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TRAS CARTÓN   La Paternal, Villa Mitre y aledaños
 16 de enero de  2022
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Mao Tse Tung y la cultura china

Mao Tse Tung y la cultura china

Hoy se cumplen 45 años de la muerte de Mao Tse Tung, líder de la revolución china que triunfó en 1949. En esta oportunidad, abordaremos el análisis de sus pensamientos en relación a la cultura.

A principios del siglo XX, en una China donde aún predominaban relaciones feudales, que se encontraba subordinada y explotada por las diversas potencias imperialistas y donde apenas se insinuaba un desarrollo capitalista con el despuntar de una minúscula clase proletaria, Mao observaba que se interrelacionaban tres culturas que se condicionaban y luchaban entre sí: 1) la terrateniente y feudal, que expresaba las ideas, concepciones e intereses de los grandes propietarios rurales y que era la cultura dominante; 2) la burguesa, que manifestaba las cosmovisiones de esta clase, que se estaba formando al ritmo del despuntar del capitalismo y 3) la cultura proletaria y campesina, que relacionaba a los campesinos, clase tradicional y mayoritaria en la sociedad china, con el proletariado, nueva  clase cuya génesis se vinculaba con las nacientes industrias capitalistas.

Los campesinos casi no tenían acceso a la cultura letrada. El 90% de esa población no recibía ninguna instrucción formal. En las escuelas rurales los programas eran urbanos y alejados de las necesidades campesinas. Por eso, hacia finales de los años 20 y en el contexto de desarrollo de la revolución democrático burguesa que había tenido su punto de partida en 1911 con el derrocamiento del último emperador a manos del Kuomintang, Mao notaba: “Los campesinos crean por todas partes escuelas nocturnas”. Mao creía que los campesinos estaban equivocados al rechazar las escuelas tradicionales, pero después comprendió que el equivocado era él. Existía toda una enseñanza, si se quiere espontánea, en las condiciones de trabajo y de vida de la clase campesina, que la facultaba para dictar los programas de las nuevas escuelas.

La cultura, para Mao, es el reflejo en la conciencia social de las condiciones económicas y políticas dominantes. Por eso, si bien era válido que la cultura feudal y terrateniente fuese la dominante, el campesinado, en tanto clase explotada por esas relaciones, en su vivencia laboral y social, iba forjando su propia cosmovisión del mundo. A la cultura feudal, que era también imperialista por la alianza entre los terratenientes y el capital monopólico extranjero, se le sumaban las culturas burguesa y proletaria, entrelazadas con la anterior en el curso de la revolución democrático-burguesa. Las clases populares, decía Mao, “se levantan contra la enseñanza feudal y el estudio del canon confuciano; contra la literatura y la lengua literaria escrita del antiguo estilo feudal, para preconizar la nueva literatura y la nueva lengua escrita de contenido antiimperialista y antifeudal”.

El movimiento del 4 de mayo de 1919 introdujo un dinamismo popular que comenzó a rebasar los horizontes burgueses de la revolución en curso. Mao afirma que ese movimiento se llevó a cabo “para combatir la agresión del imperialismo y la traición del gobierno chino de los señores de la guerra”, que fue organizado por “los estudiantes de Pekín” y que constituyó “una manifestación que inmediatamente encontró eco en todo el país”. Y puntualiza: “A partir del 3 de junio se volvió un movimiento antiimperialista y antifeudal que englobaba al proletariado, la pequeña burguesía urbana, así como a la burguesía nacional”. 

En efecto, la Revolución de Octubre, que dio lugar al surgimiento de la Unión Soviética, y la hegemonía proletaria en la revolución democrática y sus repercusiones en la cultura, con la difusión del marxismo-leninismo y la fundación del Partido Comunista chino en 1921, introdujeron un cambio radical en el proceso revolucionario chino. Un acontecimiento no solo político sino también cultural.

