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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 16 de junio de  2024
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Tras Cartón cumple 30 años: toda una historia Destacado

Tras Cartón cumple 30 años: toda una historia

Los primeros días de abril de 1993 vieron nacer a nuestro medio gráfico y esta edición aniversario constituye una forma de honrarnos a todos los que trabajamos para que Tras Cartón papel hoy llegue a sus treinta años gozando de un amplio reconocimiento de la comunidad barrial.

Abril de 1993. De la fecha exacta no quedó registro. Imprudencia de no anotarla. Quien suscribe comenzaba a distribuir la primera tirada de Tras Cartón por algunos comercios de La Paternal y Villa Mitre, un poco a pie, un poco en moto.

Eran los tiempos de apogeo menemista: la convertibilidad, el Plan Brady y el vendaval de privatizaciones estaban a la orden del día. Quien piloteó el aventurado viaje de arrancar con este microemprendimiento no tenía más nave por quemar que un precario trabajo de motomensajero y lo urgía una necesidad imperiosa de encontrar un lugar en el mundo. Así que, con las solas armas del entusiasmo y una relegada vocación por el periodismo, zarpé.

No me embarqué solo. Al momento de planificar y de dar el primer envión tuve un copiloto: Luis Fazio. Estudiante por aquel entonces de diseño gráfico y artista plástico, fue nada menos que el creador del logo que nos identifica hasta hoy y de los animados y jocosos dibujos que exhibieron las primeras portadas. La contención emocional que me proporcionó su voluntariosa intención de acompañarme en la travesía como socio, aunque solo lo haya sido en los primerísimos pasos, fue decisiva.

Un pequeño detalle: ambos desconocíamos lo que era operar con un programa de edición de revistas. Entonces, mi hermano, Pablo, conocedor de los rudimentos de ese oficio, sin que se lo pidiera, tan solo por ayudarnos, puso a nuestra disposición ese saber y el trabajo. Los primeros números de Tras Cartón los diagramó él. Al principio, robándole horas al sueño, en una vieja oficina céntrica de una cooperativa de comunicación de la que formaba parte, mientras yo observaba lo que hacía frente al monitor de la computadora, tomaba nota e iba aprendiendo hasta quedarme dormido. Esa rutina iba a proseguir en la casa de mi viejo, en Floresta, hasta que mi familia me regaló la que fue mi primera PC.

Y había que nutrir de contenido las páginas. Y por de pronto las del primer número.

Era importante definir la nota de tapa. Y dado que nos proponíamos hacer un periódico barrial y a la vez un periódico con un guiño puesto en la tradición cultural porteña, nos encontramos con la posibilidad de hacer una nota que nos venía como anillo al dedo para exhibir ese doble perfil: Bruno Cespi, vecino desde muy pibe de La Paternal y destacado difusor y coleccionista de tango, tuvo la generosidad de concedernos una entrevista en su casa, ubicada en la zona de La Paternal que se conoce como “La isla”. Gran generosidad, hay que admitirlo, porque se la pedimos para un periódico que todavía estaba solo en nuestras cabezas.

Tampoco podía faltar una nota editorial, sobre todo tratándose de un número fundacional. Hoy la leo y me ruboriza la candidez cuasi escolar de esas líneas que dejaban entrever la expectativa de que con colaboraciones espontáneas de lectores se podía hacer un periódico respetable. ¡Y era nuestra carta de presentación! Afortunadamente, pronto caí en la cuenta de ese desatino y las notas editoriales empezaron poco a poco a embarrarse con el acontecer político y a parecerse más a lo que debían ser.

Y llegó el momento de nombrar a Gabriel Sáez. Si hay algo que le dio un toque de distinción y de originalidad a la primera etapa de la vida del periódico fueron esos textos de pura poesía en prosa que este amigo y gran escritor que ya no está, y con quien cohabitaba en el pequeño departamento de la calle Beláustegui que fue la “redacción” de los primeros años, nos ofreció desde el primer número. Fue Buscando desesperadamente al barrio, título de su primera entrega, una frase elocuente de lo que iba a actuar como motor de sus invenciones literarias y, por qué no, ahora lo pienso, de lo que estaba detrás de mi impulso de fundar Tras Cartón. Hoy veo en esas líneas, además del desesperante error de tipeo de haberme comido una “s” en el mismo título, una especie de manifiesto liminar cifrado. Publicado debajo de la referida nota editorial, hoy el texto de Gabriel me representa mucho más como carta de presentación.

