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 23 de mayo de  2017
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La escultora Lola Mora

La escultora Lola Mora

Hoy se cumplen 150 años de la fecha oficializada como la del día de nacimiento de Dolores Candelaria Mora Vega, conocida como Lola Mora.

La gran escultora nació en El Tala, Obispado del Tucumán, hoy departamento de La Candelaria, provincia de Salta. Según su acta de bautismo, el nacimiento tuvo lugar el 22 de abril de 1867, aunque la versión sobre la fecha del 17 de noviembre de 1866, de origen confuso, fue aceptada por todos sus biógrafos y también por el Congreso de la Nación, que declaró esa fecha como el Día Nacional del Escultor.

Lola Mora tuvo pasión por el arte. Este colmó el conjunto de su espíritu. Inició su formación artística en Tucumán bajo la dirección del maestro Santiago Falcucci. Sus primeros pasos nos remiten a ella como pintora, recién en Italia descubriría su vocación por la escultura.

Sobre los primeros años de su formación, recuerda Félix Luna: “Falcucci, ajeno al entusiasmo que por entonces provocaba el impresionismo, le contagió a Lola su predilección por el neoclasicismo y el romanticismo. Fue él también quien fortaleció las habilidades de la futura escultora y casi la obligó a decidir qué hacer con su vida. ‘Señorita, ¿quiere usted ser una diletante o una artista? ¿Trabaja usted por pura diversión o para llegar a ser alguien?’, le preguntó cierto día, tras sorprenderla pintando a escondidas acuarelas con motivos de flores y fantasías. ‘Quiero estudiar por el arte y seguir sus indicaciones’, le respondió ella. Desde ese día la joven Lola comenzó a trabajar disciplinadamente y sin descanso en el taller de Falcucci para aprender y perfeccionar los secretos del dibujo y la pintura retratista que tan brillantemente dominaba el artista italiano, llegando a convertirse en la preferida del maestro”.

De esta primera etapa en el desarrollo artístico de Lola Mora nos han quedado todo un conjunto de retratos de gobernadores de la provincia de Tucumán. Basándose en fotografías, daguerrotipos o dibujos, la artista tucumana dejó en sus obras pictóricas la representación fisonómica de varias personalidades destacadas de la política conservadora en esa provincia del norte argentino. Porque bueno es decirlo desde el principio: Lola Mora se vinculó desde los años de su formación con la burguesía conservadora que controlaba el poder del Estado en la Argentina de fines del XIX y principios del XX. Esas relaciones le permitieron ganarse el apoyo de Julio A. Roca (hay quienes sostienen que fue su amante), de Bartolomé Mitre y de otros caudillos del Partido Autonomista Nacional (PAN).

Su gran capacidad artística y la influencia de sus relaciones políticas le permitieron, una vez que se trasladó a Buenos Aires para ampliar sus horizontes artísticos, obtener una beca para estudiar y desarrollar su formación en Italia. Así es como Lola Mora estudió en una de las capitales del arte, cuna del Renacimiento y también expresión de la exuberancia del barroco. Establecida en Roma para estudiar pintura con el maestro Francesco Paolo Michetti, tuvo que afrontar una serie de peripecias antes de que el artista italiano la aceptase, ya que este era reacio a aceptar alumnos. Veamos lo que al respecto nos informa el trabajo dirigido por Félix Luna: “Finalmente y gracias a la intervención del hermano del embajador argentino, Lola consiguió la entrevista y allí fue, segura de poder convencer al maestro de que accediera a tenerla como alumna. Llegó a la casa de aquel hombre muy nerviosa, pero resuelta. Las lágrimas estaban a punto de saltar de sus expresivos ojos negros. ‘«Maestro», le dije– recordaba Lola años más tarde­–«soy Lola Mora, perdóneme usted que me presente así después de sus negativas, pero he cruzado los mares atraída por su nombre y por su fama, y vengo a estudiar y aprender de usted.

–Es que no quiero discípulos.

–Mejor, así seré la única.

–La recomendaré a un amigo mío y usted ganará en el cambio.

–No; con usted o regreso inmediatamente a Buenos Aires y rechazo la pensión.

–¿Es usted argentina?

­–Sí, lo soy».

