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La Independencia en clave iconográfica

La Independencia en clave iconográfica

Se cumplen hoy 210 años de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en el Congreso de Tucumán. Provincias Unidas en Sudamérica también se la llamaba porque la gesta emancipadora involucraba a toda la América del Sur. A propósito del aniversario, aportamos algunos datos sobre la genealogía de la Casa Histórica de la Independencia y examinamos dos pinturas que constituyen reconocidas iconografías del acontecimiento.

Cuando a principios de 1816 fueron llegando a la ciudad de Tucumán los diputados que, elegidos por las distintas provincias, integraron el Congreso, se planteó el problema de dónde sesionar, ya que el Estado carecía de un inmueble lo suficientemente amplio como para tal fin. La resolución se dispuso en febrero de 1816, cuando fue destinada por el gobernador para sede del Soberano Congreso de las Provincias Unidas la casa de doña Francisca Bazán de Laguna, casa en la que se habían alojado soldados y oficiales del Ejército del Norte. Asimismo, el Estado se encargó de equiparla con las sillas, mesas y candeleros necesarios.

Cuando hacia 1875 el Estado adquirió la casa, la demolió en su mayor parte para dejar solo en pie el salón donde se juró la independencia, el cual fue cubierto con un templete. Con anterioridad, Ángel Paganelli registró en una fotografía el frente de la casa de doña Francisca tal como se presentaba hacia 1869. Poco después y basándose en esa fotografía, el pintor y jurisconsulto cordobés Genaro Pérez pintó al óleo el frente de la casa histórica. En la actualidad, se encuentra restaurada y ha sido declarada Monumento Histórico Nacional. Su reconstrucción se basó en tres fuentes: la documentación gráfica, la historia oral y los testimonios materiales. Entre los primeros se encontraban la fotografía de Ángel Paganelli y el óleo de Genaro Pérez.

La casa original data de 1760. Presenta un portal barroco, compuesto por la puerta de acceso enmarcada por dos columnas salomónicas que   sostienen un arquitrabe. En ambos laterales, la fachada tiene dos ventanas con rejas voladas.

La iconografía de la Independencia no es tan abundante y variada como la del Centenario de la Revolución de Mayo (1810-1910). Cabe preguntarnos por qué. En primer lugar, en 1910 nos encontrábamos en pleno auge de la Belle Époque, del progreso indefinido, y 1910 era la gran fiesta de la Argentina independiente y exportadora. En segundo lugar, para 1916 el mundo se hallaba precipitado en la Gran Guerra (1914-1918) y los ideales de paz, orden y progreso habían colapsado. En tercer lugar, el director fundador del Museo Histórico Nacional (MHN), Adolfo Pedro Carranza, principal comitente de la iconografía de Mayo, fallecido en 1914, no tuvo un heredero de su magnitud. En cuarto lugar, la Revolución de Mayo fue en Buenos Aires, la ciudad que se convertiría en rectora de la Argentina moderna y 1910 era la fiesta de Buenos Aires, de la ciudad que celebra sus fastos, sus glorias.

La obra más importante –la que encabeza esta nota– entre las que reconstruyen la declaración de la independencia es la acuarela de Antonio González Moreno titulada 9 de Julio de 1816.

En 1941, el diario La Prensa, el de mayor circulación en la Argentina de esos años, organizó un concurso con el objeto de premiar la obra alusiva a la independencia que fuese la de mayor calidad histórica y artística a juicio del jurado. Resultó premiada la mencionada obra que fue difundida en colores y a toda página, como tapa de la segunda sección del diario, en la edición correspondiente al 9 de julio de 1941. La acuarela nos presenta una imagen del Congreso de Tucumán en el día de Declaración de la Independencia. Se observa un clima festivo, no el de la fiesta del recuerdo, sino el de la “fiesta prístina” de la independencia al fin declarada. Estamos ante el nacimiento de las Provincias Unidas en Sudamérica y a partir de entonces se constituye ante el mundo una nueva nación. Carlos Páez de la Torre, destacado historiador de la provincia de Tucumán, describe así la imagen: “Se advierte que el artista se documentó en los retratos existentes para pintar a 16 de los 29 congresales que estuvieron en la sesión. Las figuras más notorias, de frente y al centro, son el presidente Francisco Narciso de Laprida, el secretario Juan José Paso (encorvado y leyendo el acta) y Fray Justo Santa María de Oro. Entre estos dos, mira de frente Mariano Boedo. Desde la izquierda, están: José Darragueira, Pedro Ignacio de Castro Barros y, de espaldas, con uniforme militar y el bicornio en alto, José Ignacio Gorriti. En el bloque de la derecha, se distinguen a Tomás Godoy Cruz, a Tomás Manuel de Anchorena, de perfil, con sombrero y bastón en la mano. En su hombro se apoya Pedro Medrano. Detrás de este, Pedro Ignacio de Rivera y Fray Cayetano Rodríguez. Asidos a los barrotes de la ventana, Eduardo Pérez Bulnes y Mariano Sánchez de Loria. Sobre el ángulo izquierdo, Antonio Sáenz habla a don Esteban Agustín Gascón”.

Cabe destacar que la de Moreno no es la única ilustración que reconstruye el 9 de Julio de 1816, pero si parece ser la más exitosa dada la frecuencia con que se la reproduce hasta la actualidad. El aire triunfal del conjunto se inscribe dentro de la visualidad heroica de las pinturas de historia.

Por último, examinemos La Casa Histórica de la Independencia, el ya citado óleo sobre madera de Genaro Pérez basado en la fotografìa de Paganelli.

Como ya anticipamos en la introducción, la base de esta obra es la fotografía que Paganelli le toma a la casa de doña Francisca. Sobre la casa ya hemos dicho que se trata de una construcción de fines del siglo XVIII y que forma parte del barroco hispanoamericano. La relevancia de este óleo, al igual que la de la fotografía de Paganelli, consiste en que son testimonios directos del frente de la casa tal como era antes que el Estado la demoliese para instalar una Casa de Correos y Telégrafos.

Finalmente, señalemos que, para los tucumanos, la casa es conocida con el nombre de Casa Histórica de la Independencia, como quedó inmortalizada por el título del óleo de Genaro Pérez, y no como la “casa o casita de Tucumán”.

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