A la columna de Gabriel, se le sumó desde el segundo número la de otro querido amigo, Juan Carlos Lozano, quien bajo el seudónimo de Fernando Domas le puso un toque cinéfilo al periódico evocando a grandes estrellas y producciones del séptimo arte, sobre todo del ámbito hollywoodense.

Ambos, Juan Carlos y Gabriel, y también mi buen amigo Omar Cabrera, más modestamente, con su alias “Cacaíto” y su columna de rock, nos acompañaron en esa primerísima etapa en la que todavía era débil nuestro vínculo con la vida social e institucional de ese perímetro al que llamamos barrio. Todavía tuvo que pasar un tiempo para que nos empapáramos lo suficiente en esa fuente que era vital para el perfil de periódico al que aspirábamos.

Durante ese primer año, unos meses más tarde, más precisamente en noviembre, se sumó con su sección de historia Miguel Ruffo, otro colaborador y gran amigo. De mucha gravitación no solo para esa etapa sino para lo que iba a ser el devenir del periódico, al punto de que hoy sigue siendo uno de sus pilares. La historia en el sentido más amplio y, en los últimos años, por vía del sitio web de Tras Cartón lanzado en octubre de 2007, también la vida y obra de artistas plásticos de diferentes latitudes y épocas son la materia de Miguel. ¡Cómo olvidar el interés que despertó en 2010, año del bicentenario de la Revolución de Mayo, su brillante zaga sobre distintos aspectos de la vida cotidiana de los porteños en los albores del siglo XIX!

Otros dos amigos que tuvieron peso por esos años fueron Juan Golzman y Pablo Sáez.

Lo de Juan fue más allá de las colaboraciones periodísticas. A comienzos de 1994, ensayamos compartir todas las tareas y funcionar como socios. Fueron varios meses de crecimiento en anunciantes, pliegos y contenidos. A fines de ese año, la realidad de la economía argentina nos propinó la cachetada del efecto Tequila, no hubo más remedio que achicarse y otra vez… a dirigir solo la orquesta.

Pablo, titiritero y trotamundos, quien siempre encontró tiempo para dar cauce a su veta de periodista en diferentes publicaciones. Nuestro archivo guarda alrededor de veinte entrevistas a reconocidas personalidades del ámbito artístico en las que está estampada su firma. Podemos decir con alegría que, desde hace unos pocos meses, a través de la EBC, la cooperativa de medios vecinales de la ciudad de la que Tras Cartón forma parte y es miembro fundador, Pablo está otra vez aportando contenidos al periódico, ahora sobre el patrimonio arquitectónico porteño.

Y Sergio Ferraro, otro buen amigo que, en los años finales de la década del 90, nos aportó interesantes artículos de historia reciente y reflexión política…

Hasta aquí solo nombré a colaboradores con los que cultivaba un vínculo por fuera del periódico. De la lista de aquellos que sí conocí gracias a Tras Cartón, de esa muy larga lista, surgieron las dos personas que más influenciaron y más comprometidas estuvieron con este proyecto al margen de quien suscribe.

Hablo de Vanesa Kandel y Haydée Breslav.

Vanesa, con quien convivo desde 1997, era estudiante de Edición cuando a mediados de 1996 se contactó conmigo para conocer cómo funcionaba el periódico. Desde fines de ese año, antes de ser enviada a imprenta, cada edición viene siendo sometida a su minuciosa mirada. Pero, como se puede suponer, su influencia va mucho más allá de ese monitoreo de los textos. No solo porque su mirada es integral, sino por su participación en la definición de los contenidos de cada mes y de cómo abordarlos.

