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 28 de junio de  2017
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La Semana Santa de 1987

La Semana Santa de 1987

Hoy se cumplen treinta años del primer alzamiento carapintada. A propósito de este suceso, reproducimos la nota que realizamos para la edición de abril de 1998 de nuestro periódico.

En la Semana Santa de 1987, el país se vio conmocionado por la rebelión de un sector del Ejército que desde entonces quedó bautizado como “los carapintadas”. Campo de Mayo fue el escenario central del acuerdo entre el actual intendente de San Miguel –el ex teniente coronel Aldo Rico, líder de los sublevados– y el ex presidente Raúl Alfonsín, y su saldo inmediato: la ley de Obediencia debida.

El jueves 16 de abril por la mañana, todos los medios difunden la noticia de que el ex mayor Barreiro se encuentra autoacuartelado en el Regimiento 14 de Infantería Aerotransportada de Córdoba y se niega a declarar en el juicio que se le sigue por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. Inmediatamente, el gobierno nacional convoca a la población a concentrarse a la Plaza del Congreso y se dan a conocer las principales exigencias de los rebeldes: piden la amnistía y el relevo y remplazo del jefe del Ejército, general Ríos Ereñú.

El día 17 por la mañana, oficiales del Regimiento 18 de Infantería de Misiones son detenidos mientras atraviesan la provincia de Santa Fe, rumbo a Buenos Aires. El jefe de este grupo es el teniente coronel Aldo Rico, quien logra burlar el bloqueo y se fuga a Campo de Mayo. Una hora después, se difunde un radiograma de Ríos Ereñú, en el que se expresa: “Unos cincuenta capitanes se acantonaron en Campo de Mayo bajo el mando de Rico y del teniente coronel Venturino”. Los amotinados visten uniforme de combate y, como rasgo distintivo, tienen sus caras pintadas. Horas después, Rico es relevado de su cargo, mientras que en Córdoba, tras la huida de Barreiro, se produce la rendición del regimiento sublevado.

Pero en Campo de Mayo, la situación sigue complicada. El juez federal de San Isidro, Daniel Piotti, intima a Rico a que se someta a la Justicia, pero no obtiene respuesta. Entonces, el gobierno da a conocer su decisión de intervenir mediante el uso de la fuerza.

Un país entero se moviliza

El 16 de abril, una multitud de alrededor de 400 mil personas se dio cita en la Plaza del Congreso, respondiendo a una convocatoria multisectorial. La consigna oficial era: “Democracia o dictadura. A las 17, todos al Congreso”. A través de parlantes, la gente reunida en la plaza escucha el discurso del presidente en Diputados.

Los partidos políticos y demás sectores sociales convocan a una concentración el domingo 19 en la Plaza de Mayo. El mismo clima de movilización popular se percibe en el resto del país: “No se atrevan, no se atrevan, si se atreven, les quemamos los cuarteles”… “El que no salta es un militar”…, eran algunos de los cánticos que se entonaban con mayor euforia, mientras en el Salón de los Bustos del Congreso la mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria, más otros organismos como la CGT y la UIA, firmaban el Acta del Compromiso Democrático. Ya entrada la tarde, el vocero presidencial José Ignacio López admitió que la situación era preocupante y que el gabinete nacional había resuelto declararse en sesión permanente.

“Les pido a todos que me esperen acá…”

A las 14.30 del domingo, Alfonsín anuncia que irá personalmente a exigir la rendición de los rebeldes. Varios de los partidos de izquierda presentes en la concentración interpretaron esta actitud como una muestra de su disposición a negociar y se retiraron de la plaza, en franca disidencia. “Les pido a todos que me esperen acá y, si Dios quiere, dentro de un rato vendré con soluciones”, fueron sus últimas palabras antes de subir al helicóptero que lo trasladó a Campo de Mayo.

La reunión con Rico duró solo 15 minutos. Suficientes para que el militar sublevado, en una improvisada conferencia de prensa otorgada esa misma tarde, dijera, satisfecho: “Hemos logrado el objetivo (…) Este acuerdo es el puntapié inicial para una reconciliación de las fuerzas del orden con el pueblo”. Curiosamente, el discurso fraternal de Rico tiene mucho en común con uno de los puntos críticos del Acta de Compromiso Democrático que afirma: “(…) que la reconciliación de los argentinos solo será posible en el marco de la Justicia, del pleno acatamiento a la ley y del debido reconocimiento de los niveles de responsabilidad de las conductas y hechos del pasado”.

A las 17.30, el diputado Stubrin –que formó parte de la comitiva que acompañó a Alfonsín– es el encargado de dar la noticia: “El presidente dice que pueden retirarse –señala, dirigiéndose a los manifestantes reunidos en las puertas de los cuarteles­– , que está en marcha hacia la Casa de Gobierno y que se rindieron”. En tanto, en Plaza de Mayo, la gente espera ansiosa las palabras del jefe de gobierno.

La primera medida tomada por Alfonsín luego de la crisis fue el pase a retiro de Ríos Ereñú –tal como lo exigieron los rebeldes– y la asunción provisoria del cargo vacante por parte de Jaunarena, entonces ministro de Defensa.

Releyendo noticias

En la página 9 del Clarín del martes 21, se lee: “La Corte aguarda el dictamen del fiscal sobre la obediencia debida”. El miércoles 22, otro titular de tapa anuncia: “Suspendería temporariamente la Corte los juicios a militares”. Efectivamente, la Corte retiró el voluminoso expediente de la causa ESMA, con el argumento de la “necesidad de estudiar los recursos de queja presentados por la defensa de los marinos procesados”, entre ellos, el entonces teniente Astiz. Al mismo tiempo, a través de su vocero del Departamento de Estado, Charles Redman, Washington recomendaba: “Reconciliación bajo el imperio de la ley”. Y ese fue, al parecer, el espíritu de la ley de Obediencia Debida que el equipo de juristas del gobierno de Alfonsín se encargó de redactar como broche final del conflicto de Semana Santa y de la credibilidad de su propio discurso ético.

Alfonsín x 2

Estos fueron algunos de los tramos sobresalientes del discurso de Alfonsín en el Congreso, el jueves 16: “Se terminó para siempre el tiempo de los golpes (…) No he de hacer concesiones ante iniciativa o presión alguna (…) La democracia de los argentinos no se negocia”. Y así se despidió de la gente el domingo 19, desde el balcón de la Casa Rosada, a su regreso de Campo de Mayo: “Compatriotas. ¡Felices Pacuas! Los hombres amotinados han depuesto su actitud. Como corresponde, serán detenidos y sometidos a la Justicia. Se trata de un conjunto de hombres, algunos de ellos, héroes de Malvinas, que tomaron esta posición equivocada y que reiteraron que su intención no era provocar un golpe de Estado. (…) Hoy podemos dar todos gracias a Dios, la casa está en orden”.

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