“Tengo que reconocer que estoy muy preocupado”
- Por Tras Cartón
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Mauricio Macri tuvo duros conceptos para con la conducción económica nacional pero se manifestó confiado en el futuro del país.
Así lo expresó el jefe de Gobierno de la Ciudad en el discurso que pronunció durante la jornada de apertura de la Conferencia Anual del Consejo de las Américas que, organizada por la Cámara Argentina de Comercio, tuvo lugar en el hotel Alvear Palace, ubicado en la avenida homónima.
En la oportunidad, Macri partió de la base de que “todos queremos lo mismo, una Argentina desarrollada y pujante con oportunidades de progreso para todos”, pero planteó que la cuestión es “cómo hacemos ese futuro”.
Antes de explicar su propuesta, se refirió muy críticamente al actual estado de cosas: “Siempre he tenido una actitud positiva hacia la situación económica y la realidad del país pero hoy, lamentablemente, tengo que reconocer que estoy muy preocupado con lo que está pasando en la economía de la Argentina”, admitió.
“Recorro todas las semanas distintos lugares del país y ha pasado que la gente me diga que están reduciendo las horas extra, una semana después que están suspendiendo y ahora que está perdiendo su trabajo”, contó, y observó: “En estos momentos hay mucha angustia en la Argentina alrededor de la recesión”.
Acerca de esta situación, consideró: “Esta vez no creo que sea producto de una realidad externa como fue en el 2009, sino que se debe centralmente a un mal manejo de nuestro gobierno en la administración del día a día, empezando por el desmanejo presupuestario que nos ha llevado a un déficit fiscal que nos vuelve a inflaciones galopantes que hacen que a la gente que aún tiene trabajo le cueste llegar a fin de mes con su salario, y siguiendo con una innumerable cantidad de decisiones que han ido tomando en los últimos años y que alteran el normal funcionamiento de la economía”.
En ese sentido, prosiguió: “En las últimas semanas, esto se ha agravado porque han tenido nuevas iniciativas en la misma dirección como la ley de abastecimientos, un instrumento de hace cuarenta años que claramente no tiene ninguna utilidad para construir la Argentina del futuro, o como el proyecto de mover la jurisdicción de la deuda, sobre el cual ya hemos tomado como espacio una posición clara y contundente”.
“Volviendo a la agenda del optimismo”, manifestó, “yo no soy optimista porque estoy loco” y explicó: “La misma gente que he venido visitando a lo largo y a lo ancho del país y me habla de sus angustias alrededor de esos temas, al que le sumaría la inseguridad, me dice que ellos saben que pueden producir mucho más y mejor”.
Y precisó: “Me dicen que ‘lo que necesitamos es un Estado al que lo único que le importe no sea cobrarnos impuestos y nos aplaste, sino un Estado que nos acompañe, que esté presente con políticas claras’”.
Rescató a esos efectos la importancia de un bien hoy escaso: “Nuestra responsabilidad, la de todos los dirigentes de este país, es entender que esa Argentina que soñamos la vamos a conquistar si recuperamos un valor central tan difícil de conseguir y tan fácil de perder, que es la confianza”.
Por eso, sostuvo, “esta vez no pasa por un liderazgo mesiánico o un iluminado, pasa porque un equipo con una masiva participación se ocupe todos los días, en conjunto con la sociedad, de construir las instituciones, de transformarnos en una comunidad previsible y confiable que establece reglas y las sostiene en el tiempo”.
Por otra parte, instó a “dar vuelta la página y capitalizar todas estas décadas de aprendizaje de las cosas que no tenemos que hacer, no puede ser que en treinta años sigamos teniendo tantas deudas de infraestructura económica y social”.
Puso como ejemplo una experiencia vivida recientemente en una visita al sur: “Me encontré con un espectáculo que me llenó de bronca: a las ocho de la mañana, para cruzar de Cipolletti [Río Negro] a Neuquén había una cola de kilómetros en tres direcciones”. Refirió que, según le informaron, “todas las mañanas, para cruzar, hace falta más de una hora y media” y se preguntó: “En treinta años, ¿nunca hubo una dirigencia que entendió que había que hacer un puente?”.
Después de otras consideraciones, insistió en que “necesitamos instituciones sólidas, no hay edificio que resista si las bases no están bien hechas” y advirtió: “No empecemos de vuelta a creer que vamos a poder hacer cualquier cosa y desarrollar Vaca Muerta y la industria, la minería sustentable, la logística, el software y todas esas cosas, si no construimos bien el edificio”.
Afirmó seguidamente que “ahora, que hemos aprendido lo que no tenemos que hacer, tenemos que animarnos a construir esa Argentina entre todos” y subrayó que “otra cosa que tenemos que entender definitivamente es que de esta construcción nadie es ajeno”.
“Que no la hayamos hecho no es solamente culpa de la política, es culpa de toda la dirigencia argentina y de cada uno de los que nunca se comprometió para que esto suceda”, acusó.
Exhortó a que “en este aprendizaje entendamos este momento histórico que estamos viviendo, donde la gente clama cada vez más por un cambio de verdad, no un cambio de formas sino de valores, donde encontremos el diálogo en serio, la transparencia, el servir y no servirse, el escuchar, el no creerse los dueños de la verdad, el entender que desde la política lo que la gente necesita son facilitadores, no protagonistas, que construyan reglas y amplíen ámbitos para que la gente se pueda desarrollar con una Justicia independiente, con seguridad para salir a la calle sin miedo y abrir los caminos para que vuelvan y se establezcan los talentos”.
Y concluyó: “Estoy cada vez más convencido de que no estamos condenados al éxito ni al fracaso, estamos solamente condenados a nosotros mismos y a lo que seamos capaces de hacer; no más teorías conspirativas, no más eslóganes: ocupémonos nosotros de construir esa Argentina. Todos merecemos vivir mejor y juntos lo vamos a poder hacer”.