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La Buenos Aires de María Elena

La Buenos Aires de María Elena

Un 1º de febrero, hace 90 años, nacía en la provincia de Buenos Aires, más exactamente en lo que entonces era el pueblo de Ramos Mejía, una artista singular: poeta, compositora, cantante, dramaturga, narradora. Sí, nos referimos a María Elena Walsh.

Aunque probablemente sea más recordada por su prolífica obra dedicada al público infantil –que atravesó a varias generaciones desde los años 60 y, según parece, aún mantiene su poder de seducción entre los infantes del siglo XXI–, desde su faceta musical María Elena también supo gustarles a los mayores, con temas emblemáticos como La cigarra, Serenata para la tierra de uno, Oración a la justicia, Magoya y Sábana y mantel, entre otros. Y supo también cantarle a la ciudad de Buenos Aries, donde vivió la mayor parte de su etapa adulta hasta su fallecimiento en enero de 2011.

En esta breve reseña, elegimos recordarla precisamente por una de sus creaciones más explícitamente porteñas, si se quiere: Vals municipal, incluido en el disco El sol no tiene bolsillo, de 1971.    

“Una vez y otra vez, cantaremos la fiel serenata…”: así comienza esta canción que, balanceándose suavemente al ritmo del vals y apoyada en un dulce estribillo, nos invita a recorrer una toponimia significativa de la “Reina del Plata” de aquellos años, desde la particular sensibilidad de María Elena, que asocia cada lugar con un sentimiento o una vivencia.

Así, entre los sitios que menciona encontramos una esquina de leyenda del barrio de Belgrano, donde el amor romántico y atemporal es posible (“Es un hombre con una mujer / que se besan en Pampa y la vía”); le siguen de cerca la avenida Libertador, ancha y vertiginosa, y luego la calma y laboriosa Laprida, con sus oficios ambulantes (“Es un loco por Libertador / que matándose cruza la vida / y es la flauta del afilador / que recorre la calle Laprida”); más allá, la miseria de los márgenes (“Es la noche de Villa Piolín / que nos llena de culpa y de frío”) y las cicatrices, que la autora se niega a naturalizar (“Es la guerra y la demolición / arrasando paredes y calles”).

Como no podía ser de otra manera, en sus estrofas resuenan también las citas de la alta cultura (“Es París en el Teatro Colón / y en los libros de Plaza Lavalle”), la bohemia de los mármoles que atesoran recuerdos (“Es el tiempo tirado en cafés / y es memoria en la Plaza Dorrego”) y la modernidad cosmopolita que se entrevera con los ecos de los viejos conventillos (“Es un chico que piensa en inglés / y una vieja nostalgia en gallego”).

En los versos finales, la poeta elige cantarle al trajín esperanzado de los humildes (“Es un pájaro y un vendedor / que rezongan con fe provinciana”), y a los amores tristes y a lo que queda de ellos (“Y también es morirse de amor / un otoño en el Parque Lezama”).

Muchos años han pasado desde aquel 1971 en que se estrenó este vals. Muchas cosas perecieron pero otras permanecen (Villa Piolín cambió de nombre y se multiplicó hasta la vergüenza…). Si la serenata es un género amoroso y callejero que tiene como fin festejar a alguien, vaya nuestro modesto tarareo para celebrar el natalicio de nuestra querida poeta. Feliz cumpleaños, María Elena.

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