El movimiento partisano en la Unión Soviética
- Por Tras Cartón
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Permanece abierta en la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad, ubicada en la avenida de Mayo 575, la muestra fotográfica Movimiento Partisano, integrada por imágenes documentales de las fuerzas guerrilleras que en la Segunda Guerra Mundial contribuyeron a la victoria de la Unión Soviética sobre la invasión del fascismo liderado por la Alemania de Hitler.
Se trata de 320 fotografías, obtenidas en territorios de las entonces repúblicas socialistas de la Federación Rusa, Ucrania y Bielorrusia, por importantes profesionales soviéticos como Max Alpert, Yakov Davidzon, Mijail Trajman, Georgy Zelma, Arkady Shaikhet, Boris Ignatovich, Georgi Petrusov y Vsevolod Tarasevich, entre otros, y por los propios miembros del Movimiento, como Piotr Vershigora. Se exhiben también imágenes que dan testimonio de las atrocidades cometidas por el fascismo, registradas por oficiales y soldados alemanes.
La curaduría estuvo a cargo de Evgeny Berezner, Irina Chmyreva y Natalia Tarasova, con la participación de Vladimir Sergienko.
La exposición podrá visitarse hasta el 21 de septiembre próximo de martes a domingo, con entrada libre y gratuita, en el horario de 14 a 19.
Formación y actividades del movimiento partisano
Generalmente se tiene por inicio del movimiento partisano en la Unión Soviética al mensaje radial pronunciado por Stalin el 3 de julio de 1941, en el cual, once días después del lanzamiento de la Operación Barbarroja, convocó a formar un gran movimiento guerrillero para detener a los invasores.
Quince días después, con el título Sobre la organización de la lucha en la retaguardia de las tropas enemigas, el Comité Central del Partido Comunista emitió una resolución especial por la que instaba a promover la lucha clandestina y la formación de guerrillas, así como a ayudar a constituir por todos los medios disponibles destacamentos de guerrilleros de infantería y caballería y a desplegar una red clandestina de organizaciones bolcheviques en el territorio ocupado para liderar todas las actividades contra los ocupantes.
Según la agencia de noticias RT, el primer grupo partisano se formó el primer día de la guerra, más concretamente el 22 de junio de 1941, en Bielorrusia, y seis días después libró su primer combate, en el que eliminó un tanque de reconocimiento, tomó prisioneros y capturó mapas.
La unidad estaba al mando de Vasili Korzh, militar y guerrillero experimentado que había combatido en la Guerra Civil Española y se convirtió en general guerrillero al dirigir la que llegó a ser la brigada más numerosa de esa república y tomó parte en muchas y muy arriesgadas acciones.
RT explica que los primeros grupos eran muy reducidos, solo reunían algunas decenas de efectivos. Por otra parte, el primer invierno de la guerra fue muy frío, la guerrilla no tenía bases instaladas, le faltaban armas y era difícil conseguir comida. Sin embargo, el movimiento logró crecer hasta el punto de que, a fines de 1943, había grupos que contaban con hasta 250.000 efectivos.
Los partisanos desarrollaron principalmente sus actividades en las extensas áreas de bosques y pantanos de Ucrania y Bielorrusia, así como en las provincias rusas de Briansk, Pskov, Leningrado y Smolensk. Pequeñas guerrillas actuaron además en las repúblicas bálticas: Lituania, Letonia y Estonia.
De acuerdo con un extenso y pormenorizado estudio titulado Historia y teoría de las operaciones partisanas soviéticas, publicado por el sitio digital 1y2GM: La Primera y Segunda Guerra Mundial, este movimiento partisano tuvo características que lo diferenciaron de otros de la época. Así, contrariamente a las estrategias desarrolladas en el resto de Europa y del mundo, la Unión Soviética consideraba a la guerra irregular como un componente orgánico y básico del combate armado, no separado de las operaciones convencionales. En consecuencia, las fuerzas partisanas actuaron como complemento de las regulares y en perfecta coordinación con ellas.
De este modo, en lugar de basar sus actividades en escaramuzas y operaciones de comando en la retaguardia del enemigo, las fuerzas partisanas perseguían y atacaban, como punta de lanza o como soporte al ataque de los regulares, las grandes masas y concentraciones de tropas alemanas.
Este concepto tuvo su origen en La guerra de guerrillas, un trabajo publicado por Lenin en 1906, a la luz de las experiencias revolucionarias desde 1895 a esa fecha, y que constituyó la base del control del Partido Comunista sobre las fuerzas partisanas de la URSS.
Para Lenin, “el partido del proletariado no puede nunca considerar la guerra de guerrillas como el único, ni siquiera como el principal procedimiento de lucha; que este procedimiento debe estar subordinado a los otros, debe ser proporcionado a los procedimientos esenciales de lucha, ennoblecido por la influencia educadora y organizadora del socialismo”.
Y proseguía: “Sin esta última condición, todos, absolutamente todos los procedimientos de lucha, en la sociedad burguesa, aproximan al proletariado a las diversas capas no proletarias, situadas por encima o por debajo de él, y, abandonados al curso espontáneo de los acontecimientos, se desgastan, se pervierten, se prostituyen”.
