Un retrato de Dominguito
- Por Miguel Ruffo
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Se cumplen hoy 160 años de la muerte en combate de Domingo Fidel Sarmiento –más conocido como Dominguito–, hijo de Benita Pastoriza, esposa de Sarmiento. A propósito del aniversario, ofrecemos una reseña sobre Domingo Fidel Sarmiento a los 5 años, o Dominguito, retrato realizado por Procesa del Carmen, hermana menor de Sarmiento, considerada la primera pintora de la Argentina.
A este retrato, que data aproximadamente de 1850 y cuyo original se halla en el Museo Histórico Sarmiento, el pintor y crítico Jorge López Anaya, lo señala como la “obra más recordada” de Procesa y lo califica como “de dibujo algo débil, con dificultades en los escorzos, pero de excelente cualidad comunicativa”.
Dominguito está representado de frente y de pie, de poco más de medio cuerpo, en la actitud de estar tocando un tambor. Viste camisa blanca y chaquetón azulado. Lleva un pequeño gorro rojo. Con sus ojos oscuros y muy abiertos mira al espectador. Las facciones de su rostro son delicadas, puras, límpidas; despiertan dulzura, candidez, cariño. Los labios dulcemente pegados el uno contra el otro. Las cejas están apenas delineadas. Se trata de un retrato que rebosa niñez, el momento en que uno despierta a la vida. Estamos ante la presencia de un testimonio que forma parte del subgénero de los retratos de la infancia.
En este caso, la imagen, que se inscribe dentro de lo que podríamos denominar academicismo, se enriquece con la presencia de un paisaje dado por la cordillera de los Andes que impera a todo lo largo de la frontera entre la Argentina y Chile. El paisaje es importante, no tanto desde el punto de vista geográfico, sino como detalle de las nuevas corrientes estéticas del romanticismo. Efectivamente, mientras que en los retratos clásicos tanto coloniales como republicanos, el fondo era por lo general de características neutras, cuando pasa a estar dado por un paisaje nos encontramos frente a una nota que se inscribe dentro de las innovaciones de las nuevas estéticas. Como este retrato está hecho en Chile, donde Procesa había estudiado con Raymond Quinsac Monvoisin, podemos decir que la cordillera como paisaje de fondo expresa la influencia del pintor francés.
Se ha señalado, y en nuestra opinión con acierto, que este retrato de Dominguito opera como contrapunto de su muerte en el campo de la batalla de Curupaytí en 1866. Si nos detenemos a observar la imagen, veremos a un niño tocando el tambor cual si fuese un tambor del ejército, señalando con sus repiques una marcha de soldados. Y con el correr de los años, el joven Domingo Fidel Sarmiento, marchará en Curupaytí para encontrar la muerte. Es como si el juego del niño estuviese anticipando la muerte del joven.
Finalmente señalemos que cuando el cine argentino homenajeó a Sarmiento, lo hizo con la película Su Mejor Alumno basado en la Vida de Dominguito, obra del gran sanjuanino en la que este rinde homenaje a su hijastro, reconstruyé su vida y expresa todo su dolor, al paso que idealiza las esperanzas que en aquél había depositado. Como si a través de la corta vida de Domingo Fidel, cristalizasen las enseñanzas del primer maestro de la república.
Fuentes consultadas:
López Anaya, Jorge (2005). Arte Argentino. Cuatro Siglos de Historia (1600-2000). Buenos Aires, Emecé.