Raúl Lozza, una vida y la pintura perceptista
- Por Tras Cartón
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Se cumple hoy ciento quince años del nacimiento de Raúl Lozza. Artista de avanzada, fue un innovador de la expresión plástica de nuestro medio y creó la corriente que denominó perceptismo. Se destacó asimismo por su consecuente militancia gremial y política. Durante los últimos 30 años de su vida residió en La Paternal, donde había instalado su taller.
Según cuentan sus biógrafos, Raúl Lozza nació en Alberti (provincia de Buenos Aires) el 27 de octubre de 1911. Su padre le impartió los primeros conocimientos de dibujo y pintura, y era adolescente cuando realizó su primera muestra individual en su ciudad natal. En 1930 se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, donde se desempeñó como dibujante, especializándose en la temática social; colaboró en diarios y revistas e ilustró libros. En 1933 se afilió al Partido Comunista.
En 1944, junto con los escritores Sigfrido Radaelli, Héctor Lafleur y Alejandro Denis-Krause constituyó el grupo fundador del periódico de literatura, crítica y arte Contrapunto. El editorial del primer número expresaba, entre otros conceptos: “Los argentinos tenemos el hábito de abrir los ojos en la penumbra del desprecio o en la reverberación del entusiasmo. Y esto, que puede ser tan fecundo para tantas cosas, tiene en lo que respecta a las cosas del espíritu el inconveniente de que trastorna y falsea toda realidad. Casualmente, nosotros hemos disminuido la luz para lo nuestro aumentándola invariablemente para lo ajeno. No se trata de proceder a la inversa. Buscamos solamente el graduador de la luz para encontrar la tonalidad que no deslumbra ni enceguece, la tonalidad que necesita el ojo”.
La revista publicó trabajos de Fernando Guibert, León Benarós, Felisberto Hernández, Ernesto Sabato, Samuel Eichelbaum, Vicente Barbieri, Héctor Agosti, Carlos Vega, Juan Carlos Paz, Enrique Molina, Joaquín Giannuzzi, Ulyses Petit de Murat, Leónidas Barletta y muchos otros exponentes de nuestra cultura; su aparición se prolongó por seis números, el último apareció en octubre de 1945.
Un mes después, Lozza se unió a Tomás Maldonado, Lidy Pratt, Enio Iommi, Alberto Molemberg, Matilde Werbin, Jorge Souza, Antonio Carabuje, Primaldo Mónaco, Claudio Girola, Oscar Núñez y Simón Contreras para crear la Asociación Arte Concreto Invención, cuya primera exposición se inauguró en el salón Peuser el 18 de mayo de 1946, acompañada por el Manifiesto Invencionista.
En el único número de la revista de artes abstractas Arturo, aparecido dos años antes, así había expuesto Carmelo Arden Quin los principios del invencionismo: “Se ve pues que no puede ser ya la expresión, la que domine el espíritu de la composición artística actual; ni mucho menos una representación, o mágica, o signo. El lugar ha sido ocupado por la Invención, por la creación pura. En el momento actual, expresionismo, automatismo onírico, etcétera, importan nada más que reacciones y retrocesos y deben ser desterrados, abolidos. (…) Ni expresión (primitivismo); ni representación (realismo); ni simbolismo (decadencia). Invención. De cualquier cosa; de cualquier acción; forma; mito; por mero juego: por mero sentido de creación; eternidad. Función”.

La presidenta de la Academia Nacional de Bellas Artes, Nelly Perazzo, explica que en el Manifiesto Invencionista y en los dos números de la revista Invención, los miembros de la Asociación “se manifiestan en oposición a un arte representativo basado en la ilusión de espacio, ilusión de expresión, de realidad y de movimiento que debilitan al hombre porque al rodearlo de fantasmas y de ficciones de las cosas lo hacen renunciar a la acción”.
En 1947, Lozza se apartó de la Asociación y constituyó un movimiento independiente llamado perceptismo. Adriana Lauría refiere: “Trasponiendo al mundo de la pintura algunas nociones de la física y la matemática modernas, como la teoría de los quanta de Planck, la teoría de la relatividad de Einstein o las ecuaciones que definen el campo electromagnético de Maxwell, [Lozza] persigue elaborar en el arte un sistema equivalente al científico, evitando que sea un mero testimonio ilustrativo, sino que logre asumir un carácter acorde a los avances del conocimiento de la época. En poco tiempo elabora una técnica precisa. Problemáticas tales como ‘la estructura abierta’ (sistema proyectual regido por líneas de fuerza centrífugas en base al cual se definen las formas), la ‘cualimetría de la forma plana’ (con la que se controla y ajusta la relación forma-color) y la noción de ‘campo colorido’ (como lugar en el que se instala la pintura, idealmente el muro arquitectónico con el que interactúa), constituyen los elementos principales de un método cuyo fin es la producción de obras verdaderamente concretas y que responden al anhelo expresado por Lozza de realizar ‘[...] un arte de vivencia jubilosa, de belleza física y objetiva, de humanidad y de progreso, capaz de relacionar al hombre con lo desconocido, activando su conocimiento y su propia conciencia creadora’”.
