Logo
Imprimir esta página

Ciencia y literatura sobre aguas turbulentas

Ciencia y literatura sobre aguas turbulentas

En el marco del ciclo Ciencia y Ficción que promueve en su sede de Artigas 1850 la Biblioteca Ansible, tuvo lugar el conversatorio “Turbulencias del agua”. Fueron sus protagonistas Claudia Aboaf, escritora, astróloga, ex docente de la UNA e integrante de la colectiva Mirá socioambiental, y Haydée Pizarro, bióloga, investigadora del CONICET y profesora del Departamento de Ecología en la UBA, donde coordina el Programa Socioambiental.

En el comienzo de la charla en la que ofició de moderador Martín de Ambrosio, Pizarro rememoró su temprana atracción por el agua y por visitar lagos y lagunas y cómo esta inclinación la fue llevando a su vocación por la biología y a estudiar las singulares propiedades físicas del agua.

“Yo me dediqué a trabajar con microcomunidades, como pequeñas civilizaciones que crecen pegadas a las piedras al lado de un arroyo o de un lago”, relató la investigadora. Y aclaró que eso que llama “pequeñas civilizaciones” se trata del perifito, ese “verdín” que “a lo mejor lo pisás y te resbala” y que funciona como sensor rápido “de lo que le pasa a todo el cuerpo del agua”, señaló la científica.

A su turno y tras algunas consideraciones sobre su elección de la palabra “turbulencias” para titular la charla –entre ellas, su curiosidad por fenómenos que se dan en el agua como los remolinos o los cruces de corrientes–, Aboaf ordenó su exposición en torno a Trilogía del agua, saga de tres novelas –“Pichonas”, “El Rey del Agua” y “El ojo y la flor”– donde imagina un futuro sin agua dulce en la cuenca del río Paraná y en el Delta de Tigre. “Para escribir ciencia ficción te tiene que gustar investigar, si no te vas a leer papers, mejor dedicarte a otra cosa”, fue uno de los desafiantes conceptos que esgrimió la novelista.

El intercambio cruzó el rigor científico con la metáfora literaria. Pizarro aclaró que la crisis hídrica no es de escasez, sino de calidad del agua apta para la vida. Rememoró su labor ante la planta Botnia y alertó sobre decisiones políticas que desoyen a la ciencia. Citó el caso de la merluza en los 90, bajo el gobierno provincial de Felipe Solá, cuya gestión habilitó buques factoría extranjeros ignorando los límites del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), lo que causó una sobreexplotación extrema de la especie, conflictos sociales y la proliferación de plagas. Como contrapartida, la científica propuso un horizonte de esperanza inspirado en su trabajo en la Antártida, “un continente en donde a fines de los años 50 del siglo pasado se firmó un tratado” por el cual solo se le otorgaban “fines pacíficos y de investigación científica”, y que constituye “una reserva de agua que termina siendo un bien común, porque en definitiva es una masa de agua impresionante que no es de nadie, pero es de todos”.

Entre tanto, Aboaf se valió de la idea de “reserva de agua” para establecer una analogía: “La literatura es como un reservorio de la imaginación... un reservorio sentimental también”. Y ambas coincidieron en que superar la crisis requiere transformar las narrativas que justifican la degradación ambiental. Mientras Pizarro abogó por energías alternativas que no fragmenten los ríos, Aboaf volvió a referirse a su Trilogía del agua para decirnos que su parte final trasluce una poética de la cooperación basada en la simbiogénesis de la bióloga estadounidense Lynn Margulis.

Al concluir su intervención, la escritora se interrogó sobre el sentido de su labor literaria: “¿Puede conmover una metáfora? ¿Puede conmover una imagen? ¿Estirar la imaginación? ¿Una utopía? ¿Puede modificarse una? ¿Conmover, modificar una narrativa y a partir de la narrativa tomar mejores decisiones? Bueno, ese es el campo donde me muevo”.

Derechos Reservados TrasCartón
Diseño Web Idea InterNet