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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 27 de mayo de  2020
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Rafael, un clásico de cinco siglos

Rafael, un clásico de cinco siglos

Hoy se cumplen nada menos que cinco siglos de la muerte de Rafael Sanzio. Fue uno de los más grandes pintores en la historia del arte. Junto a Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, fue uno de los representantes del Alto Renacimiento que se desarrolló entre 1490 y 1520. Descolló como un gran pintor clasicista, que reveló a través de sus obras la aplicación de las leyes de las perspectivas, la armonía en la composición y el dominio del color.

“Aquí está Rafael: la naturaleza, madre de todas las cosas, debió quedar vencida con él cuando vivía y morir si él moría”: este verso, afirma Antonio González Prieto, tomado del epitafio escrito por el cardenal Pietro Bembo en homenaje al pintor, refleja la enorme popularidad y admiración de las que gozaba Rafael en el momento de su muerte, cuando tenía apenas 37 años.

Rafael, que había nacido en la ciudad de Urbino, era hijo de un pintor mediocre pero que lo inició precozmente en el arte de la pintura. Luego se dirigió a Perusa, donde fue aprendiz del entonces afamado Perugino, y se trasladó más tarde a Florencia, una de las cunas del Renacimiento y donde conoció la obra de Leonardo da Vinci y de Miguel Ángel.

El Papa Julio II llamó a Rafael para que se dirigiera a Roma con el objeto de decorar las stanze (habitaciones) del Palacio Vaticano. Por entonces, Roma ya se había convertido en el principal centro del Renacimiento italiano y los frescos producidos por Rafael para el Palacio Vaticano constituyen magníficas obras de arte. Para la stanza della Segnatura pintó La escuela de Atenas y La disputa del sacramento.

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La escuela de Atenas es un fresco que nos remite a la fuerza del pensamiento de la Atenas clásica. En sendos nichos a ambos lados de la arquitectura construida para la representación, podemos ver las esculturas de Apolo y de Atenea. Apolo, el dios de la luz, de la racionalidad y de la música, y Atenea, la diosa de la sabiduría. Ambas divinidades tienen bajo su patrocinio al intelecto antiguo. En el centro de la composición vemos a Platón, a quien reconocemos por el libro Timeo, y a Aristóteles, a quien reconocemos por su libro Ética. Platón tiene la mano dirigida hacia el cielo, con lo cual alude al mundo de las ideas, al mundo inteligible, como único mundo real; mientras que Aristóteles dirige su mano hacia la tierra, hacia la parte inferior, con lo cual alude al mundo de las cosas sensibles como único mundo real. Así tenemos representadas las dos corrientes clásicas de la filosofía: el idealismo y el materialismo. A la derecha de la composición, en un abigarrado grupo, podemos distinguir, entre otros pensadores, a Pitágoras, a Sócrates y a Zenón de Elea. Llama la atención en ese grupo Heráclito, sentado, en actitud reflexiva, pensativa, a punto de escribir sus pensamientos. Hacia el otro lado de la composición, hay otro grupo también abigarrado de pensadores, entre los cuales distinguimos a Euclides, Averroes y Ptolomeo. Es interesante señalar que muchos de los personajes representados por Rafael son artistas de su época. Así, Platón es Leonardo da Vinci, Heráclito es Miguel Ángel, Euclides es Bramante y el propio Rafael se autorrepresentó en la escena dirigiendo la mirada al espectador.

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En La disputa del sacramento, el otro fresco de la stanza, podemos distinguir tres registros: en el registro inferior, en el centro y sobre un altar, se encuentra la hostia, es decir, el cuerpo y la sangre de Jesús, y a ambos lados, un nutrido grupo de sacerdotes en una animada conversación; en el registro medio y hacia la parte inferior, la paloma, que representa el espíritu santo, y hacia la parte superior, Jesús, y a ambos lados aparecen Moisés, los evangelistas y los doctores de la Iglesia; mientras que en el registro superior, en el centro, aparece Dios Padre rodeado de figuras angelicales. Tenemos, pues, representada en este fresco a la Santísima Trinidad. Si consideramos ahora a ambos frescos, vamos a ver que en La escuela de Atenas está representada la filosofía, vale decir, la verdad racional y natural, mientras que en la disputa del sacramento tenemos representada la teología, vale decir, la verdad sobrenatural. De manera tal que en esta stanza tenemos al pensamiento filosófico y teológico bajo el amparo de la Iglesia.