Y una lágrima que no pude contener arrastró otras consigo. Entonces Michetti, conmovido y admirado, me dijo:

«Si usted tiene por el arte la misma firmeza, voluntad y decisión como indican sus palabras, será usted una artista completa. Pues bien: acepto, haciendo la primera excepción a mi regla. Una sola condición impongo: si en dos meses no sabe usted comprenderme e interpretarme, aceptará usted otro maestro. Hasta mañana»’”.

Y vaya si lo comprendió; porque fue en el taller de Michetti, dada la gran capacidad de Lola para el modelado de cabezas y torsos, donde la artista descubrió, bajo la guía de su maestro, su vocación por la escultura, tomando lecciones con el escultor Giulio Monteverde.

A través de sus fuentes, la ciudad de Roma, como espacio donde se desarrollaron sus estudios, le sugirió a la artista la más importante de todas sus obras: la fuente de las Nereidas. En efecto, le debió bastar recorrer la ciudad eterna para deslumbrarse ante sus magníficas fuentes con mármol esculpido, sus figuras que remitían, la mayoría de las veces, a divinidades de la Antigüedad clásica, al mundo del paganismo greco-romano.

Entre la fontana di Trevi, la fuente de los cuatro ríos, la fuente del Tritón y tantísimas más, surgió la idea de la fuente de las Nereidas. “El personaje central que originalmente había escogido Lola para la fuente era el dios Nereo, circundado por sus hijas, las Nereidas del mar. Pero la lección de mitología tuvo que ser alterada después de que los bocetos fueron rechazados. Entonces la escultora cambió la figura masculina por otra femenina: la de la diosa pagana Venus o Afrodita, que fue aceptada como un homenaje a la mujer. (…) En la base de la fuente aparece una valva de molusco, de donde surgen los tres tritones desnudos que sostienen viril y enérgicamente las jaeces de tres caballos desbocados. Estos personajes representan al dios marino Tritón, hijo de Poseidón y Anfitrite, que habitaba en un gran palacio en el fondo del mar y poseía el don de profecía, además de ser protector de las travesías peligrosas. Los tritones rodean un pilar central cubierto de rocas en las que, apoyándose, enroscan sus colas las Nereidas. Hijas de Nereo y Doris, estas ninfas del Mediterráneo personifican el juego de las olas. Mitad mujeres, mitad peces, protegían a los navegantes”, se apunta en el citado trabajo dirigido por Félix Luna.

La fuente de las Nereidas, más conocida como la fuente de Lola Mora, había sido pensada para ser instalada en la Plaza de Mayo. Pero su paganismo y sus desnudos no podían ser aceptados por la sociedad pacata de la época; sobre todo por la Iglesia, más aún si tenemos en cuenta que se encontraría frente a la Catedral. Por eso la fuente se emplazó en Leandro N. Alem y Sarmiento. Pero luego tuvo otra migración: se la alejó a la Costanera Sur. La decisión se adoptó en 1918. Nos encontramos en la época de los radicales y estos no le perdonaron a Lola Mora su relación con los conservadores. Pero no fueron solo los radicales. Los anarquistas, que habían visto con buenos ojos la fuente de las Nereidas, los desnudos clásicos que alejaban la fuente de las esculturas memorialistas y patrióticas que comenzaban a abundar en Buenos Aires, y que habían creído ver en la fuente de Lola Mora a una artista transgresora, a una defensora de los derechos de la mujer, se desencantaron con la artista tucumana al ver el desarrollo posterior de su producción escultórica. Es que la fuente de las Nereidas no fue una producción más dentro de la obra de Lola Mora; en cierta medida fue una excepción: la mayor parte de su producción se inserta dentro de la escultura memorialista y por ende de recuerdos patrióticos, como el monumento a Juan Bautista Alberdi en Tucumán, el monumento a Nicolás Avellaneda en la localidad homónima del gran Buenos Aires, los bajos relieves de la actual Casa Histórica de la Independencia, su proyecto y sus bocetos del monumento a la Bandera en Rosario y tantos más.

Así como Roma puede ser recorrida a través de sus fuentes, tal vez algún día Buenos Aires también pueda serlo por su arte fontanero. De ocurrir esto, sin duda la fuente de las Nereidas, o de Lola Mora, ocupará un lugar central en ese trayecto.

Fuente consultada

Luna, Félix (director). Lola Mora, Bs. As., Planeta, 2001.

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