Cristofano Allori y sus iconografías míticas
- Por Miguel Ruffo
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Se cumplen hoy 505 años de la muerte de Cristofano Allori, pintor italiano cuyas obras se caracterizan por el detenido estudio de los modelos y de la naturaleza y por abrevar en la Biblia y la mitología clásica.
El desarrollo de la actividad artística de Cristófano Allori tuvo lugar durante los años del Alto Renacimiento, es decir, el período en el que las conquistas del arte renacentista – óleo, perspectiva lineal, ilusión de profundidad, dibujo anatómico, cromatismo que podía ceñirse a las líneas del dibujo o romper con ellas y desarrollar una pintura colorística– estaban ampliamente establecidas.
A través su padre, el también célebre pintor Alessandro Allori, el joven Cristofano recibió sus primeras lecciones de pintura a la vez que tomó contacto con el arte de su tío abuelo Agnolo Bronzino. Su posterior vinculación a la Escuela de Bolonia le permitió superar el manierismo tardío y producir obras trascendentales como Judith y Holofernes o San Juan Bautista, las cuales nos ubican en tiempos del Antiguo y Nuevo Testamento. Si bien algunos de los temas bíblicos habían sido ya abordados por la pintura medieval, el Renacimiento los incorpora otorgándoles una resolución plástica de la representación sustancialmente distinta, dada la perspectiva lineal o la presencia de paisajes que apuntaban a una representación de la naturaleza o un cromatismo ya no áureo.
Analicemos algunas de sus obras:

Judith y Holofernes, óleo sobre lienzo, hacia 1613.
Para interpretar este óleo debemos ubicarnos en el “Libro de Judith” del Antiguo Testamento. Compuesto en la época de los Macabeos, a finales del siglo II a.C.., este libro narra la historia de Judith. Una pequeña ciudad palestina, Betulia, se encuentra asediada por Holofernes, general de Nabucodonosor, rey de Ninive. Judith, por entonces viuda, para salvar a su ciudad se viste con indumentaria de fiesta, alegre y atractiva, y se dirige hacia el campamento enemigo. Holofernes la encuentra hermosa y cae en la embriaguez ante Judith que le cortará la cabeza con su cimitarra. Allori nos presenta la cabeza de Holofernes sostenida por la mano izquierda de Judith que mira al espectador en son de triunfo. La decapitación ya se ha realizado. El contraste entre la sombría cabeza de Holofernes y el rostro angelical de Judith marca el ritmo de esta pintura, dado por el antagonismo entre un hecho cruel y la dimensión sensible de la heroína. Se cree que en Judith el artista pintó el rostro de Mazzafirra, su amada, y a la madre de ésta en la criada que alcanzamos a ver a la derecha de la composición. El tema de Judith y Holofernes ha sido visitado en más de una oportunidad en la historia del arte occidental. Ya se lo representaba en la medievalidad, donde la victoria de Judith era una alegoría de la victoria de las virtudes sobre los vicios. En el propio Renacimiento lo encontramos abordado por Donatello y Caravaggio.

La Hospitalidad de San Julián, óleo sobre lienzo, hacia 1612-1618.
Para Stukenbrock y Topper “este cuadro constituye una de las obras más hermosas de Allorí”. Nos presenta una composición dinámica: el santo ayuda, en una noche cubierta por las nubes y lluviosa, a un joven casi desnudo a bajar de una góndola. Los cuerpos que se entrelazan, el esfuerzo por sostener el cuerpo del joven al bajar, el gondolero que observa la escena, los pies desnudos del joven que se asientan y afirman en tierra y los diminutos espectadores que casi se ocultan entre los arcos de un edificio, conforman la nota de este momento. Un momento en que la ayuda de San Julián, el hospitalario, le permite al joven, que resulta ser Jesús, bajar a tierra. Es el momento en que San Julián, que había matado a sus padres por ignorancia, va a ser perdonado por Jesús porque había dedicado su vida a ayudar a los peregrinos y había construido albergues donde estos podían alojarse. San Julián era antiguamente el patrono de los peregrinos, de los viajeros y de los posaderos. Numerosas escenas de albergues contaban su historia. Una historia que adquiría un gran significado si tenemos en cuenta la relevancia de las peregrinaciones en el catolicismo.

Tobías y el Arcángel, óleo sobre cobre, 1621.
Los viajes de Tobías fueron representados en más de una oportunidad por la pintura italiana de los siglos XV a XVII. Allori compone a Tobías junto al Arcángel Rafael. Esta pintura sigue los lineamientos de la iconografía tradicional de Tobías, cuando éste es llevado por el Arcángel Rafael, que se desempeña aquí como su ángel de la guarda a través de un imponente paisaje. El pescado que alcanzamos a ver es el atributo del Arcángel Rafael. Este motivo de la tradición cristiana fue trabajado ya desde el siglo XII, a comienzos de la Baja Edad Media, como lo muestra el capitel de la iglesia de Besse-en-Chandesse-Puy-de-donne (Francia). En el Renacimiento el tema fue abordado por Botticelli y Pollaiuolo.
Fuentes consultadas:
Duchet-Suchaux, Gastón y Pastoureau, Michel (1990). La Biblia y los santos”, Madrid, Alianza Editorial.
Stukenbrock, Christianne y Topper, Bárbara (2005). 1000 obras maestras de la pintura, h f ullmann.