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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 30 de septiembre de  2022
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Un encuentro por la libertad de América

Un encuentro por la libertad de América

Hoy se cumple el bicentenario del primer día del trascendental encuentro en Guayaquil entre José de San Martín y Simón Bolívar. El acontecimiento, que se extendió durante ese día y el siguiente y pasó a la historia como la Entrevista de Guayaquil, tuvo como propósito acordar la estrategia para concluir la lucha por la independencia y libertad de la América del Sur.

Dos fueron los centros desde los cuales irradió la emancipación de Sudamérica. Por un lado, Buenos Aires. Desde el Río de la Plata se llevó adelante, con las campañas sanmartinianas, la libertad de Chile y Perú. Por otro lado, Caracas, donde con la jefatura de Bolívar se luchó por la emancipación de Venezuela y Colombia. Ambas campañas revolucionarias confluyeron en Ecuador.

Tanto San Martín como Bolívar guerrearon por la independencia continental. Ambos tenían como objetivo una sola nación sudamericana libre e independiente. Si una había sido la dominación española, una debía ser la dominación americana. Los dos libertadores eran miembros de la logia masónica La Gran Reunión Americana que el venezolano Francisco de Miranda, precursor de la independencia, había fundado en Londres a principios del siglo XIX. Con aquellos nos encontramos con los jefes del partido continentalista que, en su lucha por hacer de Sudamérica un solo estado continental, no sólo guerreó contra las fuerzas realistas de España sino también contra los partidos “nacionales” o localistas que consideraban una quimera esa unión.

Estamos acostumbrados, cuando nos referimos a la Entrevista de Guayaquil que, en este encuentro, San Martín resolvió su renunciamiento y dejó en manos de Bolívar la culminación de la guerra, dado que las ambiciones personales de éste llevaron al general de Los Andes a tal gesto para asegurar la independencia de América. “La cuestión de Guayaquil lejos de haber sido resuelta engendra a diario nuevas polémicas en torno a dos posiciones irreconciliables, debido a que los autores no logran vencer el apriorismo de que el ‘héroe local’ debe superar en grandeza al otro”, sostiene José Antonio Pérez Amuchástegui en La Carta Lafond y la preceptiva historiográfica.

Precisamente, a propósito de la llamada Carta Lafond, la Academia Nacional de la Historia de la Argentina, que la da por auténtica, basa su tesis en ella. Se trata de una supuesta carta de San Martín a Bolívar datada en Lima, en agosto de 1822, que conocemos por la versión que el capitán Gabriel Lafond de Lurcy da de ella en su obra Voyagues Autour du Monde et Naufragues Célebres, editada en París entre 1843 y 1844. Convencido de que su presencia en el Perú era un obstáculo para la independencia, ya que Bolívar se negaba a suministrarle las fuerzas necesarias para terminar la guerra contra los españoles y a un mismo tiempo rechazaba la posibilidad de que revistase bajo sus órdenes, el general que había liberado medio continente, en un gesto que revela toda su grandeza moral, resuelve su renuncia.

Por el contrario, la Academia Nacional de la Historia de Venezuela habla del “dogma del Río de la Plata” a partir de la Carta Lafond, a la que considera de autenticidad insostenible, y niega que San Martín se haya retirado de la vida pública debido a las ambiciones y el egoísmo de Bolívar. Según la tesis venezolana, San Martín fue a Guayaquil con la única finalidad de incorporar a las provincias del Ecuador al Perú y como Bolívar se le había adelantado integrando el Ecuador a la Gran Colombia, la entrevista fue una mera formalidad. Nada tendría que ver Bolívar con la renuncia de San Martín. Cuando éste regresó al Perú se encontró con que su ministro Bernardo de Monteagudo había sido derrocado y optó por renunciar y alejarse de la vida pública, lo que constituía una vieja aspiración suya.

Ahora bien, la Carta Lafond que fue publicada en vida de San Martín sin que éste la desmintiese ¿puede ser juzgada auténtica y verdadera? Señalemos, en primer término, que no es lo mismo la autenticidad que la veracidad de un testimonio escrito. La autenticidad hace a la forma del testimonio. Éste sólo puede ser auténtico o no en tanto cosa; es decir, sólo puede ser auténtica la carta de San Martín a Bolívar, pero ésta no se ha conservado si es que alguna vez existió. La Carta Lafond no es auténtica por la sencilla razón de que no se conservó una carta escrita por puño y letra de San Martín a Bolívar. Es la versión que da el capitán Lafond de una supuesta carta. En segundo término, abordemos la carta desde su veracidad. Un testimonio escrito es verdadero en la medida en que lo afirmado por éste responda a lo realmente acontecido. Mientras un testimonio es o no auténtico por su forma, es o no verdadero por su contenido. Un testimonio puede no ser auténtico (por su forma) y sin embargo ser verdadero (por su contenido). Cabe ahora la pregunta: ¿Es verdadero el contenido de la supuesta Carta Lafond?