En efecto, la difusión del marxismo en China señala no solo la presencia de la cultura proletaria sino que también se inserta dentro del vasto proceso de occidentalización del país. Concretamente, el marxismo es un producto de la cultura occidental, hunde sus raíces en las tradiciones culturales de Occidente y su difusión en Oriente nos indica la influencia de la Revolución de Octubre en los procesos revolucionarios de Oriente, a un mismo tiempo que la formación del proletariado expresaba la presencia en la sociedad china de la clase que corporizaba o les daba dimensión material a las ideas socialistas. Dice Mao: “La cultura de la Nueva Democracia es la cultura antimperialista y antifeudal de las masas populares; es hoy la cultura del Frente Unido de resistencia contra Japón”. La Nueva Democracia era, en las condiciones de China, la expresión local o nacional de los frentes populares contra el fascismo, y luego, de las democracias populares en Europa oriental.

Es importante reparar en las condiciones concretas de la sociedad china. Para Mao, era de fundamental importancia conocer el lenguaje y las costumbres populares para no caer en un marxismo libresco. Mao advirtió en más de una oportunidad al partido sobre el peligro de incurrir “en una fraseología orgullosa de sí misma, en una pedantería que cree que tiene que elevar a las clases trabajadoras a la cultura burguesa”. Si bien el marxismo es un producto de la cultura occidental, la vitalidad de este pensamiento solo adquiere realidad si se convierte en una guía y método para analizar la situación concreta en que deviene la sociedad china, en la que ese marxismo, a través del Partido Comunista, se yergue como pensamiento antidogmático.

China tenía una cultura nacional milenaria. Mao decía que no había que rechazar en su conjunto esa cultura. Era indispensable asimilar todos los valores progresivos acuñados a lo largo de siglos por el pueblo chino. Así, por ejemplo, los conocimientos desarrollados en torno al comportamiento de la naturaleza. Se imponía despojar a estos conocimientos de las formas místicas, supersticiosas y religiosas en las que fueron desarrollados y que constituían su aspecto regresivo. Lo mismo cabía decir de la cultura extranjera. “Tenemos que tomar todo el bello legado artístico y literario, asimilar críticamente lo que sea útil y usarlo como ejemplo cuando creamos obras con la materia prima artística y literaria hallada en la vida de nuestro pueblo y en nuestro país (…) Por eso no debemos de ninguna manera rechazar la herencia de los antiguos y de los extranjeros, ni negarnos a aprender de ella, así sean obras de las clases feudales o burguesas”, sostenía Mao.            

En la lucha por la liberación del pueblo chino, el frente militar, vale decir, esa gran guerra campesina dirigida por el Partido Comunista, debía ir acompañado de un frente cultural. No bastaban los fusiles. Mao juzgaba: “Necesitamos también un ejército cultural, que es absolutamente indispensable para estrechar nuestras propias fuerzas y derrotar al enemigo”. O sea, eran necesarios un arte y una literatura que sirvieran al pueblo, que consolidasen en la conciencia de las masas populares las ideas y sentimientos antiimperialistas y antifeudales. No se trataba de negar en bloque las formas artísticas y literarias del pasado, “pero en nuestras manos estas viejas formas, remodeladas y con un nuevo contenido, se convierten en algo revolucionario al servicio del pueblo”, señalaba Mao, vale decir, al servicio de los obreros, campesinos, soldados y pequeña burguesía urbana, que eran quienes enfrentaban el problema de estar desarrollando una guerra despiadada y sangrienta y eran en gran parte analfabetos e incultos como resultado de la dominación feudal y burguesa. Por ende, el frente cultural tenía ante sí la ciclópea tarea de educar e ilustrar a las clases populares que, según Mao, reclamaban “obras artísticas y literarias que satisfagan sus necesidades inmediatas, a fin de acrecentar su entusiasmo en la lucha unánime contra el enemigo”.

Aunque muchas de estas ideas luego fueron cuestionadas por la Revolución Cultural Proletaria de los años sesenta, valgan para comprender la actitud de Mao hacia la cultura en el proceso del curso de desarrollo de la revolución china.

Fuentes consultadas

Mao Tse Tung. Sobre la literatura y el arte, Montevideo, Nativa, 1968.

Mao Tse Tung. “Arte y literatura”, Suplemento del periódico Hoy, Nº 19, Buenos Aires, julio 1996.

Mao Tse Tung. “Arte y literatura II”, Suplemento del periódico Hoy, Nº 20, Buenos Aires, agosto 1996.

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