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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 16 de abril de  2026

16 de febrero de 2013

DISTINCIÓN AL ROSEDAL DE PALERMO

“Siempre habrá rosas”

Por Haydée Breslav

El histórico Rosedal de Palermo obtuvo el premio internacional Jardín de Excelencia, otorgado por la Federación Mundial de las Sociedades de Rosas (World Federation of Rose Societies – WFRS).

La importante distinción fue recibida por el ministro de Ambiente y Espacio Público del Gobierno de la Ciudad el 7 de febrero último y discernida durante la decimosexta convención mundial de esa Federación, que se desarrolló entre el 11 y el 18 de octubre de 2012 en la ciudad de Sandton, Sudáfrica, con el nombre de Rosafrica 2012.

Recibió entonces el galardón Nilda Crivelli, integrante de la Asociación Argentina de Rosicultura, quien a su vez se hizo acreedora a un premio “en reconocimiento de los servicios prestados a la Rosa por los miembros de la Federación”. De regreso en Buenos Aires, la especialista, que presidió la entidad entre 2009 y 2012, entregó la distinción al ministro Santilli en compañía de la actual presidenta, Bettina Crosta, y de la presidenta honoraria, Valentina Casucci.

En la oportunidad, el funcionario manifestó: “Este importante premio es también el premio al trabajo de un equipo comprometido con el mantenimiento y el cuidado de este emblemático jardín, que es patrimonio de la Ciudad y de todos los argentinos, y es también un buen ejemplo de cómo la relación entre la sociedad civil y el Estado redunda en resultados positivos”.

 

 

Al principio

Según una investigación del CEDOM (Centro Documental de Información y Archivo Legislativo de la Ciudad de Buenos Aires), el Rosedal se inauguró el 24 de noviembre de 1914. Fue su realizador el ingeniero agrónomo porteño Benito Carrasco, quien ese año sucedió a Carlos Thays en la Dirección de Parques y Paseos, y la iniciativa se debió a Joaquín de Anchorena, durante cuya intendencia se ejecutaron las obras. Sin embargo, renunció un mes antes de la inauguración y quien asistió fue su sucesor, Enrique Palacio.

El trabajo del CEDOM transcribe una crónica del acto, publicada en la edición del día siguiente de La Prensa, donde puede leerse la siguiente descripción: “El Jardín de Rosales, incorporado desde ayer al Parque de Palermo, añade un cuadro de floricultura realmente valioso a los que adornan el extenso paseo del Norte, a la vez que decora el vistoso paisaje con la nota policroma de su profusa variedad de rosas, dispuestas en artística combinación de colores, entre los que figuran todas las gradaciones del matiz, desde la encendida púrpura de la llamada rosa de fuego hasta el blanco impoluto de las camelias”.

Seguidamente, el anónimo y encantador cronista se admira: “No es, por cierto, cosa corriente, una colección de 8.000 rosales, de especies seleccionadas. La Dirección de Paseos ha necesitado mucho tiempo y prolijos cuidados para reunir y conservar los centenares de gajos adquiridos en diversos países de Europa y América, aunque muchas de las especies son oriundas de otros continentes”.

Después, en lenguaje que podrá ser algo ampuloso pero nunca incorrecto, detalla: “Un templete corre a lo largo de una de los planos de jardín, y al pie de la plataforma donde se asienta el plinto de las columnatas crecen rosales trepadores, que alcanzan con sus gajos florecidos las molduras de los arquitrabes y pronto tejerán las últimas guías para formar el techo vegetal del edificio. En el frente opuesto una glorieta, igualmente tapizada de rosales, domina el jardín y armoniza las líneas de su estilo con el de los jarrones esparcidos en aquél, y el de una bonita fuente provista de surtidor, construida en uno de los arriates principales”.

 

En la actualidad

Según informa en su página web el Gobierno de la Ciudad, el Rosedal “en la actualidad tiene ocho mil rosales distribuidos en un diseño netamente francés, clásico, simétrico y especular”. Significativamente, se trata de la misma cantidad que tenía casi cien años antes, cuando se lo inauguró.

