Mariquita a trasluz de un icónico retrato
- Por Miguel Ruffo
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Se cumplen hoy doscientos cuarenta años del nacimiento de Mariquita Sánchez de Thompson, una mujer que trascendió los espacios que la sociedad de su época asignaba al sexo femenino. La recordamos con una reseña sobre el retrato más conocido que nos quedó de ella: el realizado por el pintor Juan Mauricio Rugendas.
Hablar de Mariquita Sánchez de Thompson –de Mendeville por su segundo matrimonio– nos lleva al salón de su casa, que era todo un ejemplo de la sociedad ilustrada. Sus tertulias fueron mucho más que reuniones sociales donde se alternaban conversaciones, cantos y bailes. En ellas, a las que asistían los políticos y dirigentes del nuevo estado, se hablaba y debatían cuestiones políticas, filosóficas y literarias. Así, en su salón, se estaba al tanto de las novedades del siglo, de las nuevas ideas, de los avatares de los gobiernos de la revolución, de lo que acontecía en los frentes de las guerras de la independencia.
Mariquita fue presidenta de la Sociedad de Beneficencia organizada durante el gobierno de Bernardino Rivadavia. De alguna manera esta sociedad de mujeres de la elite estuvo destinada a desplazar lo que podríamos denominar “asistencia social” de la iglesia a una sociedad laica. Las relaciones de la señora de Thompson con el gobierno de Juan Manuel de Rosas fueron por momentos tensas y conflictivas. Todo la llevó a viajar periódicamente a la otra orilla del Plata.
Fue en 1845, cuando se encontraba en la Banda Oriental, cuando la retrató Juan Mauricio Rugendas, un pintor inscripto dentro del romanticismo. Se trata del primer retrato enteramente romántico pintado en el Río de la Plata.
Detengámonos a ver sus particularidades. En primer lugar, la representación de un cuerpo entero, a diferencia de los clásicos retratos donde el modelo lo era de medio o tres cuartos de cuerpo. En segundo lugar, el fondo está dado por un paisaje, cuando en aquellos era de características neutras. En tercer lugar, la variedad y riqueza de la paleta romántica, en contraposición a los limitados colores del clasicismo tradicional. Apuntemos que el paisaje ha sido construido en el taller a partir de los dibujos y bocetos que Rugendas trazó de la naturaleza americana. Es decir, no es un retrato cuya factura fuera realizada al aire libre, no es una pintura impresionista sino romántica. Rugendas, un enamorado de la naturaleza del Nuevo Mundo, de su cordillera de los Andes, de sus bosques, de sus ríos, fue registrando con sus lápices las alternativas naturales del espacio. No es un paisaje natural, insistimos. Ha sido construido en el taller, pero es una construcción que se basó en lo que la naturaleza americana ofrecía.
Adolfo Luis Rivera en su trabajo El retrato en Buenos Aires, en relación a la pintura que nos ocupa nos dice: “La composición se dispone según una de las diagonales del cuadro, y sobre la cual apoya la curva de la figura femenina, que está desplazada hacia la izquierda del eje vertical. Las sombras del primer plano se prolongan sin contraste evidente en el negro ropaje que viste la señora de Mendeville, y solo desaparecen en el blanco de la fina pañoleta, límite con la zona iluminada, a la que pertenece el expresivo rostro, enmarcado por los rizos de su oscura cabellera”. Y respecto de lo colores, afirma: “La entonación total es cálida: rojizos la tierra y el tronco del árbol; entre carmín y bermellón el manto sobre el que se apoya la dama; cálidos los verdes y aún los violetas y dorados del cielo”.
Para Domingo Faustino Sarmiento, Rugendas fue entre los extranjeros el que mejor comprendió nuestra naturaleza, reflejándolo con sus lápices y pinceles. Y de acuerdo a Jorge López Anaya, el retrato de Mariquita es la más importante entre las realizadas en el continente americano por Juan Mauricio Rugendas.
Esta obra forma parte de las colecciones del Museo Histórico Nacional. Generalmente se la exhibió en la sala destinada a dar cuenta de los procesos que definieron a la época de Rosas. En la actualidad forma parte de la sala denominada Tiempos de Provincia.
Fuentes consultadas:
Lopez Anaya, Jorge (2005). Arte Argentino. Cuatrocientos Siglos de Historia (1600-2000). Buenos Aires, Emecé.
Ribera, Adolfo Luis (1982). El Retrato en Buenos Aires, 1580-1870. Buenos Aires, UBA.