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11 de septiembre de 2013

A 40 AÑOS DEL GOLPE MILITAR EN CHILE

Cosas que pasaron ese día en Buenos Aires

Por Haydée Breslav


Al cumplirse 40 años del golpe militar que derrocó al presidente chileno Salvador Allende e inauguró un periodo de horror en todo el territorio latinoamericano, recordamos algunas cosas que pasaron ese día en Buenos Aires.

Consignemos primero que la fecha ha dado lugar a la organización de distintos actos conmemorativos: cabe destacar el que se realizó ayer en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad, presidido por el ministro del área, Hernán Lombardi.

En su discurso el funcionario, además de mencionar el “dramatismo inconmensurable” de “ese hecho trágico” y de rendir homenaje a la memoria de Allende, hizo propicia la oportunidad para traer a colación “un recuerdo personal”.

Y relató: “Al conocerse la noticia, el rector del Nacional Buenos Aires cerró el establecimiento y los 1.600 alumnos marchamos hacia la Embajada de Chile para repudiar el levantamiento”.

Así planteadas las cosas, no parece ocioso aportar por nuestra parte algunas precisiones sobre los hechos que sucedieron ese día en Buenos Aires.

Eran tiempos de mucha ebullición política: no hacía cuatro meses que Allende había visitado Buenos Aires para presenciar la asunción del presidente Héctor Cámpora. La respuesta popular al golpe fue tan inmediata como importante: si tuviéramos que compararla con un hecho reciente, tendríamos que mencionar la reacción que se produjo al conocerse el asesinato de Mariano Ferreyra.

Se convocó a concentrarse en la plaza del Congreso, y la manifestación resultó multitudinaria. La Juventud Peronista, en sus diversas variantes, aportó las columnas más numerosas, integradas por militantes de la corriente denominada Tendencia Revolucionaria. El dirigente más importante era el secretario general de “la gloriosa JP”, Juan Carlos Dante Gullo, quien actualmente, en su despacho de vicepresidente segundo de la Legislatura, bebe champagne por cuenta de los porteños. Otro líder muy influyente era Miguel Talento, de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), quien, después de haber ejercido igual cargo legislativo, se desempeña hoy como cónsul argentino en Miami.

Se inició la marcha, durante la que se corearon consignas salpicadas de palabrotas, lo que todavía era una novedad; recordamos una cuarteta: “Allende, Allende / no se suicidó / lo mataron los yanquis / la p. que los p.”.

Ejercía entonces la presidencia Raúl Lastiri; Cámpora había sido obligado a renunciar, así como el vicepresidente Vicente Solano Lima; significativamente, el presidente provisional del Senado, Alejandro Díaz Bialet, estaba cumpliendo una misión fuera del país y la sucesión recayó en el titular de la Cámara de Diputados, yerno en segundas nupcias del ministro de Bienestar Social, José López Rega.

A diez días de las elecciones presidenciales en las que se presentaría Perón, este no había designado aún a su compañero de fórmula. Con peligrosa ingenuidad, no pocos jóvenes se ilusionaban con que el elegido fuera “el Tío” Cámpora, y así lo comentaban durante la marcha; pero fuera quien fuese quien lo acompañara, estaban dispuestos a apoyar al general.

Es posible que algunos o muchos de esos jóvenes hoy no estén entre nosotros; en más de un caso sabemos que así es.

Después empezarían a llegar de Chile los exilados y a conocerse cosas que no queríamos imaginar que pudieran replicarse aquí. Sin embargo, pronto aparecieron señales que los más lúcidos supieron advertir.

Así Raúl Alfonsín, entonces un joven dirigente de Renovación y Cambio, nos dijo meses más tarde en una entrevista: “En el país se está produciendo una extraordinaria concentración de la derecha, que se manifiesta con claridad en el campo económico y social y se extiende al plano político por la aparición de un macartismo sin precedentes”.

Un par de años después, en un viejo bar de ya no recordamos qué barrio, el autor teatral y gran periodista José Armagno Cosentino nos previno, enfático: “Acá se viene un baño de sangre”.

A dos años y medio del golpe chileno, a nosotros no nos fue mejor.

 

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