23 de marzo de 2013
A 37 AÑOS DEL GOLPE
Reflexiones de un comunero
Mauricio Silva, Julio A. Goitía y Néstor Sammartino
Con motivo de cumplirse pasado mañana un nuevo aniversario del golpe de 1976, Julio Diego Goitía, integrante de la Junta Comunal 11 (Pro), formuló declaraciones en las que se define simplemente como “un Hijo” y tituló con una frase del mexicano Benito Juárez: “Nuestro tiempo en la tierra es limitado; la conciencia y la libertad que es parte de ella, no”.
A modo de exordio, evoca a Julio Armando Goitia, quien, refiere, “fue detenido y desaparecido el 6 de mayo de 1977 (a sus 29 años), mientras se desempeñaba como empleado en el corralón municipal de Floresta, ubicado en Gaona 4660”.
Y dice: “Se despide a la mañana de su compañera y Nunca Más se lo volvió a ver”.
Añade que “también desaparecieron del mismo lugar sus amigos y compañeros de trabajo, el cura Mauricio Silva y Néstor Sanmartino”.
Pasa después a recordar que “hace 37 años se hiere agonizantemente a la Democracia, sustituyéndosela por el régimen y acto más repudiable que llamamos dictadura”, a la que define como “régimen extremista que cree reemplazar el espíritu de la libertad con las privaciones y, acto seguido, reprimir la Palabra con métodos de torturas, violaciones y muerte de cualquier libre pensamiento”.
Condena duramente a las dictaduras que, en sus palabras, “ultrajan la naturaleza del hombre y la voluntad de Dios, privando a nuestras conciencias de los derechos todos, como hombres libres que somos” y “se guían por un poder detentado en manos de unos pocos, impulsados por sus materialismos y dogmas extremos que ciegan la razón y lo humano”.
En cambio, afirma, “la Libertad no lleva título ni palabras, simplemente ES…”. Y “lo es porque es el refugio de cada uno de nosotros, es la cultura arraigada en el Ser, sin ella no seríamos más que simples máquinas obedeciendo como autómatas”. Compadece, y califica de “desgraciados”, a “aquellos que no vibran con la Democracia, ya que ella inspira al ser humano en todas sus esencias y eleva lo más perfecto que nos provee la naturaleza, la Conciencia”. En ese sentido, infiere: “Dios es conciencia y, como la conciencia es libre, es imposible que simples hombres puedan enrejarla a gusto o a conveniencias dogmáticas”.
Por otra parte, pone de manifiesto que “pueblos hermanos, tanto americanos como europeos, nos han demostrado que la cultura arraiga la esencia del hombre que es la Libertad por naturaleza, es el regalo que nos brindó el Supremo para saber tal vez lo más simple, qué está bien o qué está mal”, y sostiene que “es el amor que hace a la igualdad, que sólo se puede disfrutar en un país que goce de diversos pensamientos, para poder despejar el camino para el bien de los hijos de la República”.
Destaca que “es racional, humano, y espiritual al hombre vivir bajo las normas de una República enteramente democrática”, y que se trata de “la lucha de varias generaciones, desde los inicios”. Cita en su apoyo a San Martín: “Si somos libres, todo nos sobra”.
“Nuestro tiempo en la tierra es limitado; la conciencia y la libertad que es parte de ella, no”, precisa.
La violencia y las luchas fratricidas motivan su lamento: “¡Cuánta sangre en este mundo, en todas las épocas, por los vicios que llevan al hombre a la más ruin y decadente miseria interior! ¡Cuántos hermanos muertos por dogmas de pensamiento o fe!”. Y se pregunta: “¿Acaso qué nos separa?, ¿cuál es la diferencia de un hombre a otro?, ¿su estatus?, ¿sus situaciones en esta vida?, ¿qué es mejor o peor? Pero, ¿no somos lo mismo?”.
Y concluye: “La Igualdad nos demuestra que todos vamos al mismo lugar. Depende de las futuras generaciones consumar la obra en unión, libertad y conciencia. Ese es nuestro mejor homenaje”.
(Julio Diego Goitía nació cuatro meses después de que desapareciera Julio Armando Goitía, su padre).

