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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 20 de mayo de  2024
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Un espacio para dialogar con el pasado

Un espacio para dialogar con el pasado

Se cumplen hoy cien años de la inauguración del actual Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo. Ubicado en Lujan, por su cuantioso acervo patrimonial se encuentra entre los más importantes museos del país.

Creado por decreto provincial el 31 de diciembre de 1917 con el nombre de Museo Colonial e Histórico de la Provincia de Buenos Aires, tuvo la referida institución a Enrique Udaondo como primer director, quien ejerció en forma honoraria desde 1923 hasta su fallecimiento el 6 de junio de 1962. Su personalidad influyó de un modo determinante para que un museo que ya llevaba más de seis años de haber sido creado no demorara aún más su apertura y creciera edilicia y patrimonialmente.

El museo se instaló en los edificios del Cabildo de la ciudad de Luján y en la lindera casa del Virrey Marqués de Sobremonte. “La histórica Villa merece este acto de consagración puesto que sus calles tortuosas y desniveladas de antaño y sus casitas blancas o sus ranchos de barro, fueron teatro en muchas ocasiones de hechos que rememora la historia nacional”, editorializaba el diario La Prensa en enero de 1918.

La idea de rescatar el edificio del Cabildo, que no solo estaba muy deteriorado sino también a punto de ser demolido, fue del comisionado municipal Domingo Fernández Beschtedt, amigo del entonces Interventor de la Provincia de Buenos Aires, Luis Cantilo, quien firmó el decreto de fundación del museo. Se iniciaron obras de restauración, las cuales estuvieron a cargo del arquitecto Martín Noél, especialista en el estilo colonial. El valor histórico del Cabildo y la casa de Sobremonte es muy importante si tenemos en cuenta que en ellas vivieron o estuvieron presos destacadas personalidades del gobierno nacional, la independencia y la organización nacional.

Mientras la fundación del Museo Histórico Nacional, que tuvo lugar en 1889, tuvo como objeto mantener las tradiciones de la Revolución de Mayo y de la Guerra de la Independencia, la del Museo de Luján, tal como dice su decreto fundacional, se proponía como meta “la conservación y respeto de las tradiciones que enaltecen desde sus orígenes a la Provincia de Buenos Aires, entre las cuales el Cabildo de Luján ocupa lugar prominente”. Y mientras el Museo Histórico Nacional se centraba en un concepto de tradición donde las alternativas del curso político serían la base de su periodización, el Museo de Luján buscaba las tradiciones en la época hispánica y colonial. En este sentido descuellan valores como el hispanismo, la catolicidad y el criollismo. El gaucho, como trabajador rural; el indio, desde su salvajismo originario hasta su civilización por medio de la evangelización; la iglesia, con su santuario de la Virgen y la prédica del mensaje de Cristo, constituían los valores transmitidos por la Madre España. Y todo ello debía explicitarse en las salas del nuevo museo. Esto no quiere decir que no se diese relevancia a la independencia y sobre todo al rol de la provincia hegemónica y a la defensa de su autonomía, ya que esta, de acuerdo al mencionado decreto “reaparece con su Cabildo, genuinamente criollo, defendiendo sus fueros contra la prepotencia de Buenos Aires”.

A las 14.30 horas del viernes 12 de octubre de 1923 se realizó el acto inaugural del Museo. Cantilo, ya en esta fecha como gobernador de la Provincia, acompañado por miembros del gobierno provincial asistió al evento. Le correspondió a Udaondo pronunciar el discurso de apertura en el que, entre otros conceptos manifestó: “Este establecimiento será un homenaje permanente de consideración a los hombres del pasado, cuya memoria conviene tener presente en un país como el nuestro, por las enseñanzas que perpetúan, y [será] un digno complemento de la escuela y ha de contribuir a robustecer el espíritu nacional tan debilitado en todas nuestras clases sociales”.

