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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 11 de octubre de  2026
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Juan Moreira: entre la realidad y la ficción

Juan Moreira: entre la realidad y la ficción

Hoy se cumplen 150 años del episodio en el que Juan Moreira, gaucho argentino canonizado por la literatura, fue abatido y muerto en la localidad de Lobos por la policía. El trabajo que aquí presentamos se propone un contrapunto entre su vida real y la que emana de la popular novela de Eduardo Gutiérrez.

Cuando hablamos de Juan Moreira debemos diferenciar al sujeto histórico real del personaje literario de la clásica novela gauchesca de Eduardo Gutiérrez, publicada como folletín entre noviembre de 1879 y enero de 1880 en el diario La Patria Argentina. Ciertamente están vinculados ya que Gutiérrez desarrolló una investigación periodística en torno al sujeto Moreira antes de convertirlo en el protagonista de su novela. Pero ¿hasta qué punto Gutiérrez fue fiel al sujeto real? ¿O dónde comienza la fantasía del novelista en el proceso que llevó a la creación de su héroe? ¿Cuál es la relación entre la realidad histórica y la ficción literaria? Difícil resulta responder a estas preguntas por cuanto las respuestas han sido diversas y contradictorias entre sí.

Desde el punto de vista del historiador Antonio Pérez Amuchástegui, Gutiérrez ha “transformado en héroe a un maleante (…) sin duda –de ello hay pruebas concluyentes– Moreira no recibió ‘de arriba’ su bien ganada fama de matón. Este gaucho es la resaca del orillero, al servicio de la infamia política”. Una infamia acorde a una época (1861-1880) en que las elecciones eran terreno fértil para las más diversas formas de la violencia comicial. Era el matonaje de la política. Matonaje que enfrentaba a facciones opuestas (alsinistas y mitristas) del partido liberal.

Explica Flavia Macías, especialista en historia política argentina del siglo XIX, que en la segunda mitad de dicho siglo “el día de la elección era una jornada de enfrentamiento que, en general, involucraba la violencia y movilización de muchas personas (votantes o no) cuya participación daba legitimidad al acto electoral”. Y precisa: “Fue así que los desmanes comenzaban en el mismo momento de formación de la mesa. Piedras, palos, cuchillos y hasta armas de fuego, formaban parte de los combates”. Y así es que el resultado que arrojaba una mesa electoral dependía de qué facción la controlara. Moreira, gaucho malo, convertido en matón al servicio de la política, primero con los alsinistas y luego con los mitristas, estaba presente en los atrios de las iglesias donde se realizaban las elecciones. Gutiérrez, sin dejar de lado su parcialidad, narra el enfrentamiento de Moreira con Leguizamón, otro matón, pero de la facción política rival: “La perspectiva de una lucha entre aquellos dos hombres había preocupado de tal manera a los paisanos, que se preparaban para ir a las elecciones no para votar en ellas, sino para presenciar el combate entre Leguizamón y el amigo Moreira, asignando el triunfo, cada uno, del lado de sus simpatías”. La pelea entre Moreira y Leguizamón terminó con el triunfo del primero que, como corolario de su acción, les dice a los votantes: “Caballeros, que siga la elección”.

Malevo y compadrito, este Moreira real es visto por el ensayista Domingo Casadevall, citado por Pérez Amuchástegui, como un “torvo maleante, de regular estatura, algo grueso, de tez picada de viruelas, ojos verdosos y bigote rubio, sin barba alguna, de pésima índole moral y de escaso intelecto” a quien “le esperaba una espléndida metamorfosis literaria” por la cual “se transformó en un romántico héroe, de bizarra figura, moreno, gallardo, ágil, de larga y sedosa barba, buen bailarín, experto guitarrero y melodioso cantor, tierno marido, padre ejemplar, espejo de hidalguía y desinterés, brazo vengador de las arbitrariedades y abusos de comisarios, pulperos y milicos”. En cambio, desde el punto de vista de Josefina Ludmer, el Moreira real no difiere básicamente del personaje Moreira. La investigación periodística le había permitido a Gutiérrez describir al hombre por debajo del fárrago testimonial.

Para comprender el papel desempeñado por esta novela gauchesca en la política argentina es necesario tener en cuenta que después de la batalla de Pavón (1861) la “oligarquía paternalista” se lanzó, con su voluntad de “orden y progreso”, a transformar el panorama de los campos pampeanos.

Dos fueron las respuestas, a un mismo tiempo políticas y literarias, dadas desde la gauchesca al proyecto de la burguesía terrateniente.

Una fue el poema La Vuelta de Martín Fierro de José Hernández, donde el gaucho alzado como respuesta a las arbitrariedades y explotaciones de los poderes constituidos retorna de las tolderías indígenas para aconsejar a sus hijos. En una pampa que está transformándose con los alambrados, el ferrocarril, el telégrafo, el “gaucho errante” ha muerto. El gaucho debe aquerenciarse, tener tierra, rancho y mujer, integrarse al nuevo orden social de la Argentina agroexportadora.

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La otra respuesta es la que da la novela de Gutiérrez. Fue Moreira un gaucho bueno, sencillo y trabajador, que tenía mujer e hijo. Más aún, era un pequeño transportista. Era un pacífico trabajador del campo pampeano. Pero el engaño de Sardetti (un inmigrante italiano que se niega a devolverle el dinero que Moreira le había prestado), la codicia del teniente Alcalde que ambicionaba a Vicenta, la esposa de Moreira, crearán una situación donde la injusticia se descarga sobre este gaucho bueno que se ve arrastrado por las circunstancias a cometer dos asesinatos y así comienza una nueva vida, de malevaje, que lo conducirá a servir a la política de los señores.

¿Fue Moreira un trabajador de la Pampa, un gaucho bueno? O por el contrario ¿fue un gaucho malo, un matrero? La clasificación que Sarmiento hace de los gauchos trasunta estas preguntas. Incluso la imagen del gaucho cantor, del trovador de las pampas, está presente, ya que Gutiérrez nos dice que Moreira sabía tocar la guitarra. Más que la respuesta posible a estas preguntas, lo que tal vez importe sea ver en Juan Moreira los múltiples y diversos destinos de un gaucho de la Pampa. Concretamente, el Juan Moreira de Gutiérrez está llamando al gaucho a resistir hasta el fin las transformaciones de la Pampa, a defender lo tradicional y no integrarse al nuevo orden de los campos como proponía La Vuelta del Martín Fierro.

Fuentes consultadas

Gutiérrez, Eduardo (1999). Juan Moreira, Prólogo de Josefina Ludmer, Buenos Aires, Perfil.

Macías, Flavia (2011). 1853-1910. Aprendizaje Electoral. En Romero, Luis Alberto (director académico). Historia de las Elecciones Argentinas, Tomo 2, Buenos Aires, Clarín.        

Pérez Amuchástegui, Antonio J. (1965). Mentalidades Argentinas (1860-1930), Buenos Aires, EUDEBA.

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