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“¡Qué barrios, mi madre!”

“¡Qué barrios, mi madre!”

Hoy se cumplen 85 años de la publicación en El Mundo de “Los reos y el fantasma”, único aguafuerte de Roberto Arlt ambientado en La Paternal. El barrio y algunos de los no muy santos personajes que proliferaban por sus calles caen bajo la mirada incisiva de este impiadoso cronista de la urbe porteña. Reproducimos aquí un pasaje del referido texto:

“Todos los reos en La Paternal están en la gloria. Tiene ya un motivo para no acostarse antes de las cinco de la madrugada, con el grave pretexto de vicharlo al fantasma que apareció en la calle Maturín y San Blas* y que le pegó un susto de órdago a un chanchero que todavía sigue enfermo de la impresión.
¡Qué barrios, mi madre!
Un callejón de barro con zanjas de dos metros. Fango negro. Charcos lívidos de agua. Cielo plomizo. Puentes de madera. Casas que se recortan como siluetas de alquitrán. Cacareo de gallos. En las esquinas, grupos de vagos, masas de sombras. Un patio con un farol encendido bajo los descarnados brazos de un parral. Allí pernocta el fantasma, según rumores.
Al lado, un potrero, con bardal de madreselva. En el bardal un buraco. Por ese agujero el fantasma sacó un cuchillo. Y, al ver el cuchillo, el chanchero, que pasaba pensando en los perros que faenaría, para confeccionar sus morcillas, recibió tal jabón que casi se muere de la ‘paura’.
(…) Caen algunas gotas de agua: Los esquenunes permanecen impávidos en las esquinas. Parecen brigadas de asaltantes. Los charcos refulgen lúgubres en sus platos de fango. Las casas parecen siluetas de alquitrán sobre el achocolotado plomo del cielo. El fantasma no aparece por ningún recodo. El pibe San Martín y Chacarita, en un aparte, me dicen: –Oiga… no se vaya a olvidar de poner nuestro nombre en la crónica ¿eh?...
Hasta los orres apetecen de inmortalidad”.

*Actualmente Dickman.

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