En cuanto a la stanza di Eliodoro, presenta los siguientes frescos: La expulsión de Heliodoro, La liberación de San Pedro de la cárcel y El encuentro de Atila y León Magno. Para comprender el sentido de estos frescos, es necesario referirnos a la situación de Italia a principios del siglo XVI. Por entonces, no se había constituido el Estado nacional italiano. La península estaba dividida en varios estados, entre ellos, los estados pontificios. En esa Italia fragmentada se libraban guerras entre alianzas rivales encabezadas una por la monarquía absoluta de Francia y la otra por la monarquía absoluta de España. El papado se había propuesto expulsar a las fuerzas de la monarquía francesa y por ello había concebido para esta stanza un programa iconográfico donde quedara de manifiesto la protección y el apoyo que Dios brindaba a la Iglesia católica.

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Es así como La expulsión de Heliodoro nos remite a un episodio de El libro de los Macabeos en que el general Heliodoro, que se había propuesto confiscar el tesoro del templo de Jerusalén, es atacado por fuerzas sobrenaturales que protegen la riqueza del templo. En el fresco y hacia el fondo vemos al sacerdote Onías rezando y agradeciendo el auxilio divino, mientras que hacia el extremo inferior derecho vemos a un furioso jinete que se avalancha sobre el espantado Heliodoro.

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En La liberación de San Pedro de la cárcel, nos encontramos con un acontecimiento narrado en Los hechos de los Apóstoles, donde se cuenta cómo San Pedro es rescatado por un ángel de una prisión en Jerusalén. Este fresco es muy importante dentro de la producción de Rafael que desempeña el claroscuro, es decir, la alternancia de luces y sombras. Así, en el centro de la composición, vemos al ángel en el interior de la gran mandorla lumínica despertando a San Pedro, liberándolo de sus cadenas, mientras el guardia queda dormido. Hacia la derecha de la composición, vemos nuevamente al ángel con su mandorla lumínica sosteniendo a San Pedro con una mano, ya liberado de la prisión; y en el lado izquierdo vemos a los carceleros que advierten la fuga del apóstol en un marco fuertemente oscuro pero donde hay tres fuentes de luz: la luna, en cuarto creciente, el alba y la antorcha.

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En cuanto al tercero de los frescos, El encuentro de Atila y León Magno, nos encontramos frente a la representación de un acontecimiento histórico que se desarrolló a mediados del siglo V. Por entonces, Atila, jefe de los hunos, había invadido Italia y León I, entonces Papa, había salido a su encuentro en un momento en que aparece en el cielo una teofanía, una terrorífica imagen divina que aterroriza al jefe bárbaro, que entonces se retira de Italia. Si prestamos ahora atención a estos tres frescos, vamos a ver que nos colocan frente a intervenciones de Dios en la historia para salvaguardar a su pueblo y a su iglesia. De la misma manera que en el pasado Dios había suministrado apoyo a la iglesia, en este presente –en el siglo XVI de la Italia renacentista– Dios protegería a los estados pontificios y expulsaría a los extranjeros de Italia.

Rafael no solo produjo los frescos del Palacio Vaticano sino que además desarrolló una vasta producción de óleos, tanto sobre tela como sobre tabla. Los temas abordados en estas pinturas son los que corresponden a la Sagrada familia, la Virgen en distintas advocaciones y algunos retratos.

Fuentes consultadas
Rauch, Alexander. “La pintura del Alto Renacimiento y del manierismo en Roma e Italia central”, en AA.VV. El arte en la Italia del Renacimiento, 2008, H. F. Ullmann.
González Prieto, Antonio. Grandes maestros de la pintura: Rafael. Buenos Aires, Editorial Sol 90 y Clarín, 2007.

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