Para comprender estas palabras es necesario tener en cuenta que la gran inmigración europea desde los últimos decenios del siglo XIX había dado origen a una sociedad aluvial, vale decir, a una sociedad donde los inmigrantes constituían un alto porcentaje de la población y ello llevó a que diversos miembros del patriciado viesen en este proceso un debilitamiento de la idiosincrasia nacional. Pero no solo el peso de los inmigrantes en las clases trabajadoras y medias amenazaba los valores de la tradición, sino también en la propia elite gobernante: su afrancesamiento lesionaba los valores de lo hispánico y lo católico. Por eso Udaondo dice que “el espíritu nacional está tan debilitado en todas nuestras clases sociales”. El Museo de Luján, se proponía entonces rescatar valores que consideraba imperecederos. En 1934, al referirse a los testimonios que exhibía el museo, Udaondo los definirá como un todo que refleja nuestro pasado y “que insensiblemente hacen perdurar en las inteligencias los sucesos memorables de nuestra historia, tan llenos de saludables enseñanzas para mantener latentes en los corazones el amor al suelo patrio, el culto a los que fundaron nuestra nacionalidad y el anhelo ferviente de cooperar, cada uno en su esfera, a la obra magna e imperecedera que ellos cimentaron en 1810”.

“¿Que es el Museo de Luján?”, se preguntaba el escritor y pintor Eduardo Sánchez Zinny en 1934. Y así se respondía: “Para algunos, solo una casa donde la curiosidad se consuela con la contemplación de cosas exóticas de tiempos y sociedades desaparecidas; pero para los más, para los niños en especial, cuya imaginación está libre aún del bagaje mezquino que la existencia acumula en el cerebro del hombre actual, para los niños, repetimos, y para los espíritus sensibles que aman la vida por lo que la vida da y dio a sus semejantes de belleza, de alegría y tristeza, de miseria y gloria, para ellos el Museo es un templo en el que las imágenes y los objetos tienen siempre vida propia, personal, que suscita idénticas sensaciones a los que les dieron origen en edades remotas, y que dejan en el alma de esos visitantes el reflejo de sus ambientes impregnados del calor de la época y con sus mismas emociones”.

Para sentir el Museo de Luján, y me atrevería a decir, para sentir todo museo, es necesario despojarnos de la modernidad y recuperar el sentido primigenio que tuvieron las cosas. Y en este sentido los museos son el Templo de las Musas, y Clío, como musa de la historia, es el espíritu divino que le canta al pasado. Y esto es así porque la Edad de Oro no está en el presente y mucho menos en el futuro sino en ese pasado que muchas veces consideramos superado y alejado de nuestro hoy.

Visitar el Museo de Luján es dialogar con aquellos hombres y mujeres que nos precedieron en la vida; así, por ejemplo, es dialogar con el cabildante don Juan de Lezica y Torrezuri, que obtuvo del rey Fernando VI la Real Cédula por la cual la localidad de Luján era elevada a la categoría de Villa y dotada, por ende, de un Cabildo, y así, cuando nos encontramos frente a testimonios de la sala capitular, rememorar el instante en que Luján adquiere mayor jerarquía con todo lo que significó su Cabildo respecto del de Buenos Aires; es dialogar con todos y cada uno de los hombres que tuvieron al Cabildo de Luján como prisión, y así, encontrarnos con el general José María Paz y preguntarle por las jaulas para pajaritos que hacía con su esposa Margarita Weil los años en que allí estuvo detenido; es dialogar con Juan Manuel de Rosas y con el conjunto de los gobernadores de Buenos Aires; y es dialogar con tantos hombres y mujeres que podemos perder la cuenta de tantos diálogos; pero no debemos olvidar el diálogo con la Virgen de Luján que con su milagro de 1630 manifestó su deseo de permanecer en este lugar y de esa manera convertirse en la fundadora de la Villa de Luján.

Luján, ciudad de la Fe y de la Historia, de la Basílica y del Museo, allí está para un encuentro con el pasado.

Fuentes consultadas:

Palacios, Beatriz (2005). Enrique Udaondo, su figura y el proceso de creación del Museo Histórico de Luján. Buenos Aires, UMSA.

Sánchez Zinny, Eduardo (1934). Catálogo del Museo Colonial e Histórico de Luján. La Plata, Taller de Impresiones Oficiales de la Provincia de Buenos Aires.

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