Juan Bautista Vairoleto: bandido vindicador
- Por Tras Cartón
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Se cumplen hoy 130 años del nacimiento de Juan Bautista Vairoleto, bandido rural evocado como el “Robin Hood criollo”. La fecha es recordada cada año con festejos junto al río Atuel, en General Alvear, provincia de Mendoza, en el mismo lugar donde fue masacrado por 16 policías en 1941. Rescatamos, a propósito de este aniversario, una reseña sobre su figura realizada por Sergio Ferraro para la edición impresa de Tras Cartón de noviembre de 1999 y que llevó como título “Vairoleto no ha muerto. Vida y leyenda de un bandido vindicador”.
El 11 de noviembre de 1894 nació en Santa Fe, Juan Bautista Vairoleto, bandolero defensor de los humildes. Provocado y atacado por el gendarme Farache, quien además le peleaba el amor de una mujer, Vairoleto –en legítima defensa– le dispara y lo hiere mortalmente, apartándose, así, de la ley, la cual lo va a perseguir por más de veinte años.
Desde La Pampa, siempre escapando y viviendo en forma errante, recorrió las provincias de Mendoza, San Luis, Río Negro, Neuquén y Chaco, realizando sus hazañas y gestos románticos. Como consideró que el pago al trabajo era muy injusto, decidió subsistir a través del robo a los explotadores. Por causa de esta elección, en muchas oportunidades Vairoleto debió vivir aislado en el monte, donde perfeccionó las destrezas del campero y conoció y supo comprender a la gente que no tenía lugar en las ciudades ni en las colonias. Los míseros pobladores de estas zonas, resentidos contra los “guardianes del orden”, le ofrecieron refugio y compartieron hasta lo que no tenían, salvándolo más de una vez de las cacerías policiales. El supo pagar con creces esta ayuda: en vida repartió el producto de sus robos entre los humildes; una vez muerto fue convertido en leyenda y ejemplo de resistencia al poder, así como en santo milagroso al que se le hacen promesas y pedidos.
Muchos asaltos le fueron adjudicados. Su fama de invencible y gran tirador era enorme y se utilizaba su nombre para amedrentar a las víctimas de los robos. Algunos de estos fueron desmentidos por el propio Vairoleto, pero no se sabe exactamente cuántos se le atribuyeron impropiamente. Tuvo mucho cuidado de no matar –salvo cuando fue estrictamente necesario– así como evitó e impidió que se utilizara cualquier forma de crueldad o abuso contra las personas asaltadas.
Estuvo detenido varias veces y, en la cárcel, entre golpes y vejaciones, tuvo la oportunidad de conocer el temple y la firmeza del carácter de algunos anarquistas. Allí maduró su idea de considerar correcto que el trabajador tome por su cuenta los frutos de su labor, si ésta no es pagada como se debe por los dueños de los medios de producción. Adhirió a estas ideas libertarias y colaboró activamente en su difusión, repartiendo panfletos propagandísticos y hablando con los campesinos.
Paradójicamente, lo que no pudieron las policías de varios territorios lo pudo una criatura. Vairoleto, junto a su mujer, deciden tener un hijo e instalarse en Mendoza, tomando grandes precauciones, con nombre falso y hasta la complacencia de la policía de General Alvear y de algunos políticos. Pero la delación del Ñato Gascón –uno que supo andar en su grupo– lleva a sus perseguidores hasta la costa del río Atuel, donde es acorralado y ultimado.
Decimos que Vairoleto no ha muerto –y éste es el título de una obra teatral de Luis Vicchi que hoy en día representa una compañía itinerante de San Rafael– porque junto a Mate Cosido, Zamacola y algunos otros, a la manera del gaucho Juan Moreira, representa en la cultura popular la rebeldía frente a la autoridad y la legalidad formal, y esto se ve reflejado en canciones, mitos, coplas y obras teatrales. Los “buenos bandoleros” enfrentan toda forma de dominación avasalladora, excluyente y brutal y, entreverados con las revueltas agrarias, resultan un emergente social de las comunidades en crisis por la expansión del Estado moderno y el avance del capitalismo, expresando la protesta de los explotados y despojados antes de que aparecieran alternativas de organización política o sindical representativas de sus intereses de clase. Enemigos instintivos del Estado, la burocracia, la aristocracia y el clero, si bien movidos en parte por fines de interés personal, los “buenos bandoleros” coinciden muchas veces con las causas populares de lucha contra el orden burgués. De allí el mito y leyenda que de Vairoleto se construye.