Dos son las cuestiones a las que San Martín siempre se negó a dar informaciones de detalle: por un lado, su vinculación a las logias masónicas, y por el otro, sus conversaciones con Bolívar en Guayaquil. Hasta 1843, San Martín se mantuvo firme en su actitud de no facilitar informaciones que concurrieran a aumentar su gloria en detrimento de otros libertadores. En cuanto a lo que le dijo a Sarmiento sobre sus decisiones, debe ser analizado cuidadosamente teniendo en cuenta lo expresado por San Martín en los únicos testimonios escritos que se le conocen: por un lado, la carta a Guillermo Miller, del 19 de abril de 1827, donde declara que pidió a Bolívar refuerzos para terminar la guerra en el Perú, y en la que nada dice de su ofrecimiento de servir a las órdenes de Bolívar. Y, por otro lado, la carta a Ramón Castilla, del 11 de septiembre de 1848, donde le dice que el único obstáculo para la entrada de Bolívar en el Perú era su presencia, pese a sus sinceras manifestaciones de servir bajo sus órdenes. Esto corroboraría afirmaciones de la Carta Lafond. No es que en ella no podamos hallar “verdades” pero no es toda la verdad de lo acontecido en Guayaquil.

Sostener que San Martín no tuvo otro objeto al entrevistarse con Bolívar que solicitarle refuerzos militares es propio de los “adoradores de documentos”, forma idolátrica en la que no se puede caer, a menos que nos desbarranquemos por los senderos del positivismo. “Voy a decirlo, para sostener la disciplina del ejército, tendría necesidad de fusilar algunos jefes; y me falta valor para hacerlo con compañeros que me han seguido en los días felices y desgraciados”, le dice San Martín a Tomás Guido.

Para comprender en toda su dimensión la Carta Lafond y conocer todo lo que aconteció en Guayaquil es necesario ubicar la entrevista en su contexto histórico. Hacia 1822, Buenos Aires ya se había desentendido de la finalización de la guerra de la independencia; desde la crisis de 1820, le volvió la espalda a dicha guerra y se quiso organizar como estado liberal moderno. El “partido continentalista” había sido derrotado en el Río de la Plata. En Chile, el mismo partido, del que era parte el libertador Bernardo O’Higgins, estaba siendo desplazado del poder por el “partido nacional” de los Carrera. En el Perú, el partido de San Martín estaba anarquizado, como lo prueba la derrota de Monteagudo por el “partido nacional” o “peruanista” de Riva Agüero. El único miembro fuerte del “partido continental” era Bolívar. Sólo él podía en 1822 salvar el proyecto del plan continental. Un partido tenía que desaparecer de la escena y ese era el partido de San Martín para que el objetivo estratégico de la unión, libertad e independencia del continente se afirmase. Afirma Pérez Amuchástegui: “Lo urgente era romper ese partido peruanista, destruirlo, imposibilitar su acción, eventualmente ponerlo en ridículo. Esa era la única forma en que el Perú quedara en manos de Bolívar; la única forma en que podrían llevarse adelante los planes consecutivos de independencia y confederación, meta común de ambos libertadores. Para ello San Martín tenía que desaparecer del escenario, porque el partido que debía destruirse era exactamente el partido de San Martín”.

Una de las Máximas del General San Martín a su hija Mercedes apuntaba: “Acostumbrarla a guardar un secreto”, y otra: “Que hable poco y lo preciso”. A su vez, Josefa Balcarce y San Martín de Gutiérrez Estrada, nieta del libertador, decía: “Un modesto silencio siempre ha sido de las mujeres el más bello adorno”. ¿Cuál es el silencio de San Martín en relación a la Entrevista de Guayaquil? El silencio que siempre guardó es que acordó con Bolívar la destrucción de su partido, que se hallaba anarquizado, para salvar la emancipación y unidad continental. Más de uno de sus jefes tenía que ser pasado por las armas y él no tenía el valor de hacerlo como revela su confidencia a Tomás Guido. Ese es el silencio de San Martín y el secreto de Guayaquil.

FUENTES:

Pérez Amuchástegui, José Antonio. La Carta Lafond y la preceptiva historiográfica, Buenos Aires, siglo XX, 1962.

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