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Desde las Comunas 11 y 15 de la Ciudad de Buenos Aires
 27 de julio de  2017
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Buenos Aires jura la independencia

Buenos Aires jura la independencia

Hoy se cumplen 200 años: el 13 de septiembre de 1816, más de tres meses después de la jura de los congresales en Tucumán, el pueblo porteño se hacía eco de esa gran gesta y la replicaba en su territorio.

La Gazeta de Buenos Ayres del sábado 21 de septiembre de 1816 decía: “Proclamación y jura de la Independencia nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata en la capital de Buenos Aires. El viernes 13 del corriente (mes de septiembre) se proclamó y juró en esta capital del modo más solemne el decreto augusto de la Representación Soberana de los Pueblos Argentinos que los eleva al rango y preeminencias de nación independiente. Todas las corporaciones, jefes, y empleados civiles y militares acompañaron al Excmo. Sr. Director Supremo a las 10 de la mañana desde la fortaleza hasta la plaza de la Victoria; donde estaba dispuesto un espacioso tablado que admitía sin estrechez la ilustre comitiva”.

Tenemos, pues, que el principal espacio donde Buenos Aires juró la independencia fue la Plaza de la Victoria. Se denominaba así a la mitad oeste de la actual Plaza de Mayo, al espacio que se encontraba entre la Recova y el Cabildo y que tenía en su seno a la primitiva Pirámide de Mayo. Recibió el nombre de la Victoria después de la derrota de los ingleses (1806-1807), como una manera de recordar el triunfo de Buenos Aires sobre las armas británicas. El Director Supremo al que se refiere el artículo es Juan Martín de Pueyrredón.

Continúa informando La Gazeta: “La distribución simétrica de las tropas de línea y cívicas, el concurso numeroso y ordenado del vecindario más lúcido de ambos sexos, las decoraciones alusivas colocadas en el centro y ángulos de la misma plaza, el reverbero de un crecidísimo número de faroles destinados a la iluminación, la armonía de las músicas marciales y demás demostraciones del público regocijo ofrecían la escena más interesante, la más halagüeña, y la más digna del día grande y feliz, constante objeto de nuestros votos”. Con ello nos está indicando el periódico que la jura de la independencia fue no solo un acto solemne, sino ocasión de un júbilo popular, en el que debieron alternarse músicas, juegos y tal vez fuegos de artificios.

Debemos tener en cuenta que después de la Revolución de Mayo a las fiestas religiosas se agregaron las fiestas cívicas, siendo las fiestas mayas instituidas por la Asamblea del Año XIII las que concitaban la celebración de la ciudad que había protagonizado la revolución. Con el correr de los años, a las fiestas mayas se añadieron las fiestas julias, que adquirieron un rol significativo en la época de Juan Manuel de Rosas.

La Plaza de la Victoria había sido engalanada con arquitecturas efímeras para el acto de la jura de la independencia. Se nos habla de “músicas marciales”, y bueno es recordar que la canción cuya letra escribió Vicente López y Planes y cuya música compuso Blas Parera se llamaba entonces “marcha o canción patriótica” y tenía un matiz de marcha militar, mientras que el nombre “Himno Nacional”, su denominación actual, le “imprime” un matiz religioso: los himnos tienen su origen en la música sacra o religiosa. De manera tal que cuando La Gazeta habla de “músicas marciales”, bien se puede incluir entre ellas al Himno Nacional.

Unas páginas más adelante, La Gazeta agrega: “En medio de los más vivos trasportes de nuestro puro gozo el Sr. Presidente del Excmo. Cabildo D. Francisco Antonio de Escalada, enarbolando la bandera nacional, dijo: Ciudadanos argentinos: el decreto augusto de la emancipación política de las Provincias en Sud América, unidas en Congreso, os presenta la declaración del nuevo ser a que vuestros votos han aspirado, os eleva al rango de nación, y os publica independientes del rey de España Fernando 7º, sus sucesores, Metrópoli, y de toda dominación extraña. Decreto de tanta dignidad, no basta que se aclame, cuando es preciso saberlo sostener con los esfuerzos para la concordia, con el poder de la unión, y con obediencia a las autoridades, jurándolo así ante el Dios de la Patria, ante los pueblos, y ante el orbe todo”.

