“La aspiración más elevada del hombre”
- Por Haydée Breslav
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Se cumplen hoy 65 años de la celebración de esta fecha como Día de los Derechos Humanos, instituida por la resolución 423(V) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que invitó a todos los Estados miembros y a las organizaciones interesadas a que adoptaran “el 10 de diciembre de cada año como Día de los Derechos del Hombre”, a que observaran ese día “para conmemorar el aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre por la Asamblea General el 10 de diciembre de 1948” y a que redoblaran “sus esfuerzos para lograr que la humanidad realice nuevos progresos en este campo”.
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Así lo establece el primer artículo de la Declaración, que fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 217 A (III) del 10 de diciembre de 1948, en París.
En la oportunidad, la Asamblea proclamó a la Declaración “como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción”.
En el Preámbulo se expresa, entre otros conceptos, que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.
Se afirma también que “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”, y que “se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”.
Asimismo, se considera “esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión” y “promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones”.
En el párrafo siguiente se recuerda que “los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”.
El texto fue elaborado por un Comité de Redacción integrado por miembros de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas procedentes de ocho países, y presidido por Eleanor Roosevelt, viuda del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt; la versión definitiva fue redactada por el representante de Francia, René Cassin.
Desde su adopción, la Declaración Universal de los Derechos Humanos ha sido traducida a más de 360 idiomas, lo que la hace el documento más traducido del mundo.
Antecedentes
Se considera al Cilindro de Ciro (539 A. C.) como el más remoto antecedente de los derechos humanos en el mundo. Se trata justamente de un cilindro de barro cocido en el que se han grabado, en escritura cuneiforme, una serie de disposiciones de Ciro el Grande, rey de Persia, sobre liberar a los esclavos, restablecer los cultos y garantizar la paz.
Otro antecedente generalmente reconocido es la Carta Magna de 1215, que el rey Juan de Inglaterra, conocido como Juan sin Tierra, firmó presionado por los barones sajones que se habían rebelado, y a quienes reconoció amplios derechos, que posteriormente se extendieron a los ciudadanos libres de ese país.
También constituye un antecedente significativo la Petición del Derecho, enviada por el Parlamento inglés al rey Carlos I de Inglaterra en1628 y concedida por éste ante la presión de ambas cámaras. El documento consagra, entre otras garantías, las de no poder recaudar ningún impuesto sin el consentimiento del Parlamento ni poder encarcelar a ningún súbdito sin una causa probada, así como de no poder aplicarse la ley marcial en tiempos de paz.
Otros antecedentes importantes son la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Carta de Derechos. La primera, redactada por Thomas Jefferson y aprobada por el Congreso de ese país el 4 de julio de 1776, es la más antigua constitución nacional escrita actualmente en vigencia; en cuanto a la segunda, reúne las diez primeras enmiendas a la Constitución de ese país y entró en vigor el 15 de diciembre de 1791.
Este último documento garantiza, entre otras, las libertades de religión, expresión, prensa, reunión y petición, el derecho a un juicio rápido y público con un jurado imparcial, le prohíbe al gobierno federal privar a cualquier persona de la vida, libertad o propiedad sin el debido proceso, etcétera.
Nadie ignora la trascendencia de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia en 1789, seis semanas después de la Toma de la Bastilla.
Vale la pena transcribir sus primeros párrafos, cuya actualidad es manifiesta: “Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política, sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos”.
El primer artículo es el que dio origen al artículo inicial de la Declaración de las Naciones Unidas: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”. Y prosigue: “Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común”.
Fervientemente defendidos por Víctor Hugo, quien en 1881 fundó la Sociedad Protectora de los Ciudadanos contra los Abusos, los derechos del hombre fueron glosados por numerosos artistas y pensadores, y son parte del gran final de la película Esta tierra es mía, filmada por Jean Renoir durante su exilio y magistralmente interpretada por Charles Laughton.
Un antecedente más próximo es la Primera Convención de Ginebra, que reunió en 1864 a representantes de dieciséis países, quienes redactaron un convenio para garantizar el cuidado de los heridos en combate, posteriormente suscripto por casi todos los estados.
Además de disponer, entre otras cosas, que los heridos o enfermos serán recogidos y cuidados, sea cual fuere la nación a que pertenezcan, el convenio creó nada menos que la Cruz Roja Internacional, pues su artículo 7 establece “una bandera distintiva y uniforme para los hospitales, las ambulancias y evacuaciones que, en todo caso, irá acompañada de la bandera nacional”, admitiendo también “un brazal para el personal considerado neutral”, y disponiendo que “la bandera y el brazal llevarán cruz roja en fondo blanco”.