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Caravaggio: la poesía de la luz

Caravaggio: la poesía de la luz

Hoy se cumplen cuatrocientos diez años de la muerte en Porto Ercole de Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio, nacido en Caravaggio en 1573. Su obra perdura como ejemplo del realismo y del tenebrismo en la historia de la pintura.

“Caravaggio fue uno de los grandes maestros del tenebrismo barroco italiano. Las primeras obras fueron bodegones y escenas de género (bebedores, tramposos y muchachos, como el Baco de los Uffizi). En una segunda etapa, representada por un grupo de obras, Historias de San Mateo, se hace presente su preocupación por la luz. Finalmente se produjo un desarrollo pleno de la técnica tenebrista, con obras como La muerte de la Virgen, La Virgen del Rosario, El retrato del gran maestre de la orden de Malta, La resurrección de Lázaro y La adoración de los pastores”, leemos en la Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe.

Cuando se analizan las obras de Caravaggio, se habla de realismo en la representación. Pero ¿qué es el realismo? Este término tiene una gran elasticidad. Se habla de realismo clásico, de realismo socialista, de realismo social, de fotorrealismo o de neorrealismo. La amplitud o ambigüedad del término nos lleva a aplicarlo a obras de arte provenientes de diversas escuelas y de distintas épocas. Una pintura figurativa puede o no ser realista, en tanto en su figura podemos reconocer a los hombres y las cosas. Hay una mímesis o imitación de la naturaleza, tal como hablaban los antiguos griegos, y en tanto las figuras reproduzcan o imiten a la naturaleza pueden ser realistas. El realismo en el arte se opone al clasicismo, como lo natural se opone a lo ideal. En el realismo no hay idealización de los personajes o, para decirlo con otras palabras, estos personajes no responden a un modelo ideal.

El realismo de Caravaggio es al mismo tiempo naturalista y psicológico. Es naturalista porque imita lo natural, sus protagonistas son gente del pueblo, con sus rostros curtidos por el sol y el duro y esforzado trabajo de todos los días, con sus cuerpos cansados y envejecidos, con sus pies sucios y desnudos, con sus ropas viejas, deterioradas y rotas. Pero el realismo de Caravaggio también es psicológico porque el artista se preocupa por indagar en el mundo espiritual o anímico de sus personajes y transmitir esa espiritualidad en la representación. Así, “el realismo de Caravaggio se hace dramática y espiritualmente significativo por medios que no son realistas: sus pinturas están iluminadas por poderosos e irracionales contrastes de luces y sombras que resultan profundamente poéticos; sus fondos son desnudos y oscuros y unos espacios vacíos crean un ambiente ominoso en sus escenas, frecuentemente violentas”, dice Lawrence Gowing.

El uso de la luz en Caravaggio es lo más relevante de sus obras desde el punto de vista compositivo hasta tal punto que podemos hablar de una poesía de la luz. Esto se concentra en el personaje central y, en contraste con el claroscuro del fondo y del resto de la composición, revela el significado de la obra de arte.

El naturalismo de Caravaggio consistió en copiar fielmente la naturaleza. No importa nuestra apreciación subjetiva, si se trata de algo bello o feo, importa sí reproducir la naturaleza tal cual es. “Caravaggio debió leer La Biblia una y otra vez y meditar acerca de sus palabras (…) e hizo todo lo posible para que los personajes de los textos antiguos parecieran reales y tangibles. Incluso su modo de manejar la luz y la sombra colaboró a este fin. La luz, en sus cuadros, no hace parecer más suaves y graciosos los cuerpos, sino que es dura y casi cegadora en sus contrastes con las sombras profundas, haciendo que el conjunto de la extraña escena se salte por una inquebrantable honradez que pocos de sus contemporáneos podían apreciar, pero de efectos decisivos en los artistas posteriores”, afirma E. H. Gombrich.

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En La incredulidad de Santo Tomás vemos a tres apóstoles observar a Jesús resucitado. Hay una sensación de no creer en el regreso de Jesús de la muerte. Santo Tomás hurga con el dedo la herida de Jesús en el vientre para saber si es real. Esta imagen está basada en El evangelio según San Juan 20,27, donde Jesús le dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo sino creyente”. Los apóstoles son vulgares jornaleros, con rostros severos y frentes arrugadas. La luz se concentra en el cuerpo de Jesús y contrasta con la creciente oscuridad hacia el lado opuesto.

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En La cena de Emaos, vemos a Jesús sentado en la mesa con tres campesinos, al momento de estar impartiendo un mensaje que deja atónitos a sus comensales. Sobre la mesa se disponen las comidas y bebidas. Nuevamente el claroscuro, con la luz concentrada en Jesús y la sombras en el fondo.

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En La conversión de San Pablo, vemos al apóstol de los gentiles, abatido y caído en el suelo por la luz de Cristo. La luz se concentra en el caballo y el apostol con una magnífica contraposición con la sombra en el resto de la escena.

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Y para concluir nos referiremos a una de sus primeras obras titulada Los músicos. Se trata de una alegoría de la música muy de moda a fines del siglo XVI debido a sus connotaciones simbólicas y herméticas. “Cupido, dios del amor, se sitúa a la izquierda con sus flechas. Entre sus manos lleva un racimo de uvas puesto que, según los eruditos como Cesare Ripa, la música fue inventada para alegrar el espíritu tal como lo fue el vino. Cupido, hijo de Venus, mira delicadamente hacia abajo, mientras los músicos están enfrascados en su arte. Estos últimos están caracterizados como jóvenes imberbes, casi andróginos, como es típico de la pintura de Caravaggio”, dice Lourdes Cirlot.


Fuentes consultadas
Cirlot, Lourdes. Museos del mundo: Moma Metropolitan. Buenos Aires, La Nación, 2005.
Gombrich, E. H. La historia del arte. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1999.
Gowing, Lawrence (director). Historia del arte: manierismo, barroco y rococó. Barcelona, Ediciones Folios S.A., 2006.
Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe. Buenos Aires, Grupo Editorial Planeta, 2005.
Prendeville, Brendan. El realismo en la pintura del siglo XX. Barcelona, Ediciones Destino, 2000.

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