¡Y Haydée! En estos días se está cumpliendo un año de su partida hacia el “no ser”. Y a medida que pasa el tiempo, más la extrañamos. Ella se sumó en 1999 y nos acompañó en el camino durante más de dos décadas. Con su jerarquía de experimentada periodista profesional y su extraordinaria cultura, Tras Cartón se potenció notablemente. No solo hemos aprendido con ella a ver todo con una mirada más afinada y crítica, sino que su pericia también le aportó al periódico olfato para identificar los temas relevantes de cada momento en el barrio y en la ciudad, y eso redundó en que nos empezáramos a involucrar con más fuerza en aquello que constituye una de las facetas esenciales de nuestra función como periodistas: el tratamiento de la actualidad. Por otra parte, Haydée tenía recursos para acometer múltiples géneros. Podía afrontar con rigor tanto un arduo tema de política pública como conmover con la belleza de su pluma al evocar a un músico o un poeta. Dejó una huella indeleble y marcas de estilo que nos van a acompañar para siempre.

A principios de 1998, un año antes de la llegada de Haydée, se acercó a nuestro hogar redacción Silvia Giser. Silvia, siempre consustanciada con el proyecto, es parte de nuestro equipo desde hace 25 años. Ella fue durante mucho tiempo, con mayúscula, la fotógrafa del periódico. Hemos compartido decenas de entrevistas y un sinnúmero de actividades barriales. Una gran amiga.

Y a propósito de nuestro sitio web, no podemos dejar de nombrar a Diego Santillán. Diego, a quien conocimos cuando tanto él como nosotros confluimos en el ya legendario espacio asambleario de Juan B. Justo y San Martín que funcionó durante los primeros meses de 2002, fue quien lo diseñó y quien nos asiste en todas las cuestiones técnicas, siempre con la mejor disposición.

Párrafo aparte merecen las ilustraciones de tapa como rasgo característico del Tras Cartón de los primeros años. Al margen de los ya mencionados dibujos de Luis, tuvimos además los de Pablo Beker y Carlos Terribili, prestigiosos y experimentados artistas plásticos, ambos ya fallecidos, así como los de, en ese entonces muy jóvenes, Sigrid Mendiguetti, Gabriel Ramírez y Pablo Hoffman; y un tiempo después, los expresivos e inquietantes trabajos de Perla Margulies.

Filtro los nombres de algunos más de los tantos que dejaron su rastro: Oscar García, poeta y difusor de tango fallecido en 2003, que nos proveyó durante varias ediciones de su exquisita columna sobre secretos de las letras de clásicos títulos del más porteño de los géneros musicales; José Luis Amigo, a quien conocimos muy joven y con ganas de formarse como periodista y nos aportó en su paso una buena cantidad de notas que, en su gran mayoría, en virtud de su estrecho vínculo con Argentinos Juniors, se ocupaban de la vida institucional y deportiva de este club que es el gran articulador de nuestra identidad barrial; Sirarpi Himitian, con su simpático “Cartoncito de Biblioteca”; Sandra Bertolozzi, con su sección “Enterándonos”, dedicada a divulgar asuntos de salud sexual y reproductiva (en la segunda mitad de los 90… ¡antes de la ley de ESI!); Federico Lanata, con sus reseñas de acontecimientos deportivos históricos e informes sobre clubes de las proximidades; Diego Orfila, con sus numerosas crónicas barriales y sus entrevistas a músicos de jazz; Mónica Sortino, con su columna de educación y su participación en la producción de destacados informes sobre temas varios; Sulchi, con su ráfaga de apasionados artículos sobre fenómenos y epopeyas de la historia argentina y latinoamericana; Carlos Pico, con sus fotografías; Ergoto de Bonaero, con su universo de misceláneas; Sebastián Lopardo, con sus dotes de buen promotor gracias a los cuales tuvimos un notable incremento del número de anunciantes…

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Resulta extraordinario y un tanto ruborizante esto de hablar de nosotros mismos. De todos esos nombres que somos nosotros mismos. Un medio barrial es una antena que debe captar lo más relevante de lo que pasa a su alrededor e iluminar aquello a lo que le atribuye valor y está envuelto en sombra. Hecho ya este afanoso recuento, podemos ya dejar la autorreferencia para volver a lo que es nuestra habitual función, y contar cómo era ese barrio en el momento en que apareció Tras Cartón por primera vez, y si en esa primera edición algo de la particularidad de ese barrio había sido captada.

Hago pie otra vez en la inaugural entrevista a Cespi. Hombre de edad ya en ese entonces, nos dejó esta frase como parte de la respuesta a nuestra inquietud de cómo era el barrio en su infancia y su juventud: “No cambió mucho desde que yo vine, prácticamente no cambió nada”, expresó ni bien empezó su relato.

