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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 20 de mayo de  2024
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Artemisia Gentileschi, feminidad y pintura

Artemisia Gentileschi, feminidad y pintura

Hoy se cumplen 430 años del nacimiento de Artemisia Gentileschi, pintora del Barroco. Importantes mujeres como Lucrecia, Betsabé, Judith y Cleopatra fueron figuras destacadas de sus obras. Mujer ella y mujeres sus personajes hicieron de Artemisia un ícono de los movimientos feministas del siglo XX.

Con sus retornos al paganismo clásico, a fines del siglo XVI el Renacimiento había sido sustituido por las nuevas corrientes ideológicas derivadas de la Reforma y la Contrarreforma cuyas intolerancias doctrinarias darían paso posteriormente a las llamadas “guerras de religión”. El siglo XVII, el siglo de Artemisia, es el gran siglo del Barroco, movimiento cultural que impregnó al conjunto de las artes: pinturas, esculturas, arquitecturas, literaturas... Los colores, la luz y el movimiento definen y caracterizan a una pintura barroca.

Artemisia comenzó a formarse artísticamente en el taller de su padre Orazio y fue asimilando el naturalismo presente en las obras del célebre e influyente Caravaggio. A través de su producción desarrolló pinturas de temática histórica y religiosa. Su condición de mujer no le impidió ser miembro de la Academia de las Artes del Diseño, ubicada en la ciudad de Florencia. Y el destacarse como pintora le permitió tener una clientela internacional para sus pinturas. Fue una gran artista del Barroco. No le faltó talento, pero en la historia del arte su figura recién fue reconocida entrado el siglo XX con el auge del feminismo pues, precisamente por su condición de mujer, se le negaba el reconocimiento que sí obtenían los hombres que se destacaban en disciplinas artísticas.

En 1611, Agostino Tassi, maestro y amigo de su padre, la violó. Esta violencia ejercida sobre su cuerpo de mujer, sobre su alma avasallada por el violador, terminaría por ejercer notable influencia en el tratamiento de los personajes femeninos de gran parte de sus obras.

Veamos algunas de sus obras:

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En Susana y los Viejos, de 1610, el personaje de Susana está tomado del Antiguo Testamento, para ser más precisos del capítulo 13 del libro de Daniel. Susana era una hermosa mujer, casada, que solía pasearse por el jardín de la casa. En una ocasión en que se había tomado un baño y se hallaba desnuda, llama la atención de dos viejos que lujuriosamente la observan y que deciden obligarla a mantener relaciones sexuales con ellos. La negativa de Susana lleva a los viejos a acusarla de tener relaciones con un joven y, dada su condición de mujer casada, al ser juzgada culpable es condenada a morir lapidada. Pero Dios, a través de la intervención del profeta Daniel, salvó a la inocente Susana: los viejos fueron condenados a muerte por su falso testimonio y ella retornó feliz a los brazos de su esposo. El tratamiento que Artemisia realiza de la historia de Susana revela a una mujer avergonzada de las actitudes que los viejos tienen hacia ella. Nos encontramos frente a un desnudo que no representa la instancia del baño, sino el momento posterior, cuando Susana se asusta de las miradas lujuriosas de los viejos. Esta pintura ha sido interpretada como una crítica a las amistades propensas a la bebida y a las peleas que rodeaban al padre de la pintora.

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Inspirada en el Libro de Judit, del Antiguo Testamento, que cuenta como la heroína Judit al decapitar a Holofernes libera a Israel del dominio de sus enemigos y se convierte ella en un instrumento de Yahveh y en expresión de la alianza entre Dios y el Pueblo Elegido, Judit decapitando a Holofernes, de entre 1612 y 1613, es una alegoría que expresa el deseo íntimo de toda mujer violada de decapitar a esos tantos Holofernes que son sus violadores. Esta obra, que impresiona por la violencia expresada, ha sido interpretada como una alegoría de la violación que sufrió a manos del amigo de su padre. El instante en que la heroína bíblica de Judith decapita a Holofernes es el instante imaginario en que Artemisia decapita a su violador. Es como la venganza de la mujer ultrajada. Hay una identificación entre Judit y Artemisia: la pintora nos está diciendo que Agostino Tassi, su violador, es Holofernes, y así como la cabeza de éste rodó por el suelo, así también la cabeza de Agostino es cortada por esa Judit en que se convirtió Artemisia. Judit decapitando a Holofernes está inspirada en una obra de Caravaggio; sin embargo, aquí, la pintora trasciende el naturalismo de dicho pintor y ve en Judit la gran fuerza de la mujer que arremete sobre su violador al castigar en éste el ultraje que sufren las mujeres en una sociedad machista y patriarcal. Es el poder extremo de la mujer frente a hombres que no vacilan en tomarla por la fuerza y en la que ella ejerce la justicia reparadora.

