, completa la escena del martirio.

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El entierro de Cristo, 1603, óleo sobre lienzo. Autor: Caravaggio.

La luz, modelando y concentrándose en los cuerpos, antes que nada, en el de Cristo, subraya con su recurso el centro nodal de la composición. Las manos del joven que se alzan al cielo, la túnica roja de José de Arimatea, el pesar de la Virgen y de María Magdalena son motivos que acompañan el dolor de la muerte.

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Las Tres Marías en el Sepulcro, 1600, óleo sobre lienzo. Autor: Annibale Carracci.

Las Tres Marías que habían acompañado a Jesús hasta sus últimos momentos en la cruz son también las Santas Mujeres ante las que el ángel anuncia la Resurrección. Allí, al sepulcro, habían concurrido para aromatizar un cadáver que ya no está porque Cristo venció a la muerte y resucitó. El ángel de cabellos rubios, al indicar con su dedo el sepulcro vacío, atestigua el triunfo sobre la muerte.

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Noli Me Tangere, 1523, óleo sobre lienzo. Autor: Corregio.

Jesús resucitado alza su mano izquierda y con uno de sus dedos señala al cielo para indicarle a María Magdalena que su destino es la patria celestial: “No me toques”. El cuerpo resucitado ha sido glorificado, iluminado y embellecido. Está más allá de su amada María Magdalena. Ella aún pertenece al mundo mortal.

Fuentes: Topper, Bárbara y Stukenbrock, Christiane (2011). 1.000 obras maestras de la pintura, Madrid, H. F. Ullmann.

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