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 23 de agosto de  2017
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Mi noche triste ya es tango centenario

Mi noche triste ya  es tango centenario

Hoy se cumplen cien años del comienzo de la temporada teatral en la que Carlos Gardel estrenó Mi noche triste, el primer tango canción.

“Son pocas las ciudades en el mundo que inventan canciones”, escribió Alberto Gerchunoff, quien dijo también: “Las ciudades que cantan son para los pueblos una promesa, pues se advierte en ellas el signo de lo imperecedero, y por eso debemos fijarnos en este rasgo claro de Buenos Aires: Buenos Aires tiene el genio de la canción”.

La historia

Aunque todos coinciden en que fue en 1917, no ha sido posible determinar con exactitud el día y el mes en el que tuvo lugar ese acontecimiento fundamental para nuestra cultura. Pero para Miguel Ángel Morena, uno de los biógrafos más acreditados de Gardel, este estrenó Mi noche triste durante la segunda temporada que cumplió ese año en el teatro Empire, que empezó, como dijimos, el 31 de julio, y terminó el 3 de septiembre.

Si bien antes de ese tango hubo otros con letrillas, estas eran más bien coplillas sueltas, sin argumento, desarrollo ni sentimiento.

“Hasta el día en que un bardo del arrabal –con una auténtica inspiración que lo colocaba a cien palmos sobre sus colegas– escribió los versos de Mi noche triste”, puede leerse en la Vida de Carlos Gardel contada por José Razzano, de Francisco García Jiménez.

Se refería, claro está, a Pascual Contursi, quien adaptaba letras de su autoría a tangos entonces en boga, que cantaba acompañándose con la guitarra; esos intentos no tuvieron mayor éxito. Pero un día escuchó Lita, del compositor Samuel Castriota; y sobre sus notas vertió los versos en que por primera vez, según acotó Roberto Selles, “un protagonista tanguero se lamentaba por el abandono de la mujer amada”.

Así surgió el primer tango canción “por mérito de exposición, desarrollo y desenlace de un argumento sentimental sobre treinta y dos compases musicales”, como explicitó García Jiménez.

Por entonces, Gardel integraba un celebrado dúo con Razzano, cuyo repertorio constaba de canciones criollas como estilos, milongas, cifras, tonadas, zambas y valses; varias de esas piezas eran interpretadas por Gardel como solista.

En la obra citada, García Jiménez refiere que el dúo conoce las anteriores letrillas de Contursi y que el Morocho a veces las canta en reuniones privadas. “Pero”, prosigue, “ni él ni Razzano se atreven a llevar el tango al público, por el que siempre han tenido un alto respeto. Las letras que no ofenderían oídos, son ñoñas. Gardel no las siente. Con artística clarividencia, entiende que las canciones camperas pueden pasarse de ingenuas y siempre están en lo suyo”.

Es así como, de acuerdo con el relato de Razzano a García Jiménez, “Gardel escucha de labios del cantor [Contursi] las flamantes estrofas que ha adaptado sobre la música de Lita”, y “aprende el tango y lo canta en reuniones de allegados”.  

“–¡Llevalo al público!– dicen todos.

–Vamos a ver…

En sondeo decisivo, Gardel canta el tango en alguna reunión, celosamente familiar, previas algunas aclaraciones para curarse en salud.

O las prevenciones han sido extremosas, o el tango es muy trampero, o el arte de Gardel convierte en rosal la maleza. Los escrúpulos se consideran exagerados. Hay carta blanca para esa nota de picor original en el repertorio”.

Finalmente, Gardel se decide a estrenarlo –”aparentemente”, previene Morena– en una de sus presentaciones en el teatro Empire.

Previamente fue necesario llegar a un acuerdo entre el autor de la letra y el de la música.

De acuerdo con el relato de Razzano, hubo que “desechar el inexpresivo título de Lita y rebautizar el tango”. Contursi propuso el verso inicial, “Percanta que me amuraste”, pero Castriota se opuso; al fin, Gardel encontró en la letra “otra frase que es bonita y sugestiva y concilia a las partes: Mi noche triste”.

