Los orilleros en la Plaza de la Victoria
- Por Miguel Ruffo
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¿Asonada del 5 y 6 de abril de 1811 o revolución de los orilleros porteños? Dos interpretaciones para un mismo acontecimiento histórico del que se cumplen hoy 205 años. La primera corresponde a la historiografía liberal y la segunda, a la revisionista. A propósito del tema, reproducimos a continuación un artículo que fue publicado en la edición impresa de Tras Cartón de abril de 1995 (Nº 25).
La formación de la Junta Grande en diciembre de 1810 sobre la base de la alianza entre los saavedristas y los diputados del Interior llevó a la renuncia de Mariano Moreno y al debilitamiento del liberalismo iluminista y jacobino en la nueva y fluida organización institucional.
Cornelio Saavedra continuó desempeñándose como presidente de la Junta y la nueva personalidad predominante fue la del deán Gregorio Funes, diputado por Córdoba. Su proyecto de organización de juntas subordinadas en las capitales de intendencia y ciudades del Interior impulsaba tendencias federales pero a la vez moderadas en el orden de lo socioeconómico y político, mientras que la centralización revolucionaria bosquejada por Mariano Moreno tendía a ser fagocitada por la nueva oleada conservadora.
Los morenistas derrotados (Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Domingo French y otros), desde los puestos que conservaban en la Junta Grande, desde el Regimiento Estrella y desde las reuniones políticas que se realizaban en el Café de Marco, desarrollaban una intensa oposición al saavedrismo. En un momento de la lucha política, la Junta Grande quiso extraditar a los españoles peninsulares. Los morenistas, tácticamente, se opusieron. Esto acentuó la animosidad entre ambos bandos.
Para fortalecer la autoridad de Saavedra al frente de la Junta, los alcaldes de Campana, dirigidos por Joaquín Campana, organizaron una movilización de la población de las orillas sobre la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) a fin de destituir a los morenistas de la Junta Grande, extraditar a los españoles peninsulares y juzgar a Belgrano (en campaña en la Banda Oriental) por su conducta en el Paraguay. Los orilleros impusieron sus reivindicaciones. Se fortaleció el saavedrismo.
La irrupción de las clases populares
Los acontecimientos del 5 y 6 de abril de 1811 señalan la presencia en el plano político urbano de un nuevo sujeto social: las clases populares o la población de las orillas, conformada mayoritariamente por quinteros, jornaleros, labradores. Era la población del arrabal, de las afueras de la ciudad (como Palermo, por ejemplo).
La Revolución de Mayo había sido una revolución de la burguesía urbana, de la “gente decente”: la élite mercantil e intelectual. En 1811, la Plaza de la Victoria congregó a los trabajadores urbanos.
Saavedra, pese a negarlo enfáticamente, no escapó a las sospechas de estar implicado en ese movimiento. A tal punto que, tras su derrota, fue políticamente “proscripto”. Y nunca se levantó su interdicción; ni siquiera lo hizo la Asamblea del Año XIII con su amnistía política. El “tumulto popular” no podía ser aceptado por la “élite revolucionaria”; los cambios empezaban a movilizar a sectores que estaban fuera del ámbito propio de la burguesía liberal urbana.
La historiografía liberal pensó los acontecimientos del 11 como asonada, golpe o autogolpe de Estado, en el cual los sectores populares fueron manipulados por los alcaldes de Campana para excluir al Río de La Plata del Siglo de las Luces. Una primera manifestación de la “barbarización” posterior, solo que aquí sucedía en el propio ámbito urbano.
La historiografía revisionista, con su revalorización de lo tradicional, hispánico y católico y su rechazo del liberalismo afrancesado, ensalzó a Saavedra y los acontecimientos del 11 y los pensó como revolución. A la manera de una revolución de las clases populares, la interpretó como un acontecimiento similar al 17 de octubre de 1945.