En consonancia con los valores que sostienen actuales administraciones –no sólo la porteña- se define a la rosaleda como “un espacio que combina lo mejor de la naturaleza con el entretenimiento y la vida saludable, ya que cientos de personas asisten diariamente a él para disfrutar de una caminata, trotar, hacer gimnasia o andar en bicicleta, skate o rollers”.

Se puntualiza por otra parte que “el mantenimiento de los rosales es realizado por un equipo de 16 personas, asesorado por la experta Valentina Casucci, que realiza diariamente tareas de conducción de todos los rosales” y que “el laborioso cuidado de las especies incluye poda, fertilización, riego automático por goteo, raleo de flores marchitas y senescentes, control de malezas en los canteros, fumigación contra plagas y enfermedades, perfilado de los canteros y senderos, distribución de granza, corte del césped y riego manual de taludes”.

 

La Asociación Argentina de Rosicultura

En la página web de la Asociación Argentina de Rosicultura se explica que se trata de una entidad sin fines de lucro, creada en 1951, con el nombre de “The Rose Society of Argentina”, por cuatro rosicultores de apellidos Macadam, Bush, Poole y Chevallier Boutell.

La información precisa que en1975, bajo la presidencia de Poppy Niven, se le impuso a la sociedad el nombre que actualmente ostenta “y las reuniones ya no se llevaron más a cabo en el idioma inglés sino en español”. La sucesora de Niven, Susan Begg, presidió entre 1998 y 1991 la Federación Mundial, a la que la Asociación pertenece como miembro activo.

“Promover el cultivo y cuidado de las rosas, su empleo en parques y jardines incorporándolas con otras variedades de flores y plantas para integrarlas al paisaje, y su utilización en diseños florales”, son los objetivos de la sociedad, que por otra parte dicta cursos sobre “rosas en general, brindando toda la experiencia adquirida a través de los años y de la información que recibe de las otras asociaciones del exterior a las que pertenece como afiliada”, y organiza dos exposiciones anuales.

 

El que blindó la rosa

 

¿Por qué asignar tanto espacio a esta información, cuando la realidad nos cachetea con sucesos, al parecer, mucho más importantes y urgentes?

En verdad, el premio al Rosedal nos recordó un texto de alguien que amó a esta flor al extremo de blindarla. Se trata del poema en prosa Siempre habrá rosas, del libro Himno de pólvora, de 1943, al que pertenecen también la Elegía en la muerte de Miguel Hernández y el formidable, y muy poco conocido, Canto a los judíos asesinados en Europa.

El poema está inspirado en un personaje de la película Mrs. Miniver, de William Wyler, filmada en1942, que aquí se conoció como Rosa de abolengo. El film fue nominado a doce premios Oscar, y recibió seis: mejor película, mejor director, mejor actriz (Greer Garson), mejor guión, mejor fotografía y mejor actriz de reparto.

A continuación, transcribimos partes del texto de Raúl González Tuñón:

“El viejo James Ballard, ferroviario, campanero de la iglesia de un pueblito cercano a Londres (…) va a presentar al Concurso Anual de Flores una rosa por él cultivada con paciencia amorosa y que llama Mrs. Miniver, en homenaje a la mujer más hermosa del lugar. Un compatriota le reprocha: ¿Cómo es que se atreve a cultivar y presentar su rosa y desvivirse por ella, en tiempos de guerra? Entonces míster Ballard contesta: Siempre habrá rosas.

Y cuando dice eso no dice una simpleza sino una verdad profunda y bella –como muchos lugares comunes…- y acaso olvidada por algunos.

(…) Pero el hombre que así dice no sólo cultiva rosas. (…) Él es un cultivador de rosas que no ha olvidado a los hombres. Es un hombre en guerra y nadie podrá decir lo contrario. Y de eso se trata en los grandes momentos de la historia (como éste de la guerra contra el nazifascismo), de vincular la lucha con las rosas, con el arte, con los sueños…

(…) Y míster Ballard muere en lo suyo, con el fusil listo, a la espera del paracaidista nazi, y al lado de la copa que acaba de ganar en el concurso con su primorosa ‘Señora Miniver’… ¡Sí, siempre habrá rosas!”

Por eso le asignamos tanto espacio a esta información sobre las rosas. Después de todo, las cultivaron en sus jardines Salomón, y Saadi. Y les cantó Gardel.

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