Las tres etapas
De acuerdo con la mencionada fuente digital, se distinguen tres etapas en el desarrollo del Movimiento. La primera empezó con la invasión alemana, en el verano (boreal) de 1941 y terminó en diciembre de ese año. Las formaciones partisanas más activas estaban formadas en su gran mayoría por combatientes del Ejército Rojo cuyas unidades habían sido rebasadas por las líneas enemigas, y que se desempeñaron en sus zonas de residencia, donde sus capacidades combativas y de supervivencia, tomando ventaja del terreno, resultaban facilitadas por la experiencia previa.
La segunda fase comenzó en diciembre de 1941 y finalizó en el verano del año siguiente. El éxito de las operaciones militares soviéticas de finales de 1941 y las políticas alemanas de atrocidades contra los civiles en el denominado “aprovechamiento” contribuyeron al crecimiento partisano, favorecido por el constante aumento del apoyo popular y del ánimo por unirse a sus filas.
El 30 de mayo de 1942, el Comité Central del Partido Comunista de la URSS creó el Estado Mayor Central del Movimiento Partisano, nombrando en la jefatura a P.K. Ponomarenko, y dispuso asimismo la organización de seis estados mayores regionales subordinados.
A partir de entonces, las unidades partisanas comenzaron a recibir un correcto entrenamiento y a ser adiestradas en la guerra irregular y en el manejo de diferentes armas por parte de instructores del Ejército Rojo, quienes contribuyeron en gran medida a formar una fuerza que logró infundir temor a los alemanes.
En cuanto al armamento, miles de hombres y mujeres, organizados por comisarios políticos en cada ciudad, pueblo o aldea, fueron abastecidos con modernos pertrechos que, sumados al armamento casero, proporcionaban una respetable potencia de fuego.
Por entonces, Goebbels escribió en su diario: “(...) la situación en la Rusia ocupada es más precaria de lo que cualquiera podría imaginar. El peligro de los partisanos se incrementa de semana en semana (...) dominan regiones enteras”.
Y después: “La actividad de los partisanos ha crecido de nuevo desmesuradamente durante las últimas semanas (...) llevan a cabo una premeditada y bien organizada guerrilla. Resulta muy difícil hacerles frente”.
La tercera etapa, caracterizada como el periodo de la acción madura partisana, se inició en el otoño de 1942 y se prolongó hasta el final de la guerra. Estuvo señalada por un número creciente de civiles en las filas partisanas, un apoyo popular aún mayor y un mejor control de las operaciones.
En esta última etapa, el número de unidades partisanas que tenían comunicación por radio con los cuarteles generales superiores alcanzaba el 90%, lo cual, junto con la mejora del suministro, permitió asignar a las brigadas misiones cada vez más complejas.
Se ha estimado que el número total de efectivos que combatieron en el movimiento soviético durante el transcurso de la Segunda Guerra oscila entre los 400.000 y 500.000, entre hombres y mujeres; más del 10% eran judíos.
Principales acciones
Para la agencia de noticias RT, uno de los principales focos del movimiento tuvo como base el nombrado territorio de Briansk, que fue llamado por la población “república partisana”.
Solo en esta región actuaban 169 unidades en las que combatieron más de 60.000 efectivos, cuyas hazañas alcanzaron enorme fama en todo el país y se hicieron conocidas incluso en el resto del mundo.
Entrevistado en 2010 por esa agencia, Piotr Bashmakov, miembro de una brigada de ese territorio, refirió a sus 94 años, con envidiable lucidez, distintos episodios en los que intervino. Sobresale entre ellos la misión más importante que le fue asignada al grupo, que consistió en volar un puesto enemigo. Esa acción, en la que resultaron muertos más de 900 soldados alemanes, junto con la denominada “batalla del riel”, logró debilitar a las fuerzas nazis en el contexto de la batalla del Kursk, que en el verano de 1943 marcó el comienzo del contraataque soviético.
RT menciona asimismo al ucraniano Sidor Kovpak, veterano de la Primera Guerra y de la división de Chapaiev en la guerra civil, que en 1941, cerca de los 60 años, formó un pequeño grupo en condiciones tan precarias que ni siquiera todos los combatientes tenían armas. La unidad fue creciendo permanentemente y tuvo a su cargo operaciones de envergadura, como la voladura, en plena retaguardia enemiga, de los yacimientos petrolíferos de los Montes Cárpatos, fuente de abastecimiento del Grupo de Ejércitos Sur del Wehrmacht.
En cuanto a la batalla del riel, se trató de una operación guerrillera en el marco de la batalla de Kursk. Ejecutada por comandos de 100.000 combatientes, tuvo por misión la destrucción, a través de una serie coordinada de acciones, de la red ferroviaria utilizada detrás del frente por las tropas alemanas.
Por último, cuando las fuerzas soviéticas acometieron la expulsión del invasor, los partisanos, además de colaborar con el ejército en las operaciones ofensivas, tuvieron destacada participación en la salvación de los pobladores locales a los que los alemanes, en su retirada, intentaban llevarse para destinarlos a los campos de exterminio de su país.