Y ahora pienso. Ese gran barrio que no cambiaba era el que se inundaba en torno a la avenida Juan B. Justo y el que con cada tormenta nos compelía a poner las compuertas en la puerta del edificio de la calle Beláustegui para que no penetrara tanto el agua; era el que aún desconocía que alguna vez la Plaza Roque Sáenz Peña, sí, aquella que está delimitada por las calles Juan B. Justo, Boyacá, Andrés Lamas y Remedios Escalada de San Martín, iba, como consecuencia de un incidente vial, a estar en boca de todos como la “Plaza de Pappo”; era el de las avenidas sin metrobús; era el de La Andaluza de la calle Camarones, con sus mesas de billar en el fondo y el legendario pasado por el que fue nominado bar notable; era el que todavía resistía al embate de las desarrolladoras inmobiliarias y el que, por ende, aún no ostentaba claramente el fenómeno del incremento poblacional; era el que no imaginaba ver a las jurisdicciones llamadas La Paternal y Villa Mitre formalmente separadas y diluidas cada una de ellas en dos estructuras mayores llamadas comunas, que al día de hoy todavía no sabemos bien qué es lo que aportan para mejorar la vida de los vecinos; era el que aún contenía en su seno e inhabilitada a la vieja cancha de tablones de Argentinos Juniors; era el que aún exhibía el glamour de la vieja estación de tren de estilo inglés y la desolación y el hedor de los terrenos abandonados del ex Albergue Warnes; era el de “La isla” sin viaducto y más aislada; el que aún no era recorrido por cartoneros y carecía de esa ciudadela llamada La Carbonilla… ¡Cuántas cosas han pasado en estos treinta años!

No lo sabíamos. Tras Cartón se lanzó al ruedo en una época que estaba destinada a sufrir el impacto de cambios vertiginosos. De muchas de esas transformaciones han quedado los registros periodísticos accesibles a cualquiera que quiera consultar nuestro archivo. Pero la transformación no fue solo urbanística y demográfica. También, los medios barriales gráficos fueron conmocionados por la revolución tecnológica que representó la aparición de Internet y la consiguiente explosión de las redes sociales. Nuevas formas de comunicación que hicieron que hoy, por ejemplo, sea una completa rareza una carta de lector. De ahí que aquellos que no quisimos quedar rezagados, ya entrado el siglo XXI, comenzamos a lanzar como complemento de nuestros gráficos los medios digitales. Y con el tiempo estos fueron cobrando autonomía.

Pero atenti: todavía el soporte gráfico del medio barrial sigue siendo valorado. Todavía es muy prematuro hablar de su ocaso. Es más, en el Estado de la Ciudad rige una ley para promover y fortalecer a los medios vecinales. Por esa norma se les asigna una porción del presupuesto destinado a la publicidad oficial de los actos de gobierno y son los medios gráficos, en consideración de los costos que conlleva su producción, quienes reciben las pautas de mayor valor. Lacooperativa EBC, de la que forma parte Tras Cartón y que mencionamos en párrafos anteriores, agrupamiento de vital importancia para la preservación y el crecimiento de los medios que la integramos, ha trabajado concienzudamente en la elaboración de esa ley y ha luchado para que se sancionara y se implementara. Por otra parte, los comercios y profesionales proclives a anunciar en medios barriales aún siguen apostando preferentemente a la modalidad gráfica. Que lo diga, por ejemplo, Ricardo Ruggiero, titular de Copias RS, cuyo anuncio cumple la misma cantidad de años que el periódico, pues se anotó para salir en el número 1 y desde entonces continúa número tras número ininterrumpidamente. 

El nombre de nuestro periódico remite a un vocablo que, en su acepción más sugerente, alude a lo que hay detrás. “Un lance en el juego de naipes en que se queda detrás la carta con que se hubiera ganado y se anticipa la que hace perder”, acusa el diccionario. Extraña maniobra que tal vez debería explicarnos un tahúr. Lo que sí sabemos es que la carta, nuestra carta, fue echada hace 30 años y sigue sobre la mesa. Y entonces, respiramos hondo y una vez más exclamamos: ¡Eureka, Tras Cartón!

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