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En Sansón y Dalila, de entre 1630 y 1638, Dalila está cortando los cabellos de Sansón. Esta por privarlo de su fuerza y, como los cabellos largos eran la expresión de la fuerza divina que residía en Sansón, lo está privando de los favores de Dios. Es como si Dalila cortase la vinculación de Sansón con el Dios de los Cielos. Estamos frente a una mujer que, como instrumento del mal, está por privar al hombre de su elixir. La historia de Sansón y Dalila se encuentra en el Libro de los Jueces, del Antiguo Testamento, y es una historia que nos narra un episodio de la lucha entre los israelitas y los filisteos. Estos se valen de una hermosa mujer, Dalila, para sonsacarle a Sansón el secreto de donde residía su descomunal fuerza. Y todo ello Dalila lo hizo por dinero. Mientras Susana y Judit contaban con el favor de Dios, Dalila nos presenta a la mujer como instrumento de las fuerzas que se oponen a Yahveh. Y en este sentido, Sansón y Dalila expresa una dimensión de la mujer que logra finalmente seducir con sus encantos al hombre y privarlo de su fuerza que, en este caso, era una fuerza divina.

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En Autorretrato como alegoría de la pintura, de 1638, Artemisia se reivindica como mujer y como artista. Allí, autosorprendida en su taller, en el momento de su creatividad artística, nos encontramos frente a todos los componentes del arte de la pintura. Allí están la luz suficiente, la modelo, la tela en la que se volcará la representación, la paleta de colores que le darán cromatismo a la obra, el pincel como herramienta de la creación pictórica y ante todo la mano de la artista que dotará al pincel de la magia que dará origen a lo creado. Y por ser una alegoría es como un símbolo de la creación del mundo por Dios, donde el artista es también un creador. Mientras la obra de Dios es el mundo, la obra del artista es su pintura. Dios y el artista están hermanados por el acto de la creación. Asimismo, es el autorretrato un género en que el artista se aventura en un viaje hacia el interior, es un ejercicio de introspección. Y en este sentido el autorretrato de Artemisa es un viaje hacia la creatividad de la mujer. Nos está diciendo que la mujer tiene al igual que el hombre derecho a la creatividad. Es, como dijimos, una reivindicación de la mujer, del ingenio femenino, de una fuerza creativa que no debe ni puede circunscribirse al hombre. La mujer es tan creadora como éste. Por ende, si a partir del Renacimiento, los artistas desarrollaron el autorretrato con la meta de reivindicarse como creadores, el autorretrato de Artemisia pone a la mujer en el sitio de la creación.

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En María Magdalena como melancolía, la cabeza de María Magdalena se apoya en una mano que cae, como si el apoyabrazos en que el codo se sostiene no le proporcionasen fuerzas para erguirse. Los ojos se cierran, la otra mano, la izquierda, cae resignada en una de sus piernas. El cortinado que se abre hacia el fondo no resalta, no jerarquiza su figura. El fondo es neutro. Todo transmite, si se quiere, el cansancio, el agotamiento después de de un combate. Su sillón es el trono de los sueños incumplidos, tal vez de un pasado irremediablemente lejano y donde han quedado sepultadas las ilusiones, pero que precisamente por ser ilusiones eran la fuerza de la vida. Una fuerza cada vez más alejada del tiempo presente que se añora como paraíso de los orígenes.

 

Fuente consultada:

Josu Errikarta Díaz Salcedo (2015-2016). Reivindicación de una mujer pintora. Análisis historiográfico y textual de autorretrato como alegoría de la pintura de Artemisia Gentileschi. Universidad del País Vasco.

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