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 21 de abril de  2018
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Marzo de 1973: Cámpora presidente

Marzo de 1973: Cámpora presidente

Hoy estamos en vísperas del 45º aniversario de los comicios en los que holgadamente se impuso la fórmula del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) conformada por Héctor José Cámpora y Vicente Solano Lima, promoviendo al primero a la presidencia de la Nación. Reproducimos a continuación el artículo que, a propósito de este suceso, elaboramos para la edición impresa de Tras Cartón de marzo de 1994.  

El 11 de marzo de 1973 Héctor Cámpora es electo presidente de la nación. Su amplio triunfo en las urnas se debe a que es el candidato de Juan Domingo Perón. Su victoria electoral significaba la legalización del país proscripto, del peronismo como movimiento nacional y popular que, tras dieciocho años de ilegalidad y de persecuciones, retornaba al gobierno.

Las elecciones de 1973, el gobierno de Cámpora-Perón-Isabel, son de crucial importancia en la historia social y política de la Argentina de los últimos decenios.

Durante dieciocho años, las grandes burguesías habían tratado de gobernar sin Perón, vale decir, revirtiendo la política social del peronismo, el ascenso de las clases trabajadoras. Sus intentos fueron vanos, por cuanto se estrellaron contra la unidad social de los trabajadores y el pueblo. La resistencia, primero, las huelgas y levantamientos provinciales como el Cordobazo, después, marcaron la incapacidad de los sectores dominantes para establecer una gobernabilidad estable en la Argentina. Es que el peronismo les había dado carta de ciudadanía a los trabajadores, una identificación política homogénea y, por sobre todo, mayor participación en la riqueza social.

Ante el nivel de las movilizaciones populares, ante el temor de que las bases del sistema capitalista fuesen, en última instancia, rebasadas por el activismo político social –a medida que este ganaba la adhesión de nuevos sectores populares y las estructuras sindicales y políticas tradicionales se manifestaban, en perspectiva, incapaces de contenerlo–, Alejandro Agustín Lanusse, el último de los dictadores militares del período iniciado en 1955, se decide a convocar a elecciones con la esperanza de que el peronismo legalizado fuese la barrera de contención de los movimientos sociales ascendentes. Es que si bien el peronismo era expresión política de los trabajadores, a un mismo tiempo estaba circunscripto a la sociedad burguesa, y en particular sus estructuras sindicales y políticas tradicionales eran sumamente refractarias a toda orientación revolucionaria. La burocracia sindical, antes participacionista, es decir, proclive al acuerdo y a la negociación con los gobiernos, temerosa del activismo de los sectores radicalizados del movimiento, veía con buenos ojos un acuerdo nacional que, en tanto factor de poder, le devolviese las prerrogativas que había tenido en el periodo 1945-1955.

Perón, desde el exilio, conocía los proyectos de la dictadura; pero también sabía que esta estaba acorralada, sin mayor capacidad de negociación ante la efervescencia social y popular, y cuando Lanusse, de hecho, le impidió que fuera el candidato presidencial, se avino a promover la candidatura de Cámpora, hasta entonces su delegado personal, perteneciente a la rama política del movimiento, hombre de confianza y absolutamente bajo su control.

Pero Cámpora también fue un candidato aceptable para los sectores radicalizados del movimiento representados por la Tendencia Revolucionaria (organización de la Juventud Peronista, sindicatos combativos y formaciones armadas), que veían en el “tío”, como lo llamaban, una buena carta de acuerdo transitorio en el reparto de cargos del futuro gobierno.

La presidencia de Cámpora, así, mostró en la composición de su gabinete, en las direcciones universitarias y en algunas gobernaciones provinciales, la presencia de la Tendencia Revolucionaria, que remarcaba los componentes antiimperialistas del peronismo y reivindicaba el “socialismo nacional”. Y en esta misma presidencia, también, encontramos en el Ministerio de Bienestar Social al exponente de los grupos más recalcitrantemente reaccionarios, José López Rega, partidario de una alianza de las fuerzas de derecha para combatir a la Tendencia y a la izquierda.

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