En 1949 se inauguró en la Galería Van Riel (Buenos Aires) la Primera exposición de pintura perceptista de Raúl Lozza. El catálogo de la muestra incluye un texto del artista donde afirma que “El perceptismo no se complementa con el medio, sino que impulsa su desarrollo”. Y prosigue: “No es producto del medio, sino que está condicionado por su potencia renovadora. [...] no es el refugio de la pintura en un idealismo geométrico y matemático, sino la integridad a su realidad histórica y a la naturaleza inequívoca, inconfundible, de su función social, como hecho revolucionario y como proceso dialéctico de elementos materiales de creación. [...] Así, el perceptismo se manifiesta como la etapa superior y más avanzada de la pintura. Inaugura una nueva era en el arte, y difiere de las demás escuelas abstractas y concretas en el hecho fundamental de haber logrado por vez primera la realidad del plano-color, un nuevo concepto de estructura consustanciado con el proceso práctico de los medios visibles de creación, y la superación de las contradicciones entre forma y contenido, razón de ser del arte representativo y pesadilla del arte abstracto”.
En palabras de Nelly Perazzo, “gran parte de las ideas que sostienen los perceptistas son los que alimentan la beligerancia del grupo inicial: la lucha contra cualquier idealismo, contra cualquier manifestación que subraye lo subjetivo, contra el arte académico, contra el arte representativo; el apoyarse sobre una estructura materialista, el concepto del valor cognoscitivo del arte y considerar la obra como objeto en relación activa con el entorno”.
Considera asimismo: “La búsqueda sustancial va a referirse a la relación existente entre la cantidad (o sea la superficie, el tamaño) y la calidad de la forma-color que es denominada cualimetría y pretende exaltar el color como plano. De acuerdo con la determinación de la cualimetría se anula la especialidad del color que pasa a funcionar ‘coplanariamente’. El ‘campo’ –concepto que extraen de la física– sobre el cual jugarán las formas-color, es el nexo arquitectónico con el cual configurarán una entidad indisociable ya que los elementos no interesan en sí sino como relación”.
Por otra parte, en la biografía del artista incluida en el Centro Virtual de Arte Argentino, puede leerse: “Alcanza en poco tiempo los instrumentos de una ajustada técnica. Problemáticas tales como ‘la estructura abierta’, sistema proyectual regido por líneas de fuerza centrífugas y sobre cuya base se definen las formas, la ‘cualimetría de la forma plana’ con la que se controla y ajusta la relación forma-color y la noción de ‘campo colorido’, como lugar en el que se instala la pintura –idealmente el muro arquitectónico– y con el que interactúa; constituyen los elementos principales de una metodología que tiene como fin la producción de obras verdaderamente concretas. Entre 1950 y 1953 edita la revista Perceptismo, a través de la que difunde estas teorías”.
Y agrega: “Durante más de sesenta años publica ensayos y difunde sus ideas en decenas de conferencias dictadas en la Argentina y en el exterior. Como invitado especial viaja por Latinoamérica y Europa. Participa de la dirigencia gremial de los artistas y en acciones defendiendo la libertad de expresión y el patrimonio nacional”.
A partir de la última década del siglo pasado, Lozza recibe los mayores reconocimientos dentro y fuera del país. Así, en 1991 recibió el premio Palanza, discernido por la Academia Nacional de Bellas Artes; el año siguiente, el Konex de platino, y el gran premio de la Dirección Nacional de Cultura. En 1997 fue designado vecino destacado de la ciudad y obtuvo el gran premio de honor de la fundación Fortabat; en 1998, el premio Leonardo a la trayectoria del Museo Nacional de Bellas Artes; en 2007 fue galardonado con el premio Cultura Nación de la Secretaría de Cultura.
El artista murió en su casa de la calle Fragata Sarmiento 2070, de La Paternal, el 27 de enero de 2008.
Fuentes consultadas:
Héctor Lafleur, Sergio Provenzano y Fernando Alonso (1968). Las revistas literarias argentinas 1893-1967. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina.
Nelly Perazzo (2005). La pintura en la Argentina (1945-1965) en la Historia General del Arte en la Argentina, tomo X. Buenos Aires, ANBA.
Adriana Lauría (2003). El arte concreto en Argentina. Buenos Aires, Centro Virtual de Arte Argentino.