En ese texto, así se describe el estreno (hemos cambiado algunos tiempos de verbo):

“Fue un éxito consagratorio, que se repitió, agrandado, noche tras noche.

Desfilaron primero, entre el caluroso aplauso, las canciones a dúo: chacarera, cueca, bambuco… Después hicieron un alto, arreglaron las cajas de las guitarras y Gardel acomodó su postura para cantar solo. De la viola del negro [José Ricardo] picaban hacia la sala las notas del pie del tango, dando la entrada. Se hizo un silencio religioso. Gardel cantó:

‘Percanta que me amuraste / en lo mejor de mi vida / dejándome el alma herida / y espina en el corazón’”.  

Como remarcó Selles, Gardel poseía “una técnica vocal completamente novedosa para el canto criollo, técnica que trasladó al tango cuando decidió incorporarlo a su repertorio”; así, “comenzó a cantarlo de un modo inusitado hasta entonces en la canción popular”. Destacó asimismo que “una sorprendente conjunción de técnica y sensibilidad se dieron en el Gardel cantor de tangos, y creó una escuela de la que ningún vocalista pudo evadirse”.

En cuanto a los versos de Contursi, Oscar García, en un meduloso estudio, considera: “Aún hoy Mi noche triste es usado para atacar acerbamente al género y a sus autores. Pero veamos en qué contexto nace esta letra, y tal vez deduzcamos con mayor claridad cuál es su valor”.

Para ello, se pregunta “cuál era la fraseología usada en general por los poetas cultos de Buenos Aires en esos años de pleno apogeo del modernismo”, y detalla: “Hieráticos cisnes, bosques de cítiso, matices crisoberilo, epitalamios de flores, palacios criselefantinos… Verdaderamente, la guitarra en el ropero poco y nada tenía que ver, y mucho menos una tristeza oscuramente pobre y nuestra”.

“Es que Contursi”, explica, “en vez de referirse a la lánguida melancolía ajena, tuvo la osadía de decirles a los porteños que él hablaba de su noche triste, es decir, de su propia tristeza, y por ende de nuestra propia tristeza, y en un lenguaje en el que todos podían reconocerse, tanto en las palabras como en el ambiente”.

Y ejemplifica: “A lo largo del tema, el cotorro, que en nuestro lunfardo tiene una connotación de calidez, de compañía femenina, se transforma primero en un simple bulín de soltero, y más adelante en un cuarto sombrío y helado. Estas tres denominaciones de una misma habitación y colocadas en ese orden nos trasladan en el tiempo y el espacio desde la felicidad a la desolación”.

Nota asimismo que “Mi noche triste nombra a la mujer a través de las cosas o de los objetos que la recuerdan, al más puro estilo metafísico”, y enumera: “Pequeños detalles: frasquitos, moñitos, un espejo y el mate, que en las instancias previas al abandono eran matecitos. Esto es genuinamente poético, como es genuinamente literaria la descripción que hace Dostoievsky del cuarto miserable de Raskolnikov”.

Mi noche triste fue también el primer tango que grabó el Zorzal: lo hizo en ese mismo año de 1917. Se editó en enero de 1918 y, como no podía ser de otra manera, se convirtió en un formidable éxito de ventas. Oscar puso de manifiesto que ese éxito, como el de tantos otros tangos, radicó en que el pueblo se reconocía en ellos.                                                      

Porque, como señaló Gerchunoff, el tango, “en su vigor expresivo, en su originalidad sin ornamentos literarios, logra transfigurar en la melodiosa combinación las inquietudes ingenuas, el sabor amargo de las desilusiones del hombre del pueblo”.

Y destacó: “El tango de Contursi cuenta, pues, como la copla campesina, el dolor de los humildes; y al esparcir sus congojas en la larga lamentación, la ciudad se reconoce en el movimiento y en los recios vocablos de su estrofa fugitiva”.

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