3 de mayo de 2013
100 MESES DE CROMAÑÓN

Con motivo de haberse cumplido el 30 de abril último cien meses de la tragedia de Cromañón que, como se recordará, provocó la muerte de 194 personas, el obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, Jorge Lozano, envió a sobrevivientes y a familiares de las víctimas una carta que tituló “100 meses de ausencias”.
El texto comienza expresando que “los números redondos se vuelven ocasión para evocar de manera especial lo que está presente de modo permanente” y, después de recordar los “100 meses de la tragedia que formó parte de nuestra historia personal y ciudadana”, plantea que “sería bueno preguntarnos qué nos dejó como sociedad y si hemos aprendido algo, aunque más no sea a valorar a los jóvenes y cuidarlos”.
Lozano observa seguidamente que “lamentablemente, antiguas y nuevas formas de corrupción siguen cobrando vidas humanas” y que “algunos parece que no quieren aprender de la experiencia”.
“Dice una canción que ‘el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos’, y podemos agregar pero no por eso desmemoriados”, advierte a continuación, y asegura: “Guardamos en el corazón a todos los que murieron, y a sus familiares y amigos queridos. Ellos están presentes”.
A renglón seguido, señala: “En estos100 meses nos hemos unido en el dolor y el sufrimiento; pero también en el cariño y la esperanza. Hemos rezado juntos, compartido lágrimas y abrazos”.
“Pudimos también celebrar acontecimientos de vida y de luz en muchas familias”, agrega.
Y concluye: “Los abrazo con ternura y los bendigo. Rezo por ustedes”.
Otras manifestaciones de Lozano
No es la primera vez que el obispo Lozano se pronuncia acerca de los hechos de Cromañón. Apenas producidos estos, quien entonces se desempeñaba como obispo auxiliar de Buenos Aires fue uno de los primeros en acompañar a familiares y sobrevivientes.
Por otra parte, tuvieron mucha repercusión en su momento los fuertes conceptos que al respecto vertió en distintas homilías, como la que pronunció en la misa por las víctimas de Cromañón, celebrada en la catedral metropolitana el 11 de setiembre de 2005. En la oportunidad manifestó, entre otras cosas, que “el perdón del cual nos habla el Evangelio no es un manto de olvido o la institucionalización de la impunidad”.
Dijo también: “La falta de justicia es atropello y avasalla la vida débil e indefensa, que es la que más tenemos que cuidar socialmente. La justicia busca que cada uno se haga responsable de los propios actos y sus consecuencias, además de tener un valor educativo. La ausencia de valores, la falta de justicia, la impunidad y la mentira, nada tienen que ver con el perdón que nos enseña Jesús. Ni siquiera se parece un poco”.
Asimismo, en su edición del 9 de marzo de 2006, La Nación publicó, con el título Los jóvenes después de Cromagnon, una columna de opinión firmada por Lozano, que conserva dolorosa vigencia, en la que este remarcó que “a nuestra sociedad poco le importa la vida de los jóvenes”.
En ese sentido, advirtió que “frente a un futuro que se presenta como incierto y un presente hostil, es difícil para el joven elaborar un proyecto de vida que le permita concretar familia propia y trabajo estable en los años venideros”.
Señaló asimismo que “la combinación de cierto nihilismo intelectualoide y de un ‘cualquierismo’ ético sumerge a los dirigentes adultos en una mediocridad cómoda”.
Y se preguntó: “¿Qué cambió para los jóvenes después del 30 de diciembre de 2004? ¿Están hoy más cuidados y tenidos en cuenta? ¿Se los escucha más en la escuela, en la universidad, en sus trabajos? ¿Se divierten sin riesgo de vida? ¿Se alejó la muerte de los jóvenes?”.
Relató que “nos ha ocurrido a muchos que, al conversar con nuestros jóvenes, ellos dejan que percibamos una sensación recurrente: que descreen de la política y de los políticos, de las instituciones, de la democracia, de la justicia y de los adultos en general”.
Y volvió a preguntarse, con dolor: “¿Cuántos tienen que morir? ¿Qué cantidad de jóvenes muertos hace falta para instalar en nuestra sociedad una actitud de cambio? ¿Qué tendrá que suceder para que cuidemos la vida de los jóvenes? ¿Qué tipo de tragedia es necesaria para llorar lo perdido?”.