Estos párrafos permiten advertir la necesidad de transformar la revolución en orden, de darle a la revolución una estabilidad institucional, de delimitar socialmente la participación de las clases populares en el sistema político, prenda de “unión y obediencia a las autoridades”; todo ello nos revela la necesidad de afirmar la nueva jerarquía social, la subordinación de las clases populares a quienes detentan el poder y, tal vez más específicamente, se esté pensando en superar la antinomia entre artiguistas y directorales, poniendo fin al levantamiento federal en la Banda Oriental y en el Litoral.

En cuanto a Francisco Antonio de Escalada, debemos decir que era miembro de una familia, los Escalada, que formaba parte de la adinerada burguesía criolla y porteña que había ascendido al poder del Estado con el proceso de cambios abierto en 1806 y particularmente después de 1810. Francisco Antonio de Escalada fue hermano de Antonio de Escalada, padre de Remedios, esposa de José de San Martín. Había sido alférez real del Cabildo de Buenos Aires y en tanto alférez era el encargado de pasear el Estandarte Real en las ceremonias públicas; el paseo del Estandarte Real, símbolo de la dominación española, fue suprimido por el Primer Triunvirato.

Pasa luego La Gazeta a reseñar la forma de jura: “¿Juráis a Dios Nuestro Señor, y esta señal [de la cruz], promover y defender la libertad de las Provincias Unidas en Sud-América, y su independencia del rey de España Fernando 7º y sus sucesores y metrópoli: y toda otra dominación extranjera? ¿Juráis a Dios Nuestro Señor, y prometéis a la Patria el sostén de estos derechos con la vida, haberes y fama? –Sí juramos. Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no, él y la Patria os hagan cargo. Concluido el juramento batiendo el Sr. Alcalde de 1º voto el pabellón en los cuatro frentes de la plaza, dijo: –Renazca la concordia. La unión reine. La Patria y la independencia vivan”.

Destacamos que, en la fórmula de la jura de la independencia, esta se hace a Dios, y que este y la patria tienen la facultad de demandar al que traicionase el solemne juramento. Asimismo, vale destacar en las palabras del Alcalde de 1º Voto la explícita apelación a la “concordia y la unión”, es decir, al principio del orden y de la autoridad.

Después de la jura en la Plaza de la Victoria, el acto se repitió en otras plazas de la ciudad. Así lo expresa La Gazeta: “Concluido este acto, siguió la comitiva a la plaza de la Residencia entre las aclamaciones de un inmenso pueblo donde se repitió la proclamación y jura de la independencia argentina con igual solemnidad; y se verificó con la misma el día siguiente en la plaza de Montserrat y San Nicolás”.

La plaza de la Residencia se encontraba en el actual barrio de San Telmo; la plaza de Montserrat, cerca de las actuales avenidas Belgrano e Independencia, y la plaza de San Nicolás, junto a la iglesia San Nicolás de Bari, que desapareció a principios de los años 30 del siglo pasado cuando se abrió la avenida 9 de Julio y se ensanchó la por entonces calle Corrientes, se ubicaba en parte de la actual plaza de la República.

No podía faltar la ceremonia religiosa y así la describe La Gazeta: “En el día 15 por la mañana con asistencia de las referidas corporaciones, jefes y empleados, y de un numeroso concurso, en la iglesia Catedral, una misa solemne de acción de gracias al Protector Eterno de nuestra libertad, y desempeñó con aplauso una oración análoga a su elevado objeto el Sr. Maestre-escuela Dr. D. Ignacio Estanislao Zavaleta”.

Finalmente, La Gazeta concluye su reporte con nuevas apelaciones a la unidad: “Unión compatriotas; y triunfaremos de todos los peligros: unión y tendremos nuevos motivos de amarnos; unión y haremos inmortal a nuestra Patria”.

Fuente consultada

La Gazeta de Buenos Ayres, sábado 21 de septiembre de 1816.      

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