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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 22 de septiembre de  2020
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Cuando la muerte se pintó los labios

Cuando la muerte se pintó los labios

Entre las abundantes recomendaciones de libros y películas de temática más o menos epidémica que en los últimos tiempos ofrecen los medios, no encontramos ninguna mención del notable film noir que a continuación reseñaremos.

“Cuando la muerte llegó a Nueva York tenía los labios pintados, lucía medias de nylon y llevaba sobre los hombros un elegante tapado con un prendedor de plata en la solapa”. Esto dice la voz en off que, como en muchas de las mejores expresiones del cine negro, nos introduce en la trama de The Killer That Stalked New York, de Earl McEvoy.

En este film la muerte, o mejor dicho la portadora de ella, es una mujer llamada Sheila Bennet, que suma varias de las características del arquetipo de femme fatale del género: es joven, hermosa y rubia, y cantaba en night clubs. En la mayoría de los casos, esas bellas y sugestivas mujeres están vinculadas con la delincuencia y arrastran a la perdición a los hombres que las aman; en cambio, el delito que cometió Sheila Bennet (magníficamente interpretada por Evelyn Keyes) fue haberse casado con un canalla, de quien continúa enamorada, y que la indujo a contrabandear diamantes desde Cuba, de donde trajo, junto con las piedras y el prendedor de plata, el virus de la viruela.

La película acompaña el recorrido de esta mujer en busca de su marido, que la abandonó después de haberse hecho con los diamantes; a su paso por las calles de Nueva York va esparciendo el virus, que ya la ha afectado y le provocó un desfallecimiento en la calle. Pero el médico que la atendió no supo interpretar los síntomas y le dio un medicamento que la ayuda a mantenerse en pie, aunque no tanto como la voluntad de vengarse del hombre al que una vez amó.

Este conflicto, muy de film noir, se entrevera con otro, desarrollado de manera semidocumental, que es el que atraviesan las autoridades sanitarias ante la aparición del brote de una enfermedad que se creía erradicada y, entre otras medidas, se lanzan a la identificación del primer infectado “para detener a la enfermedad en sus inicios”.

También la policía aduanera, por su parte, procura aprehender a Sheila por el delito de contrabando: las investigaciones son inconexas, y una y otra dependencia persiguen a su presa con distintos propósitos y por distintas vías, sin darse cuenta de que van tras la misma persona.

En ambos conflictos, le fallan a la protagonista los hombres en quienes más debería confiar: en el primero, el marido, no contento con hacerla delinquir y abandonarla, la engaña con la propia hermana de ella; en el segundo, el médico que la atiende no es capaz de diagnosticarla a tiempo y evitarle una muerte segura.

La película fue rodada parcialmente en exteriores de la ciudad de Nueva York y la acción se desarrolla a fines de 1947. Se trata de la segunda de las tres que dirigió Earl McEvoy (1913-1959), fue producida por Robert Kohn para la Columbia y el estreno tuvo lugar en Estados Unidos el 1° de diciembre de 1950; se dijo que debería haberse efectuado seis meses antes, pero la Columbia postergó la fecha esperando que se disipara la polvareda que había levantado Pánico en las calles, la excelente realización de Elia Kazan estrenada en julio del año anterior.

Esta película es citada frecuentemente como ejemplo de cine negro asociado a la epidemia; pero The Killer… , perteneciente al mismo género, con la misma temática, filmada en la misma época y también en exteriores urbanos, no es menos digna.

Además, el guion de Harry Essex fue escrito sobre un artículo de Milton Lehman publicado en la revista Cosmopolitan, referido al brote de viruela que efectivamente se declaró en Nueva York entre marzo y abril de 1947 y a consecuencia del cual se dispuso una gran campaña en la que se vacunó a más de seis millones de personas.

Esta situación está reflejada en el film, que muestra largas filas de individuos a la  espera de ser vacunados; pero en medio de la campaña, cuando quedan cuatro millones por vacunar, se produce un desabastecimiento del antígeno.  

Entonces, el alcalde convoca a los dueños de los laboratorios farmacéuticos. “Necesito montones de vacunas y ustedes, que son los fabricantes, las van a suministrar”, les dice. Ante los reparos y dilaciones de los empresarios, el alcalde toma un bloc y un lápiz y encara al primero: “¿Con cuántas unidades lo anoto?”, le pregunta. “Bueno… trataremos de sacar unas veinte mil”, le contesta el empresario. “Treinta”, corrige el alcalde, y se dirige al segundo. “¿Y usted, señor?”. El aludido atina a decir “bueno…” cuando el alcalde lo interrumpe: “Treinta”, decide.

A diferencia de Pánico en las calles, donde todos los papeles importantes son masculinos (e interpretados por grandes actores como Richard Widmark, Paul Douglas, Jack Palance y Zero Mostel), y a la mujer solo le toca el desdibujado personaje a cargo de Barbara Bel Geddes, en The Killer… el protagonismo absoluto le corresponde a la desdichada Sheila Bennet, encarnada por esa estupenda actriz que era Evelyn Keyes, quien lleva sobre los hombros, además del tapado elegante, el peso de casi toda la película.

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No es este el único caso: la actriz, que inexplicablemente no alcanzó el éxito que merecía, también descolló en otros films, como en los importantes noirs El merodeador (The Prowler), de Joseph Losey (1951), y Calle River 99 (99 Street River), de Phil Karlson (1953), donde, interpretando a una aspirante a estrella, protagoniza una secuencia memorable de teatro dentro del cine.

En The Killer… también se destaca Lola Albright en el pequeño pero intenso papel de Francie, la hermana de Sheila. Pero las intervenciones de los hombres son breves y espaciadas, y si bien uno de los actores principales, Charles Korvin, puede resultar convincente en su interpretación del villano Matt Krane, no ocurre lo mismo con el otro, William Bishop, que no logra redondear su caracterización del médico Ben Wood.

En cuanto a la realización, The New York Times señaló, en oportunidad del estreno del film, que “sacando las cámaras a las calles de Nueva York para filmar escenas realistas de hospitales, vacunaciones masivas y detalles locales, el director Earl McEvoy logró reflejar dignamente la ansiedad de una comunidad que se enfrenta con la posibilidad de una plaga”.

Merece destacarse, por otra parte, la vigorosa fotografía de Joseph Biroc, muy elogiado en su momento por desplegar los recursos del cine negro para mostrar a Nueva York como “un organismo que vive y que respira”, y “saber captar cuán oscura puede ser la ciudad para los que huyen y los derrotados”.

El film puede verse en https://www.fsharetv.co/movie/the-killer-that-stalked-new-york-episode-1-tt0042643

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